El sol de media tarde se filtraba por las persianas de la oficina de dirección, iluminando el escritorio abarrotado de Rachel. Claire estaba sentada al otro lado, con los pies apoyados en el borde de la silla mientras jugaba con un bolígrafo. Rachel hojeaba un expediente, aunque su atención estaba claramente dividida entre los papeles y las bromas constantes de Claire.
—¿Te das cuenta de que si algún día te quedas sin trabajo aquí, podrías dar charlas motivacionales sobre cómo no usar tecnología? —dijo Claire con una sonrisa pícara, fingiendo seriedad.
Rachel levantó la vista, soltando una risa sarcástica. —¿Motivacionales? Oh, claro, porque a todos les interesa mi capacidad de olvidar contraseñas.
—Podrías llamarlo algo como "El arte de desconectarse". Sería un éxito. —Claire se inclinó hacia adelante, poniendo énfasis en sus palabras.
Rachel negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír. —Eres imposible.
Antes de que Claire pudiera replicar, Rachel se levantó y, en un gesto juguetón, revolvió el pelo de Claire con una risa. —Me pregunto cómo alguien tan molesta puede ser tan adorable al mismo tiempo.
—¡Oye! —Claire protestó entre risas, quitándose las manos de Rachel mientras trataba de arreglar su cabello.
Fue entonces cuando la puerta de la oficina se abrió. Kathryn entró con su acostumbrada expresión seria y profesional, su figura imponente captando de inmediato la atención de ambas.
—Ah, profesora Mills. ¿Qué necesita? —preguntó Rachel, recuperando su compostura mientras volvía a sentarse.
Kathryn no respondió de inmediato. Sus ojos se posaron primero en Rachel, luego en Claire, y finalmente en la mano de Rachel que todavía descansaba, de forma casual, en el hombro de Claire. Aunque su rostro permaneció estoico, algo en su mirada delató una chispa de incomodidad.
—Vine a recoger unos documentos. —Su tono era seco, casi cortante.
Rachel asintió, moviéndose para buscar los papeles, mientras Claire observaba la escena con curiosidad. Kathryn no dijo nada más, pero antes de salir de la oficina, lanzó una última mirada, rápida pero afilada, hacia Claire y Rachel.
***
Un rato después, Claire caminaba tranquilamente por los pasillos, tarareando una canción mientras revisaba unos apuntes. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no notó la figura que se acercaba hasta que una mano firme la agarró del brazo.
—¿Qué—?
Antes de que pudiera terminar la frase, Kathryn la llevó hacia su oficina, cerrando la puerta detrás de ellas con un golpe seco.
—¿Qué estabas haciendo con Rachel? —preguntó Kathryn, cruzándose de brazos. Su tono era bajo, pero había una clara tensión en sus palabras.
Claire parpadeó, sorprendida. —¿Con Rachel? Estábamos hablando, como siempre hacemos.
—¿Hablando? —repitió Kathryn, levantando una ceja con incredulidad. —Parecía algo más que "hablar".
Claire frunció el ceño, tratando de entender. —¿A qué te refieres?
—A que no me gusta cómo te estaba tocando. —Kathryn dio un paso hacia ella, su mirada intensa. —Ni cómo estaban riéndose como si fueran las mejores amigas.
Claire dejó escapar una risa incrédula. —Es que somos amigas, Kathryn. Rachel es como una hermana mayor para mí. Me conoce desde que estaba en la panza de mi madre.
—No me importa. —La voz de Kathryn se volvió más baja, pero también más firme. —No quiero que nadie te toque.
Claire arqueó una ceja, su incredulidad transformándose en una mezcla de diversión y sorpresa. —¿Perdón?
—Eres mi novia, Claire. —Las palabras salieron con una naturalidad que dejó a ambas en silencio. Kathryn parecía no haberse dado cuenta de lo que acababa de decir hasta que vio la expresión de Claire.
—¿Tu novia? —repitió Claire, sus labios curvándose en una sonrisa lenta y juguetona. —¿Desde cuándo somos novias?
Kathryn la miró, su fachada de control empezando a resquebrajarse. —No dije eso...
—Oh, sí, lo dijiste. —Claire cruzó los brazos, imitando la postura de Kathryn. —Y déjame decirte que estoy tan sorprendida como halagada.
Kathryn dejó escapar un suspiro frustrado, desviando la mirada. —No era mi intención decirlo así...
—Pero lo dijiste. —Claire dio un paso hacia ella, su tono más suave ahora. —Y, para ser honesta, me gusta cómo suena.
Kathryn levantó la mirada, visiblemente desconcertada por la reacción de Claire. —¿De verdad?
Claire sonrió, alzando una mano para rozar los dedos de Kathryn. —Sí, de verdad. Aunque no recuerdo que me lo hayas pedido. Pero supongo que puedo esperar. —Lentamente entrelazó sus dedos con los de Kathryn y sonrió. —No hay necesidad de estar celosa de Rachel. Ella literalmente me ve como una hija. Además, es demasiado heterosexual para mi gusto.
Hubo un largo silencio en el que Kathryn pareció debatirse consigo misma antes de asentir, aunque su expresión seguía siendo un poco tensa.
—Lo siento. —murmuró finalmente.
Claire apretó suavemente su mano, sus ojos brillando con una mezcla de ternura y diversión. —No te disculpes. Pero la próxima vez que te pongas celosa, intenta no secuestrarme en medio del pasillo, ¿de acuerdo?
Kathryn dejó escapar una risa suave, y aunque aún parecía un poco incómoda, la tensión en su postura se desvaneció. Claire, por su parte, no podía evitar pensar que, aunque la intensidad de Kathryn era a veces abrumadora, había algo innegablemente encantador en su vulnerabilidad.
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GUILTY AS SIN?
RomansaClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
