La tarde en la biblioteca parecía tranquila. Claire estaba concentrada en un libro de historia cuando sintió una sombra proyectarse sobre la mesa. Levantó la vista y su cuerpo se tensó al instante. Era Connor.
—¿Que tal, pequeña intrusa? —dijo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Claire se incorporó ligeramente en su asiento, su mirada afilada. —¿Qué quieres?
Connor se inclinó sobre la mesa, sus ojos oscuros y peligrosos. —Solo quería recordarte lo que hiciste, Claire. Kathryn es mi esposa. Lo que pase entre nosotros no es tu problema.
Claire lo miró fijamente, sin retroceder. —Lo es cuando decides hacerle daño.
Connor sonrió de lado, un gesto que la hizo sentir un escalofrío en la espalda. —Eres valiente, Claire. La anterior jamás habría echo lo que hiciste tú. Pero deberías saber que la valentía no te protege. Kathryn no te protegerá de mí. Si sigues interfiriendo... —Se inclinó aún más cerca, su voz baja y amenazante. —Te haré pagar. Sabes que lo haré.
Claire no se movió, aunque su corazón estaba acelerado. Mantuvo su mirada desafiante hasta que Connor se enderezó y se alejó sin mirar atrás.
Cuando desapareció de su vista, Claire soltó un suspiro tembloroso. Sus manos estaban apretadas en puños, pero no iba a dejar que el miedo la dominara.
Sin pensarlo más, recogió sus cosas y salió rápidamente de la biblioteca. Sabía a quién debía contarle esto.
Kathryn estaba en su oficina, revisando unos papeles, cuando escuchó un golpe apresurado en la puerta. Al abrirla, vio a Claire de pie, su expresión seria pero con un toque de urgencia.
—¿Claire? ¿Qué sucede?
—Connor estuvo en la biblioteca. —dijo directamente, entrando a la oficina sin esperar invitación.
Kathryn sintió cómo su estómago se hundía. —¿Qué te dijo?
Claire dejó su mochila sobre la silla y se giró para enfrentarla. —Me amenazó. Dijo que no debería meterme en esto. Que tú eres su esposa y que me haría pagar si sigo interfiriendo.
Kathryn palideció, llevándose una mano a la frente mientras daba un paso hacia atrás. —Dios... Lo lamento...
—Kathryn. —dijo Claire, acercándose para tomarla por los hombros. —No tienes que disculparte.
Kathryn negó con la cabeza, con lágrimas brillando en sus ojos. —No quería que esto pasara. Nunca quise que te involucrara.
—Aunque me lo hubieras rogado. Me habría involucrado de todas formas. —insistió Claire. —Podemos hacer algo. Sé que podemos.
***
La tarde avanzaba lentamente en la oficina de Kathryn. Ella estaba sentada detrás de su escritorio, revisando los papeles de sus clases con el ceño fruncido. Claire, en cambio, había decidido instalarse en el sofá, tumbada boca abajo mientras movía los pies en el aire y hojeaba una revista que había encontrado por ahí.
De vez en cuando, Claire soltaba comentarios en voz alta sobre lo que leía. —¿Sabías que los pingüinos pueden proponer matrimonio con piedras? —dijo, levantando la vista hacia Kathryn.
Kathryn, sin apartar la mirada de sus papeles, respondió con un murmullo distraído. —No, pero ahora mi vida está completa con ese dato.
Claire sonrió, encantada consigo misma. Se levantó del sofá, caminó hasta el escritorio de Kathryn, y comenzó a jugar con un bolígrafo, haciéndolo girar entre sus dedos. Luego, de repente, lo dejó caer, haciéndolo rebotar sobre los papeles de Kathryn.
—Claire. —dijo Kathryn con un suspiro exasperado, levantando la vista hacia ella.
—¿Sí? —respondió Claire con una sonrisa inocente, recogiendo el bolígrafo como si nada.
Kathryn intentó mantener su compostura, pero la visión de Claire tan despreocupada y juguetona le estaba poniendo la cabeza al revés. Había algo en cómo Claire se movía, cómo sonreía sin esfuerzo, cómo llenaba la habitación con su energía. Era un imán imposible de ignorar.
—¿Sabes que estás distrayéndome, verdad? —dijo Kathryn finalmente, apoyándose en el respaldo de su silla.
Claire levantó las manos en señal de inocencia. —Yo no hago nada. Eres tú quien se distrae sola.
Kathryn le lanzó una mirada que pretendía ser severa, pero Claire pudo notar el brillo en sus ojos. Un brillo que Kathryn había intentado apagar tantas veces, pero que seguía ahí, encendido por su sola presencia.
Claire volvió al sofá, ahora tumbándose de espaldas y lanzando la revista al suelo. Estaba mirando al techo, moviendo los labios como si estuviera cantando algo en su mente. Kathryn, incapaz de concentrarse, levantó la mirada una vez más para observarla.
Claire parecía tan libre, tan llena de vida, tan... Claire. Y Kathryn sentía que su propio autocontrol se desmoronaba, ladrillo por ladrillo. Antes, cuando Claire era suya, podía actuar sin límites, ceder al deseo y la conexión que compartían. Pero ahora... ahora no podía hacer nada. Claire no le pertenecía.
Y esa verdad la estaba destrozando por dentro.
—Kathryn. —dijo Claire de repente, girando la cabeza para mirarla.
Kathryn pestañeó, como si la hubieran sacado de un trance. —¿Qué?
—¿Estás bien? Estás muy callada. Más de lo normal, digo. —bromeó, pero su tono llevaba un toque de genuina preocupación.
Kathryn apartó la mirada y se aclaró la garganta. —Estoy bien. Solo cansada.
Claire la miró por un momento más, como si no estuviera convencida. Luego sonrió suavemente, una sonrisa que hizo que el pecho de Kathryn doliera aún más.
—Sabes que puedes hablar conmigo, ¿verdad? —dijo Claire, su voz tranquila y sincera.
Kathryn apretó los labios, luchando contra las palabras que quería decir. Pero no las dijo. No podía. En cambio, asintió levemente, manteniendo su mirada fija en los papeles frente a ella, aunque no podía leer ni una sola palabra.
Claire volvió a recostarse, sin darse cuenta de cómo, con cada movimiento casual y cada palabra despreocupada, desmoronaba las murallas que Kathryn había construido con tanto esfuerzo.
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GUILTY AS SIN?
Lãng mạnClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
