La noche se había adueñado de la casa, envolviendo cada rincón en un manto de tranquilidad. Kathryn se había decidido a pasar la noche en casa de Claire, una vez más la idea la llenaba de nervios y emoción. Había una mezcla palpable de alegría y ansiedad en el aire, y mientras se acomodaba en el sofá, no podía dejar de pensar en el beso que acababan de compartir.
Después de algunas risas y conversaciones ligeras, Claire se había retirado a su habitación, mientras Kathryn se quedaba en el sofá, intentando calmar el torbellino de pensamientos que la atormentaban. Sin embargo, la soledad del lugar no ayudaba a su inquietud; en cada rincón escuchaba ecos de la intimidad que acababan de compartir.
Pasaron las horas, y el silencio se volvió abrumador. Kathryn se levantó, sintiendo que el impulso de buscar a Claire era más fuerte que cualquier tipo de vergüenza. Caminar con sigilo por el pasillo, la luz tenue de la lámpara de la habitación de Claire iluminaba su camino, y su corazón latía con fuerza.
Deteniéndose frente a la puerta entreabierta, Kathryn tomó una respiración profunda. Un pequeño destello de luz se filtraba por la rendija, y al asomarse, vio a Claire recostada sobre la cama, sus cabellos desparramados sobre la almohada. La imagen era tan hermosa que le robó el aliento.
—¿Kathryn? —la voz suave de Claire rompió el silencio, y Kathryn se dio cuenta de que había estado mirando demasiado tiempo.
—Lo siento, no quería interrumpir... —respondió, sintiéndose un poco tonta.
—No interrumpes nada. Ven aquí. —Claire sonrió, abriendo los brazos en un gesto acogedor. — ¿No Puedes dormir?
Kathryn no se hizo de rogar. Se acercó a la cama y se deslizó bajo las sábanas, sintiendo el calor del cuerpo de Claire a su lado. La cercanía era electrizante, y el latido de su corazón se aceleró aún más.
Negó. —Tengo miedo... Tengo miedo de él... —dijo Kathryn, su voz casi un susurro.
Claire se giró hacia ella, su mirada fija y profunda. —Lo sé. Pero no tienes que temer. El no va a hacerte daño mientras yo esté contigo. No voy a dejarlo.
—No puedes evitarlo. —Kathryn se atrevió a mirarla a los ojos, sintiendo la verdad de sus palabras.
—Se que no... pero si puedo hacer que te sientas bien aunque sea una noche. Lo haré. —Claire se acercó, su aliento cálido acariciando el rostro de Kathryn. —Estoy aquí, para lo que sea que prefieras. ¿Si?
Kathryn sintió una oleada de deseo y valentía. La forma en que Claire la miraba, la forma en que la hacía sentir... Era como si todo el mundo se hubiera desvanecido y solo existieran ellas dos.
—Quiero... quiero estar contigo. —dijo Kathryn, sintiendo que las palabras salían de lo más profundo de su ser.
En un instante, Claire la besó, suave al principio, como si estuviera preguntando por su consentimiento. Kathryn respondió, dejando que sus labios se movieran juntos en un baile que fue aumentando en intensidad. La energía entre ellas era palpable, y el deseo se transformó en una necesidad abrumadora.
Claire tomó la iniciativa, guiando a Kathryn hacia un lugar donde el temor y la inseguridad se desvanecían. Su mano se deslizó por el costado de Kathryn, provocando un escalofrío en su piel. Kathryn se dejó llevar, sintiendo cómo el deseo la envolvía por completo.
—Confía en mí. —susurró Claire, mientras sus labios recorrían el cuello de Kathryn, dejando un rastro de suaves besos que la hacían jadear de placer.
El cuerpo de Kathryn tembló de anticipación mientras las manos de Claire recorrían sus curvas, dejando rastros de fuego en su piel sensible. Se arqueó ante el toque de Claire, un suave gemido escapó de sus labios cuando los dedos de Claire rozaron sus partes más íntimas. Los besos de Claire se volvieron más insistentes, su boca recorrió el cuello de Kathryn y su clavícula.
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GUILTY AS SIN?
Roman d'amourClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
