La lluvia golpeaba con fuerza contra las ventanas, el sonido de los truenos resonaba en la casa, creando un ambiente tenso y sombrío. Claire estaba recostada en el sofá, con un libro abierto en las manos, pero su mente no estaba realmente concentrada en las palabras. El aroma cálido del café llenaba la habitación, mientras el resplandor de los relámpagos iluminaba intermitentemente el interior de la casa.
La tranquilidad se rompió por el repentino sonido del timbre. Claire levantó la cabeza, confundida. ¿Quién podría estar en su puerta a esta hora, especialmente con la tormenta que azotaba el exterior?
Un poco desconcertada, se levantó del sofá y caminó hacia la puerta. Al abrirla, una sensación extraña recorrió su cuerpo. Ante ella, en medio de la oscuridad y la lluvia, estaba Kathryn.
El primer relámpago iluminó el cielo y, al instante, Claire notó los golpes en el rostro de Kathryn. Su rostro estaba visiblemente magullado, con sangre que corría por su mejilla y su labio partido. Sus brazos también tenían moretones, y su ropa estaba empapada por la lluvia. Claire no pudo evitar quedar paralizada por un momento, sin saber cómo reaccionar.
Kathryn, con una voz cortada por el dolor y la fatiga, levantó la mirada. —¿Puedo... pasar?
Claire se quedó en silencio, con los ojos fijos en ella. Luego, casi sin pensarlo, hizo un movimiento hacia un lado, dejándola entrar. La puerta se cerró detrás de ellas con un estruendo, y Claire, todavía en shock, la miró.
—Kathryn, ¿qué te pasó? —preguntó, su voz suave pero llena de preocupación.
Kathryn dejó escapar un suspiro, temblando no solo por la tormenta, sino también por el dolor. —Connor... —su voz tembló y su mirada se desvió, como si intentara encontrar las palabras adecuadas para describir lo sucedido.— No pude... No pude más... —Las palabras se quedaron atrapadas en su garganta, pero al ver la expresión de Claire, entendió que no necesitaba explicaciones largas.
Claire no dijo nada más, solo la miró con una mezcla de tristeza y empatía. Sin pensarlo, le ofreció un cambio de ropa y la condujo hacia el baño. —Ve a cambiarte, estaré aquí afuera. Llama si necesitas algo.
Kathryn asintió sin decir una palabra más y desapareció en el baño. Mientras la escuchaba, Claire no pudo evitar sentirse abrumada por la situación. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía estar sucediendo todo esto? Si bien ella sabía algo de la historia de Kathryn. Por lo que ella misma le había contado. Vivirlo y verlo en persona era una sensación totalmente diferente.
El sonido del agua corriendo del baño interrumpió sus pensamientos, y Claire se sentó en el sofá, esperando. Sus manos apretaban nerviosamente la taza de café, el calor no lograba calmar la inquietud que sentía en su pecho.
Finalmente, después de lo que parecieron horas, Kathryn salió del baño, con la ropa limpia que Claire le había prestado, aunque todavía no lograba esconder por completo los rastros de la golpiza. Sus ojos reflejaban un dolor mucho más profundo que las heridas físicas, y por un momento, las dos se miraron en silencio.
Kathryn caminó lentamente hasta el sofá y se sentó al lado de Claire. El aire entre ellas estaba cargado de emociones no expresadas, de miradas fugaces y gestos que no sabían cómo manejar.
Ninguna de las dos dijo nada. El silencio era pesado, pero también reconfortante de alguna manera. Claire no quería presionarla, pero tampoco sabía qué decir. Después de todo lo que había pasado entre ellas, ¿cómo podían volver a hablar de algo tan delicado?
Kathryn finalmente rompió el silencio. —Lo siento, Claire. —su voz estaba rota, como si cada palabra le costara salir. — Nunca debí haberte echo todo eso. Cada día de mi vida me arrepiento aún más.
Claire la miró, notando cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Sus propios sentimientos eran confusos, y el dolor que Kathryn llevaba en su rostro no hacía más que complicar las cosas. Pero no podía negar que, en ese momento, su corazón se conmovió.
—Kathryn, yo... —Claire se detuvo, buscando las palabras adecuadas, pero en lugar de eso, respiró profundamente. —No puedes hacerme esto...
Kathryn bajó la cabeza, las lágrimas cayendo ahora sin control. —No lo hago a propósito, Claire. Aunque creas que no. Me duele también.
Claire la miró fijamente, tratando de leer sus ojos, tratando de entender lo que realmente sentía. Finalmente, decidió que lo único que podía ofrecerle en ese momento era comprensión.
—No te voy a mentir, Kathryn. No quiero perdonarte.—Claire hizo una pausa y dejó escapar un suspiro, mirando hacia la ventana donde la tormenta aún rugía. —Pero no puedo dejarte tampoco. ¿Porque haces estas cosas? No lo entiendes. Quiero a Lena. No puedes hacer que me enamore de ti otra vez.
Las dos se quedaron allí, en el silencio de la madrugada, mientras la tormenta afuera parecía empeorar. Las palabras no llegaban, pero ambas sabían que lo que había entre ellas era algo complejo, algo que necesitaba tiempo para sanar. Pero en ese momento, solo podían esperar, respirar y, tal vez, algún día, encontrar una forma de reconstruir lo que alguna vez compartieron.
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GUILTY AS SIN?
CintaClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
