La semana transcurrió sin grandes cambios en el campus, pero en la mente de Claire, las cosas eran diferentes. Kathryn seguía ocupando un espacio que parecía imposible de definir, y, sin embargo, Lena, con su energía y lealtad incondicional, estaba volviéndose una constante en su vida.
Una tarde, mientras compartían un café en la cafetería, Lena no pudo evitar mirar a Claire más de la cuenta. Había algo en ella—su intensidad, su sonrisa despreocupada, incluso la forma en que apartaba un mechón de cabello—que hacía que el corazón de Lena latiera más rápido.
—¿Estás bien? —preguntó Lena, intentando sonar casual.
Claire levantó la vista, distraída. —Sí, solo ha sido una semana larga. —Mintió, pero no podía dejar de pensar en Kathryn y el enredo de emociones que cargaba.
—Pues necesitas un descanso. —Lena sonrió, tratando de animarla. —¿Qué tal si vamos a esa exposición de arte este fin de semana? Siempre dices que deberías salir más.
Claire dudó, pero el entusiasmo de Lena era contagioso. Finalmente, aceptó. —De acuerdo. Podría ser divertido.
El día de la exposición llegó, y Lena no pudo evitar sentirse emocionada. Caminaban juntas por el bullicioso espacio, rodeadas de pinturas y esculturas. Para Lena, el arte siempre había sido un refugio, pero ese día, lo que más capturaba su atención era Claire. Cada comentario de su amiga, cada leve inclinación de su cabeza hacia una obra, hacía que Lena sintiera algo más profundo que la simple amistad.
—Mira esto. —dijo Lena, deteniéndose frente a una pintura abstracta de colores vivos. —Es como si el artista hubiera derramado todas sus emociones aquí, sin filtros.
Claire sonrió, notando el entusiasmo de Lena. —Me gusta cómo lo describes. Es intenso, pero no abrumador.
Sin darse cuenta, Lena se acercó un poco más, su brazo rozando el de Claire. La sensación la llenó de nervios, pero Claire no pareció notarlo.
Fue más adelante, mientras admiraban una escultura, cuando Claire finalmente percibió algo diferente. Lena la miraba, sus ojos suaves, pero con una intensidad que nunca antes había notado.
—Claire, ¿alguna vez has pensado en cómo las cosas más bellas suelen ser también las más complicadas? —preguntó Lena, su voz bajando casi a un susurro.
Claire frunció el ceño, pensativa. —Supongo que sí. Tal vez esa complejidad sea parte de lo que las hace hermosas.
Antes de que pudiera decir algo más, una voz familiar interrumpió.
—¿Interrumpo?
Claire giró bruscamente, su corazón saltando al reconocer a Kathryn. —Profesora Mills... —murmuró, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas.
—Hola. —Kathryn saludó con una sonrisa educada, pero sus ojos estaban enfocados en Claire. —No esperaba ver a nadie conocido por aquí. Creo que me equivoqué.
—Vine con mi amiga. —respondió Claire rápidamente, sintiéndose atrapada entre las dos.
—Soy Lena. —dijo su amiga, extendiendo la mano con una sonrisa que no ocultaba del todo su incomodidad.
Kathryn estrechó la mano de Lena con brevedad, manteniendo su expresión neutral. —Es un lugar interesante, ¿no? Estaba pensando en pasar al museo después. Tal vez podrían acompañarme.
Lena levantó una ceja, su tono ligero, pero su mirada más firme. —¿Qué opinas, Claire?
Claire se sintió atrapada entre ambas. —Sí, suena bien.
El trío continuó hacia el museo, pero la tensión en el aire era palpable. Lena intentaba mantener la conversación ligera, comentando sobre las obras, pero Kathryn permanecía más reservada, sus ojos atentos a cada interacción entre Claire y su amiga.
En un momento, frente a una pintura abstracta, Lena hizo lo que hasta ahora había temido. —Claire, mira esto. —dijo, y sin pensarlo, inclinó la cabeza hacia ella, rozando suavemente su mejilla con los labios en un gesto lleno de cariño.
Claire se quedó inmóvil por un segundo, sorprendida, pero no incómoda. Sintió una calidez inesperada en el gesto, un eco de algo que no había notado antes.
Antes de que pudiera reaccionar, Kathryn habló.
—¿Todo bien? —preguntó, su tono cortante, pero con un matiz de inseguridad.
Lena dio un paso atrás, confundida. —Sí, claro. ¿Por qué no lo estaría?
Kathryn la miró con frialdad. —No creo que este sea el lugar para... distracciones.
Claire frunció el ceño. —No fue nada inapropiado.
—Por supuesto. —respondió Kathryn, pero su postura tensa decía lo contrario.
Lena suspiró, mirando a Claire con una expresión que mezclaba frustración y vulnerabilidad. —No quise causar problemas.
—No los causaste. —respondió Claire, su voz más firme de lo que había esperado.
El resto del recorrido transcurrió en un silencio tenso, con Lena intentando recuperar la ligereza inicial y Kathryn manteniéndose al margen, cada palabra cuidadosamente medida.
Al salir del museo, la lluvia comenzaba a caer, y Claire sintió el peso de las emociones del día. Miró a Lena, que seguía junto a ella con una sonrisa pequeña pero sincera, y luego a Kathryn, que caminaba unos pasos detrás, su expresión oculta por la penumbra del cielo gris.
Algo había cambiado en Claire esa tarde, aunque no estaba segura de qué. Por primera vez, empezó a ver las cosas con más claridad, y al mismo tiempo, todo parecía más complicado que nunca.
ESTÁS LEYENDO
GUILTY AS SIN?
Roman d'amourClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
