Claire había estado de buen humor todo el día, y eso la había llevado a hacer lo que hacía siempre cuando estaba sola en su casa: dejarse llevar por la música, perderse en la diversión y, por supuesto, bailar sin ningún tipo de vergüenza. Ya era tarde y la música sonaba fuerte, las luces suavemente atenuadas, pero Claire no pensaba en nada más que en disfrutar del momento. Estaba sobre la mesa ratona de madera en el comedor, saltando y moviéndose como si no hubiera un mañana. No había reglas en su mundo cuando estaba sola, y mucho menos cuando alguien como Kathryn la estaba mirando desde el sofá.
Kathryn estaba sentada, disfrutando de la vista, aunque también se sentía un poco desconcertada por la energía desbordante de Claire. Las risas de Claire resonaban por toda la casa, y Kathryn no podía evitar reírse también, aunque de una forma algo diferente.
—¡Te vas a matar! —exclamó Kathryn entre risas, sin poder evitarlo. Claire simplemente la miró con una sonrisa desafiante y siguió su frenético baile, girando y moviéndose aún más rápido.
Kathryn observaba, entre divertida y sorprendida. A pesar de la risa que salía de su pecho, no pudo evitar sentir una extraña mezcla de preocupación y atracción por la forma en que Claire se entregaba por completo a su propia diversión. Claire era... impredecible, siempre tan libre y audaz, y a veces eso le parecía casi peligroso.
No soportó ver cómo Claire, en un momento de entusiasmo, levantaba un pie demasiado alto y casi perdía el equilibrio. Sin pensarlo dos veces, Kathryn se levantó del sofá, caminó rápidamente hacia la mesa y, antes de que Claire pudiera reaccionar, agarró con firmeza un puñado de la tela de su remera. Tiró hacia abajo con fuerza, obligándola a bajar de la mesa con un pequeño empujón.
Claire tropezó un poco, pero Kathryn la sostuvo antes de que cayera completamente, atrapando su cuerpo contra el suyo. La proximidad entre ellas hizo que Claire sintiera el aliento de Kathryn cerca, y por un instante, se quedó quieta, sin saber si lo que acababa de suceder era real.
—¿Qué...? —empezó a preguntar Claire, pero antes de que pudiera terminar, Kathryn puso una mano sobre su boca, interrumpiéndola.
Claire, sorprendida, no tuvo tiempo de reaccionar antes de que Kathryn la besara. Fue un beso firme, decidido, como si Kathryn estuviera reclamando algo que no podía seguir ignorando. No era un beso suave ni lento, sino algo más urgente, como si se estuviera deshaciendo de todas las dudas en su mente.
Claire, atónita al principio, pronto respondió al beso con la misma intensidad, sus manos se aferraron de la cintura de Kathryn y profundizó el contacto, sin dejar espacio para más preguntas. El calor entre ellas aumentó, y la música que había estado de fondo se convirtió en una especie de eco lejano en comparación con lo que estaba ocurriendo ahora mismo.
Kathryn, subió una de sus manos, para enredarla en el cabello de Claire, la hizo retroceder hasta que las dos se encontraron con el borde del sofá y cayeron sobre este.
Cuando se separaron por fin, el aire entre ellas parecía denso, cargado de algo que ambas sabían, aunque nadie lo dijera en voz alta. Claire no podía dejar de mirarla, y Kathryn, aún con la respiración entrecortada, sonrió levemente, dejando escapar un suspiro.
—Nunca dejas de sorprenderme. —murmuró Kathryn, sus dedos deslizándose suavemente por la piel de Claire, como si aún estuviera tratando de asegurarse de que esto realmente había sucedido.
Claire no pudo evitar sonreír de nuevo, aunque esta vez, había algo en su mirada que no se podía negar.
—Yo te lo dije, a veces la vida es un poco más... divertida cuando nos dejamos llevar.
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GUILTY AS SIN?
RomanceClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
