El aula estaba llena de murmullos típicos antes de que la clase comenzara. Claire estaba sentada en su lugar habitual, pero hoy algo era diferente. Lena estaba a su lado, con una sonrisa tranquila, sentada en el escritorio que la profesora había asignado para los nuevos estudiantes. Claire no podía evitar sentirse profundamente conmovida por el gesto de Lena, que había decidido pedir pase para la clase de Literatura Avanzada, solo para estar a su lado, para asegurarse de que no estuviera sola. La calidez que eso le provocó era indescriptible, algo que no había experimentado en semanas.
—¿Sabes? Nunca pensé que vería esto en mi vida. —dijo Claire, sonriendo con cariño hacia Lena mientras la miraba acomodarse en el asiento.
Lena le devolvió la sonrisa con complicidad. —Oh vamos, no es tan malo. Me gusta la literatura. Además, puedo cuidarte más de cerca. —Aseguró, con una voz tranquila que transmitía confianza, como siempre lo hacía.
Claire asintió, sintiendo que un peso se levantaba de sus hombros. Lena tenía ese don de hacer todo parecer más fácil, como si con su presencia pudiera apaciguar cualquier tormenta.
La puerta se abrió y, como era de esperar, Kathryn entró con su paso firme y su mirada cortante. Pero lo que Claire no esperaba era la forma en que los ojos de Kathryn se clavaron en ella al instante. Primero, recorriendo la sala con su mirada intensa y evaluadora, pero cuando vio a Lena sentada justo al lado de Claire, un escalofrío recorrió su espalda. La ira comenzó a hervir en su interior al ver el nombre de Lena en la lista de estudiantes.
Claire lo vio en su rostro casi al instante. La mandíbula de Kathryn se apretó, y pudo notar cómo su respiración se volvía más profunda, más contenida. Era un claro indicio de que la situación se estaba tornando más difícil de lo que Kathryn podía soportar. Lena se había metido en su espacio, en su clase, sin pedir permiso, y para Kathryn, eso era inaceptable.
A pesar de todo, Kathryn se mantuvo en control, aunque Claire sabía que podía explotar en cualquier momento. Durante la clase, Claire trató de mantener la calma, hacer lo que siempre hacía: centrarse en las lecturas y evitar que su mente divagara hacia el conflicto que sabía que se estaba cocinando. Pero tener a Lena cerca le otorgaba una sensación de seguridad que hacía que incluso la atmósfera más densa pareciera menos opresiva. En un momento, ambas se distrajeron con una broma silenciosa, y Claire soltó una pequeña risa, disfrutando de la ligereza que Lena le ofrecía.
Kathryn, que no había dejado de observarlos con su mirada punzante, decidió que ya era suficiente. Levantó la voz, cortando la risa de Claire con una dureza inconfundible.
—Davis, ¿crees que este es el momento para hacer comentarios privados? —La voz de Kathryn salió cortante, como siempre, pero había una especie de veneno subyacente en sus palabras.
Claire alzó la vista y vio la mirada de Kathryn, clavada en ellas como dagas. Lena se tensó en su asiento, sintiendo la presión de la situación.
—¿No crees que deberías concentrarte en la clase, como todos los demás? —siguió Kathryn, dirigiendo sus palabras a Lena con una mezcla de desprecio y autoridad.
Claire, sin pensarlo, dejó que la furia y la indignación la impulsaran.
—Disculpe, profesora. —dijo con firmeza, usando un tono que, por primera vez, no temía—. Si va a hacer comentarios, al menos asegúrese de que tengan sentido.
La clase se quedó en silencio. Todos los ojos estaban en ellas, como si esperaran un enfrentamiento. Lena, sorprendida por la audacia de Claire, la observó con una mezcla de admiración y sorpresa.
Kathryn, al principio, no pudo esconder su incredulidad. Su mandíbula se apretó con fuerza, los ojos se clavaron en Claire como si intentara desintegrarla con su mirada. Pero Claire no retrocedió.
—Lena no estaba haciendo nada fuera de las reglas. Simplemente me estaba pidiendo ayuda con algo que no entendió. —siguió Claire, sin vacilar, sus palabras firmes y controladas, a pesar del malestar que sentía por dentro. — Creo que ella tiene todo el derecho de estar aquí para aprender. Debería dar el ejemplo como profesora y enseñar lo que le corresponde. No clases de moral invisibles.
La tensión en la sala era palpable. Algunos estudiantes intercambiaban miradas nerviosas, otros se acomodaban en sus asientos, claramente incómodos. Kathryn no podía creer lo que escuchaba. Nadie, en toda su carrera como profesora, le había hablado de esa manera. Pero, aunque lo intentó, no pudo replicar inmediatamente.
Estaba furiosa, pero sabía que no podía continuar con la confrontación. No con Claire, al menos.
Kathryn respiró profundamente, controlando sus emociones con esfuerzo. Su rostro se mantuvo impasible, pero Claire pudo notar el brillo de furia contenida en sus ojos. Por un instante, parecía que iba a explotar, pero se limitó a asentir con frialdad.
—Espero que entiendas lo que haces, Rousseau. —dijo con voz baja, pero tajante.
Claire no dijo nada más. No necesitaba decir nada más. En su interior, sabía que había ganado ese momento. Y lo había hecho sin recurrir a la agresividad, sin perder el control.
Lena la miró con una sonrisa agradecida, mientras Claire le devolvía la sonrisa, aún con el corazón acelerado, pero con una sensación de satisfacción que la acompañaba.
Kathryn, por su parte, simplemente continuó con la clase, pero Claire podía sentir la rabia que emanaba de ella. A pesar de que intentó controlar su ira, el daño ya estaba hecho. Sabía que este episodio marcaría algo más grande entre ellas.
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GUILTY AS SIN?
RomanceClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
