La noche era fría y tranquila, las sombras alargadas de los árboles se extendían bajo la tenue luz de la luna. Claire y Kathryn caminaban juntas, la luz débil del campus bañándolas mientras se alejaban del edificio escolar. Kathryn, por un momento, dejó a un lado su postura habitual de autoridad, caminando junto a Claire con una cierta suavidad en su porte.
—Déjame llevarte a casa. —dijo Kathryn, con tono firme pero sin la aspereza habitual.
Claire levantó una ceja, esbozando una sonrisa ladeada. —¿Acaso temes que me pierda en el camino?
Kathryn ignoró el comentario con una expresión seria. —Es tarde. No es seguro que andes sola.
—Estoy acostumbrada. —replicó Claire con indiferencia, pero la mirada de Kathryn, implacable, la hizo suspirar y ceder. —De acuerdo. Pero no esperes que te invite a tomar té.
Kathryn rodó los ojos, pero una leve sonrisa curvó sus labios en una expresión de divertimento que Claire notó, aunque la mayor parte del tiempo Kathryn mantuvo su rostro sereno.
El trayecto hacia la casa de Claire transcurrió en silencio. Las calles desiertas y la oscuridad envolvieron el camino, sin ruidos que interrumpieran el murmullo de sus pensamientos. Al principio, Kathryn caminó junto a Claire en silencio, pero al final algo pareció quebrar esa quietud.
—¿Tus padres no te regañan por llegar tan tarde? —preguntó Kathryn, su tono ligeramente curioso, aunque contenía la misma precaución con la que siempre se dirigía a Claire.
Claire le lanzó una mirada algo desconcertada. —Vivo sola.
Kathryn parpadeó, sorprendida por la respuesta. —¿Siempre has vivido así?
Claire pensó antes de responder, su mirada fija en el camino por delante. —No siempre. Me independicé a los diecisiete.
Kathryn la observó con creciente interés. —Eso es bastante joven.
Claire encogió los hombros, como si esa parte de su vida ya no tuviera importancia. —No tenía muchas razones para quedarme donde estaba.
El tono de Claire fue despreocupado, pero la honestidad de sus palabras fue suficiente para hacer que Kathryn la mirara de nuevo, intentando entender el peso que cargaba. Después de un momento de silencio, Kathryn se atrevió a preguntar lo que no había dicho antes.
—¿Y tu familia? —dijo suavemente, con una calidez que rara vez se percibía en su voz.
Claire se detuvo por un segundo, como si considerara el alcance de la pregunta, antes de continuar caminando. —No tengo familia. Al menos, no de la forma en que la mayoría lo entiende.
Kathryn frunció el ceño, sin entender del todo. Claire, como si leyera su expresión, decidió dar más detalles.
—No me interesa tener contacto con ellos. No lo hicieron conmigo, así que un día me cansé de intentarlo. Me fui, corté los lazos y me concentré en lo que realmente quería.
Kathryn, con las palabras de Claire flotando en el aire, se sintió conmovida. No era solo la independencia que mostraba, sino la dureza con la que hablaba de una herida tan profunda. Había algo en su voz que no dejaba lugar a dudas: Claire había cerrado ese capítulo, pero no sin sufrimiento.
—¿Y no te duele? —preguntó Kathryn, casi en un susurro.
Claire negó con la cabeza, sonriendo de forma que no parecía forzada, pero sí ligeramente nostálgica. —Lo hizo al principio. Pero ya no. Es una herida que se cerró hace tiempo.
Kathryn procesó esas palabras en silencio, la admiración y la tristeza combinadas en su pecho.
—¿Y por qué decidiste vivir en el bosque? —preguntó, el tono más ligero, buscando cambiar el curso de la conversación.
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GUILTY AS SIN?
RomanceClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
