El silencio entre ambas se extendía, cargado de tensiones y emociones que no podían nombrarse. Kathryn parecía debatirse consigo misma, como si las palabras que estaba a punto de decir fueran una batalla interna que había tardado demasiado en librar. Claire la observaba con cautela, con los labios apretados y el ceño fruncido, esperando una explicación que sentía que nunca llegaría.
Finalmente, Kathryn respiró hondo y rompió el silencio.
—Hay algo que necesitas saber, Claire. —dijo, con la voz temblando ligeramente.
Claire ladeó la cabeza. —¿Otra mentira, tal vez? —replicó, recordando demasiado bien las palabras hirientes que Kathryn le había dicho aquel día.
Kathryn cerró los ojos, como si el peso de esas palabras la golpeara físicamente. —No. —murmuró. —Esta vez es la verdad.
Claire cruzó los brazos sobre el pecho, claramente escéptica, pero algo en el tono de Kathryn la hizo quedarse. Kathryn alzó la mirada y, por un momento, pareció más vulnerable que nunca.
—¿Recuerdas ese día en mi oficina? —preguntó Kathryn con cuidado, aunque su propia voz se rompía al pronunciar las palabras.
Claire apretó los labios y asintió, una mezcla de dolor y rabia llenando sus ojos. —¿Cómo olvidarlo? —respondió, fría. — Me dijiste que era insuficiente y que todo fue un juego. Que solo me usaste.
Kathryn apartó la mirada, su expresión destrozada. —Lo sé. —susurró. —Y lamento cada una de esas palabras, Claire. Pero tienes que saber que no las dije porque fueran verdad.
El corazón de Claire dio un vuelco, pero se obligó a mantener su semblante endurecido. —¿Ah, no? ¿Entonces por qué las dijiste, Kathryn? Porque parecían bastante sinceras.
Kathryn tragó saliva, luchando contra las lágrimas que amenazaban con caer. Finalmente, sacó su teléfono del bolsillo y comenzó a buscar algo. Encontró lo que buscaba y se lo tendió a Claire con una mano temblorosa.
—Por esto. —dijo simplemente.
Claire tomó el teléfono con desconfianza, sus ojos bajando a la pantalla. La imagen que vio hizo que su sangre se congelara. Era una foto de ella, durmiendo en su habitación. La iluminación tenue y la perspectiva mostraban claramente que quien tomó la foto estaba dentro de su casa.
—¿Qué... qué es esto? —preguntó Claire, su voz apenas un susurro, mientras el miedo comenzaba a apoderarse de ella.
Kathryn apartó la mirada, como si no pudiera soportar ver la reacción de Claire. —Es una de las cosas que Connor me envió. Fue su manera de decirme que sabía dónde vivías. Que podía entrar cuando quisiera... y que podía... ya sabes... matarte.
Claire sintió que el suelo bajo ella desaparecía. Su corazón latía con fuerza, el aire se le atascaba en la garganta. —¿Connor?
Kathryn asintió, con las manos apretadas en su regazo. —Ese día, antes de que fueras a mi oficina, me mandó esa foto. Y no fue la única. Me dejó claro que sabía todo de ti, de dónde vivías, de tus horarios... Incluso mencionó a Lena.
Claire estaba en shock, las palabras de Kathryn se sentían como dagas. —¿Por qué no me dijiste nada? —preguntó finalmente, con una mezcla de dolor y furia en su voz.
—Porque me amenazó. —respondió Kathryn, con lágrimas cayendo por su rostro. —Me dijo que si no te alejaba, si no te hacía odiarme, te mataría. Me envió mensajes describiendo cómo lo haría. Y créeme, Claire, cuando digo que Connor no amenaza en vano.
Claire apretó los puños, intentando procesar lo que acababa de escuchar. —¿Entonces... todo lo que dijiste ese día...?
Kathryn asintió rápidamente, sin mirarla. —No era cierto, Claire. Ninguna palabra. Jamás te vi como una tonta adolescente. Jamás fui indiferente a lo que compartimos. Jamás podrías ser insuficiente. Y mucho menos... jamás fue un juego para mí.
Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Claire, pero las contuvo. —Entonces me mentiste para protegerme... —dijo, más para ella misma que para Kathryn.
—Sí. —confirmó Kathryn, su voz apenas un hilo. —Te lastimé de la peor manera posible porque pensé que era la única forma de mantenerte a salvo.
Claire dejó escapar una risa amarga, sacudiendo la cabeza. —¿Y ahora qué? ¿Por qué me lo dices ahora?
Kathryn finalmente alzó la mirada, sus ojos suplicantes. —Porque ya no puedo cargar con esto sola. Y porque necesitas saber que nunca dejé de amarte, Claire. Ni por un segundo.
El corazón de Claire se detuvo ante esas palabras. Miró a Kathryn, buscando en sus ojos alguna señal de que estaba mintiendo, pero solo encontró dolor, arrepentimiento y amor.
Finalmente, Claire dejó escapar un suspiro tembloroso y apartó la mirada. —No sé qué hacer con esto, Kathryn.
—No te estoy pidiendo que hagas nada. —respondió Kathryn. —Solo quería que supieras la verdad.
El silencio cayó entre ellas de nuevo, pero esta vez no era incómodo. Era un espacio lleno de emociones complejas y sin resolver.
Claire no dijo nada más, simplemente dejó que el viento llevara las palabras de Kathryn lejos, mientras intentaba encontrar sentido a todo lo que acababa de escuchar.
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GUILTY AS SIN?
Любовные романыClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
