La casa de Claire estaba sumida en un silencio tenso, roto solo por los suspiros de Claire, que caminaba de un lado a otro. Había pasado horas en ese estado, sumida en sus pensamientos y preocupada por Lena. Cada vez que miraba su teléfono, se le encogía el estómago al no recibir noticias.
Kathryn, por otro lado, estaba tratando lo que podía para calmarla. Había intentado abrazarla, hablarle, incluso hacerla sentar en el sofá, pero nada parecía funcionar. Claire no podía dejar de moverse, de mirar por la ventana, de morderse el labio como si eso pudiera ayudar a solucionar algo.
—Claire, por favor. —dijo Kathryn, su voz suave pero firme. —Necesitas calmarte. No te va a ayudar seguir así.
Claire ni siquiera la miró, caminando nuevamente hacia la ventana con una expresión distante. Kathryn suspiró, un poco derrotada. Había llegado el punto en que las palabras ya no parecían tener el impacto necesario.
Con una mezcla de compasión y desesperación, Kathryn decidió probar algo distinto. Se acercó sigilosamente a Claire, quien aún parecía perdida en sus pensamientos, y con una suavidad calculada, la abrazó por la espalda, rodeando su cintura con sus brazos. No dijo nada de inmediato. En lugar de eso, simplemente la sostuvo, respirando cerca de su cuello, buscando ofrecerle algo de consuelo a través de su cercanía.
Claire, al principio tensa, finalmente se relajó ligeramente. Su respiración se calmó un poco cuando sintió el calor de Kathryn a su lado, el peso reconfortante de su abrazo. Claire necesitaba esa cercanía. Necesitaba sentir que no estaba sola.
Kathryn susurró en su oído, su tono suave pero lleno de sinceridad. —Sé que todo esto te asusta. Y que estás preocupada por Lena. Pero puedes confiar en mí. Ella estará bien. Tú necesitas calmarte si quieres encontrarla lo más rápido posible.
Claire cerró los ojos con una mezcla de agradecimiento y tristeza. Estaba al borde de la desesperación, y el contacto físico con Kathryn estaba comenzando a calmarla.
De repente, Claire no pudo evitarlo. La cercanía entre ellas, la suavidad de la voz de Kathryn, todo parecía estar acumulándose en su mente y cuerpo. Sin pensarlo dos veces, se giró completamente hacia ella, atrajo su rostro hacia el suyo y la besó.
Fue un beso fuerte, impulsivo y lleno de intensidad. Claire no podía contener lo que sentía, y la conexión entre ellas pareció hacer que el mundo alrededor de ellas desapareciera. Sus labios se encontraron con fuerza, sin que ninguna de las dos pudiera detenerse en ese momento. Kathryn, sorprendida al principio, no tardó en corresponder al beso, dejándose llevar por la emoción del instante.
Pero al poco tiempo, Kathryn se dio cuenta de que lo que estaban haciendo no era lo mejor. Se apartó suavemente de Claire, tomando sus manos para separarla de sí misma antes de que el momento fuera demasiado lejos.
—Claire. —dijo, su voz ahora más firme. —Detesto tener que frenarte ahora. Pero no es el momento...
Claire se quedó allí, casi sin poder comprender lo que acababa de pasar. El aire entre ellas estaba cargado de una mezcla de confusión y deseo. El corazón de Claire latía rápido, y su respiración se agitaba al darse cuenta de lo que acababa de hacer.
Kathryn la miró con ternura pero también con una seriedad que Claire no pudo ignorar. —Créeme que no hay nada que quiera más en este momento que besarte. Pero no te encuentras bien.
Claire bajó la mirada, suspirando. No podía creer lo que acababa de hacer, pero en el fondo sabía que había algo dentro de ella que necesitaba escapar.
Kathryn, viéndola tan vulnerable, no pudo evitar sonreír ligeramente. —¿Sabes qué? —dijo de repente, con un tono juguetón. —Tal vez lo que necesites es que yo haga un chiste.
Claire la miró, confundida. —¿Un chiste? ¿Tú?
—Sí. —dijo Kathryn con una sonrisa traviesa. —¿Sabes por qué el libro de matemáticas se deprimió?
Claire frunció el ceño, sin entender. —No...
—Porque tenía demasiados problemas. —respondió Kathryn con una sonrisa triunfante, esperando la reacción de Claire.
Claire se quedó en silencio por un momento, procesando lo absurdo del chiste. Luego, una sonrisa genuina se dibujó en su rostro, y empezó a reír. La risa de Claire fue suave al principio, pero pronto se volvió más genuina y rítmica. Desatándose en una fuerte carcajada.
—Por dios, ese fue el peor chiste que he escuchado en toda mi vida.
Kathryn fingió ofenderse pero sonrió satisfecha al ver la expresión relajada de Claire. —Eso duele. Pero al menos te saqué una sonrisa.
Claire, aún sonriendo, la miró con cariño. —Tú realmente eres impredecible, ¿sabías eso?
Kathryn se encogió de hombros, jugueteando con un mechón de su cabello. —Lo sé, soy una genio de la comedia.
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GUILTY AS SIN?
Storie d'amoreClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
