El sol entraba a raudales por las ventanas del aula de literatura, bañando las mesas con una luz cálida. Claire permanecía en su asiento, sola, con un cuaderno abierto frente a ella. Mientras los demás estudiantes se habían marchado, ella se había quedado escribiendo. Las palabras fluían con naturalidad, plasmando pensamientos de soledad y anhelo, emociones que no podía compartir en voz alta.
De repente, el suave clic de la puerta la sobresaltó. Al levantar la mirada, vio entrar a la profesora Kathryn Mills, impecable como siempre. Su blazer oscuro resaltaba su porte elegante, y su cabello recogido en un moño reforzaba la impresión de orden y control.
—¿Todavía aquí, Rousseau? —preguntó Kathryn con una voz que llenó el silencio del aula.
Claire cerró el cuaderno instintivamente, sintiéndose expuesta.
—Sí, solo... escribiendo un poco. —respondió, intentando sonar casual.
Kathryn avanzó con la misma calma controlada que Claire había notado desde la primera clase. En lugar de quedarse de pie, se sentó frente a ella, cruzando las piernas con un gesto relajado.
—¿Qué escribes? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia adelante.
Claire dudó, pero algo en la mirada directa de Kathryn, cálida pero firme, la impulsó a abrir nuevamente su cuaderno.
—Poemas. —admitió, sintiendo un leve temblor en la voz.
—¿Y de qué trata? —insistió Kathryn, con un interés genuino que Claire no esperaba.
Tras un momento de vacilación, Claire respondió.
—De la soledad. De cómo anhelamos conectar con otros, aunque a veces parece imposible.
Kathryn asintió, su expresión adquiriendo un matiz reflexivo.
—Un tema profundo. A menudo, los mejores escritos nacen de esos momentos de aislamiento.
Claire esbozó una sonrisa tímida.
—Es más fácil escribirlo que decirlo en voz alta.
—La literatura nos permite explorar lo que tememos que mostrar al mundo. —comentó Kathryn con suavidad.
Claire sintió que el ambiente entre ambas se volvía más íntimo, casi como si estuvieran compartiendo algo privado.
—¿Usted... alguna vez se siente sola, profesora? —preguntó de repente, sorprendida por su propia audacia.
Kathryn la miró con una intensidad renovada, como si considerara cuidadosamente su respuesta.
—A veces. La soledad es universal, aunque la enfrentemos de maneras distintas. Yo también busco conexiones, aunque aveces sea complicado.
Sus palabras resonaron en Claire, quien no pudo evitar sentir que entendía ese tipo de lucha.
—¿Y cómo lo maneja? —preguntó, con curiosidad genuina.
—Me aferro a los pequeños momentos: una buena conversación, un libro que me hable, o simplemente un instante de reflexión. —Kathryn mantuvo la mirada fija en Claire, su voz cargada de significado.
El sonido del timbre rompió el momento, devolviéndolas a la realidad. Kathryn se puso de pie, su postura regresando al profesionalismo habitual.
—Debo irme, Rousseau. Pero ha sido un placer hablar contigo. —dijo con una leve sonrisa.
Claire, impulsada por algo que no comprendía del todo, se atrevió a hablar mientras Kathryn se dirigía a la puerta.
—Espero que podamos hablar otra vez pronto.
Kathryn se detuvo, girando ligeramente hacia ella.
—Estaré esperando, Claire.
Con esas palabras, salió del aula, dejando a Claire con una mezcla de emociones difíciles de descifrar. Mientras cerraba su cuaderno, comprendió que esa conversación no solo había sido un intercambio de palabras, sino una grieta en las barreras invisibles que ambas parecían llevar consigo.
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GUILTY AS SIN?
Roman d'amourClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
