Capítulo 51

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El aire de la tarde era fresco, con un toque de brisa que traía alivio a las emociones intensas que Claire llevaba cargando durante días. Lena la había llevado al centro de la ciudad, lejos de los muros de la universidad y de todo lo que Kathryn representaba. Era como si Lena supiera exactamente qué necesitaba: un cambio de escenario, un momento para respirar.

—Dime, ¿te mueres por un café o prefieres algo más radical? —preguntó Lena mientras caminaban lado a lado, con las manos en los bolsillos y una sonrisa traviesa en el rostro.

Claire, que aún tenía los ojos ligeramente enrojecidos por la falta de sueño y las lágrimas recientes, arqueó una ceja. —¿Radical? ¿Qué tienes en mente? ¿Escalar edificios?

Lena soltó una risa cálida y le dio un ligero empujón en el brazo. —Nada tan extremo... todavía. Pero he oído que hay una heladería por aquí que hace combinaciones tan raras que podrías terminar comiendo helado de tocino.

Claire fingió una mueca de horror, aunque sus labios esbozaron una pequeña sonrisa. —Eso suena... grotesco. ¿Por qué querría arruinar el helado así?

—Porque arruinarlo juntas es más divertido. —respondió Lena, con una chispa en los ojos que logró arrancarle a Claire una carcajada real, algo que no había sentido desde hacía días.

Decidieron probar suerte en la heladería, y mientras se sentaban en una mesa junto a una ventana, con una montaña de sabores extravagantes frente a ellas, Claire comenzó a relajarse. Lena tenía ese efecto en ella: sabía cómo transformar cualquier situación en algo llevadero, cómo arrancarle una sonrisa incluso en los días más oscuros.

—Esto sabe... —Claire probó una cucharada y frunció el ceño. —Como si alguien hubiera mezclado mis papas fritas con crema de maní y luego las congelara.

Lena estalló en risas, tanto que terminó atrayendo la atención de las pocas personas en el local. — Y aún así lo probaste. Eres valiente, Rousseau.

Claire negó con la cabeza, pero no pudo evitar reírse también. —O tal vez soy increíblemente tonta.

—Eso nunca. —Lena la miró con una sonrisa más suave esta vez, dejando que el momento se llenara de algo más que risas. —Eres muchas cosas, Claire, pero tonta no es una de ellas.

Claire levantó la vista, sorprendida por el tono genuino en las palabras de Lena. Era raro para ella aceptar cumplidos, especialmente en momentos en los que se sentía tan vulnerable. Pero Lena tenía una manera de decir las cosas que las hacía parecer reales, como si no hubiera espacio para dudar de ellas.

Lena apoyó los codos en la mesa y la observó con atención, como si tratara de descifrar algo que Claire no estaba lista para compartir. —¿Sabes? Me alegra que hayamos salido. No me gusta verte triste.

—¿Tan obvia soy? —preguntó Claire con una sonrisa triste.

—No con todos. Pero conmigo... sí.

Claire sostuvo su mirada, sintiendo cómo esas palabras se asentaban en su pecho. Había algo reconfortante en la forma en que Lena la entendía, en cómo no necesitaba explicar cada detalle para que ella estuviera allí, presente, ofreciendo apoyo sin pedir nada a cambio.

—Eres increíble, Lena. —dijo de repente, dejando que las palabras salieran antes de pensarlas demasiado. —De verdad. Y a veces... no sé, pienso que todo sería más fácil si... —Se interrumpió, dándose cuenta de hacia dónde iba su pensamiento.

Lena ladeó la cabeza, con una mezcla de curiosidad y una sonrisa juguetona. —¿Si qué?

Claire dejó escapar un suspiro teatral, ocultando la seriedad detrás de su tono ligero. —Si pudiera enamorarme de ti.

Lena se quedó en silencio por un momento, sorprendida, pero luego rió suavemente. —Bueno, para ser justas, me facilitarías mucho las cosas también.

Ambas rieron, aunque el comentario estaba cargado de verdades que ninguna quiso profundizar demasiado. Había algo seguro entre ellas, una conexión inquebrantable que no necesitaba etiquetas. Lena sabía lo que sentía por Claire, y Claire lo sabía también. Pero a pesar de todo, ambas parecían estar en paz con el hecho de que su relación era lo que era: algo único, especial, que no necesitaba definirse para ser importante.

Cuando salieron de la heladería, Lena insistió en que caminaran un rato más. Se detuvieron en una librería pequeña, donde Claire pasó más tiempo burlándose de las recomendaciones de Lena que leyendo. Luego, terminaron sentadas en un banco del parque, compartiendo historias tontas y dejando que las luces del atardecer pintaran el cielo de tonos cálidos.

—Gracias por esto. —dijo Claire finalmente, rompiendo el silencio cómodo.

Lena la miró, con una sinceridad en sus ojos que casi dolía de tan intensa. —Siempre.

Claire sonrió, y aunque el dolor en su pecho no había desaparecido por completo, se sentía más ligero.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora