El silencio de la biblioteca se había transformado en el mejor refugio que Claire había encontrado en los últimos días. Después de todo lo sucedido, su mente no había dejado de dar vueltas, y el dolor, la confusión y el vacío se apoderaron de ella con tal fuerza que, al final, su cuerpo no pudo más. La noche anterior había sido un largo tormento de sollozos y pensamientos oscuros, lo que la dejó exhausta. Así fue como terminó dormida, recostada sobre la mesa de la biblioteca, con el rostro cubierto por el brazo, buscando alguna forma de escapar de la realidad.
Sus ojos rojos y hundidos eran el reflejo de la batalla interna que había estado librando. El llanto de la noche, los recuerdos y las palabras hirientes de Kathryn todavía le pesaban en el alma, pero el cansancio la había vencido. Y, sin saberlo, se quedó dormida, envuelta en la quietud de la tarde.
Fue una mano suave sobre su hombro la que la despertó. Claire parpadeó varias veces, aturdida, y alzó la cabeza para encontrarse con un rostro familiar. Lena.
—¿Claire? —La voz de Lena estaba llena de preocupación, y su rostro mostraba una mezcla de sorpresa y tristeza al ver a Claire en ese estado. —¿Estás bien?
Claire se frotó los ojos, sintiendo la pesadez de su cabeza y el ardor en sus ojos por la falta de sueño. Por un momento, no dijo nada. Estaba demasiado avergonzada de ser vista así, vulnerable y rota. Lena se sentó frente a ella, con una expresión de preocupación que solo hizo que el nudo en su garganta se apretara más.
—¿Qué pasó? —preguntó Lena suavemente, casi como si temiera que Claire fuera a romperse aún más con sus palabras.
Claire tardó unos segundos en encontrar su voz. Se sentía como si todo lo que había vivido en los últimos días se estuviera desmoronando frente a ella, pero, al mismo tiempo, había algo en los ojos de Lena que la hizo sentir menos sola. Era como si, por un momento, pudiera dejar de ser la chica rota y recibir algo de consuelo.
—Kathryn... —Claire suspiró, sintiendo que el dolor volvía a apoderarse de ella con cada palabra. —Ella... no sé, Lena. Me ignoró toda la semana. Como si fuera invisible. Y luego, me enfrenté a ella, le pedí explicaciones... y me dijo... me dijo que estaba embarazada. De su marido.
Lena se quedó en silencio, observando a Claire con atención. La sorpresa en sus ojos era evidente, pero también había algo más. Preocupación. Era como si el dolor de Claire se reflejara en su rostro, como si ella también lo sintiera.
Claire siguió hablando, sin poder detenerse, sus palabras fluyendo rápidamente, desordenadas, como si necesitara que alguien las escuchara.
—Y me dijo que todo lo que tuvimos, todo... fue una mentira. Que yo era solo una niña tonta que se dejó llevar. Que nunca podría ser suficiente para ella. Qué solo estuvo conmigo para distraerse de su vida un rato. Pero que ahora solo le importa su familia. Qué no la busque más y que a partir de ahora solo seré una alumna más. Como todos.
Una lágrima se deslizó por su mejilla, y Claire rápidamente la secó, avergonzada de su vulnerabilidad. Lena no dijo nada durante unos momentos, simplemente la miraba, sus ojos llenos de una mezcla de tristeza y compasión. Luego, sin previo aviso, Lena se acercó, suavemente tomó las manos de Claire entre las suyas y las apretó con ternura.
—Lo siento mucho, Claire. Kathryn es una completa idiota. Ella no te merece, eres demasiado para lo que ella podría soportar. No estés triste. Nada de lo que dijo ella es cierto. No eres una niña tonta. Y eres mucho más que suficiente. No necesitas ser suficiente para ella. Solo para ti.
Claire miró las manos de Lena entrelazadas con las suyas, sintiendo el calor de su gesto. Era como si, por un breve momento, todo el dolor de la situación disminuyera. No estaba sola en ese momento, y eso la reconfortaba más de lo que podría haber imaginado.
—¿Y qué voy a hacer ahora? —preguntó Claire, su voz temblorosa. —Todo lo que pensaba que tenía, todo lo que sentía, ya no está. No sé qué hacer con todo esto.
Lena la miró directamente a los ojos, sus expresiones suaves pero firmes. La cercanía de Lena era cálida y tranquilizadora, como un refugio inesperado en medio de la tormenta.
—Solo déjalo fluir. Pasará. Lo prometo. Y no tienes qué transitarlo sola. Estoy aquí para ti.
Claire no pudo evitar sentir una mezcla de gratitud y alivio al escuchar esas palabras. Lena estaba allí, no solo como una amiga, sino como alguien que realmente le importaba. Eso, en medio de todo el caos, la hizo sentirse un poco más segura.
—Gracias, Lena... —susurró Claire, la voz rota por el peso de la emoción. —No sé qué haría sin ti.
Lena sonrió suavemente, y Claire pudo ver la sinceridad en sus ojos. Luego, sin pensarlo dos veces, Lena se inclinó hacia ella y la abrazó. Claire, sorprendida al principio, se dejó envolver en el abrazo, cerrando los ojos por un momento y dejándose llevar por la calidez de su presencia. El abrazo de Lena era suave, reconfortante, como un recordatorio de que, a pesar de todo el dolor que sentía, aún había personas que se preocupaban por ella.
—No tendrás que averiguarlo. —murmuró Lena, sus palabras casi un susurro. —Siempre estaré aquí, Claire. Siempre.
Claire no respondió, no porque no quisiera, sino porque en ese momento las palabras parecían innecesarias. Se quedó allí, acurrucada en los brazos de Lena, permitiéndose un respiro, un descanso de toda la angustia que había estado acumulando. En los brazos de Lena, aunque por un momento fugaz, pudo sentir que la vida seguía siendo capaz de ofrecer algo bueno. Algo que no se rompiera. Algo que no tuviera que ver con el dolor.
Y en ese abrazo, Claire sintió por primera vez en días, que tal vez podría superar esto. Quizás, solo quizás, la vida todavía tenía algo más preparado para ella.
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GUILTY AS SIN?
Roman d'amourClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
