Capítulo 34

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El primer día de clases tras el fin de semana siempre tenía un aire particular. El ajetreo de los pasillos, las risas y murmullos de los estudiantes, el sonido de las puertas cerrándose, todo parecía funcionar como un engranaje perfectamente imperfecto. Pero ese lunes tenía algo diferente, algo que Claire no lograba identificar, pero que la mantenía alerta.

Había llegado temprano, como siempre, pero esta vez decidió pasar un rato en la biblioteca antes de que empezaran las clases. La tranquilidad del lugar y el olor a libros viejos siempre la relajaban. Sin embargo, mientras hojeaba un libro al azar, una presencia familiar apareció en su campo de visión.

El profesor Delacroix.

Se acercó con calma, esa sonrisa forzada que Claire ya había aprendido a descifrar como una máscara. Algo en él siempre la inquietaba, pero no era miedo lo que sentía. Más bien, desconfianza.

—Señorita Rousseau. —dijo él, su tono neutral pero con un matiz de algo más oscuro. —Parece que disfruta pasar tiempo aquí.

Claire cerró el libro con lentitud, sin apartar la mirada. —Es un buen lugar para evitar a personas indeseadas.

Delacroix soltó una leve risa, pero sus ojos no mostraban ni un rastro de humor. Dio un paso más cerca, apoyándose en la mesa frente a ella.

—Esa actitud suya... tan desafiante. Me pregunto cuánto tiempo podrá mantenerla.

Claire levantó una ceja, inclinándose ligeramente hacia él. —Tanto como sea necesario.

El profesor la observó con detenimiento, como si intentara descifrar algo en su expresión. Luego cambió de postura, adoptando un tono aparentemente más casual.

—Sabe, Señorita Rousseau. La vida puede volverse bastante complicada cuando decides enfrentarte a personas que tienen más experiencia... y poder.

Claire sonrió, pero era una sonrisa fría, casi burlona. —¿Es eso una amenaza? Porque si lo es, está siendo increíblemente obvio.

Delacroix frunció el ceño por un instante, pero lo disimuló rápidamente. —Solo es un consejo. la valentía puede ser peligrosa cuando no se sabe contra quién se está jugando.

Claire no retrocedió ni un centímetro. En cambio, dejó que una pequeña sonrisa torcida se formara en sus labios.

—Yo le daré un consejo aún mejor, profesor: no subestime a alguien que no tiene nada que perder.

Claire se levantó de su asiento, cruzándose de brazos mientras lo miraba directamente a los ojos.

—¿Sabe qué? Si quiere seguir jugando a ser el tipo misterioso con secretos oscuros, adelante. Pero no me intimida.

El profesor Delacroix permaneció en silencio por un momento, sus labios apretados en una línea fina. Finalmente, se enderezó, ajustando su chaqueta.

—Espero que no se arrepienta de su actitud, señorita Rousseau.

Sin esperar una respuesta, se dio media vuelta y salió de la biblioteca. Claire lo siguió con la mirada hasta que desapareció por completo. Solo entonces soltó el aire que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo.

***

El resto del día transcurrió relativamente normal, aunque Claire no podía quitarse de la cabeza el encuentro con Delacroix. Había algo en sus palabras, en su tono, que confirmaba lo que Kathryn le había dicho sobre él.

Al final del día, Claire se dirigió a la oficina de Kathryn, como ya se había convertido en una costumbre. Tocó la puerta suavemente antes de entrar. Kathryn estaba sentada frente a su escritorio, con las gafas puestas y un montón de papeles frente a ella.

—¿Interrumpo? —preguntó Claire, asomándose con una sonrisa.

Kathryn levantó la vista, y su expresión se suavizó al verla. —Nunca.

Claire cerró la puerta tras de sí y se acercó al escritorio.

—Tu amigo Delacroix vino a verme hoy —dijo con tono casual, pero sus palabras hicieron que Kathryn se tensara de inmediato.

—¿Qué te dijo? —preguntó Kathryn, quitándose las gafas y dejándolas sobre la mesa.

Claire se sentó en una de las sillas frente al escritorio, dejando su mochila en el suelo. —Nada que no pueda manejar. Insinuaciones vagas, amenazas veladas... ya sabes, lo típico.

—Claire... —Kathryn se inclinó hacia adelante, su preocupación evidente.

—Kats, estoy bien. —Claire usó el apodo con suavidad, haciendo que los hombros de Kathryn se relajaran un poco. —No me da miedo.

—Eso es lo que me preocupa. No le tienes miedo, y eso puede ponerte en peligro.

Claire se levantó y rodeó el escritorio, apoyándose en el borde cerca de Kathryn. —No voy a dejar que él, ni nadie me haga daño. Y a ti tampoco. Está bien kats, relajate. Puedo manejarlo. Lo prometo.

Kathryn la miró en silencio por un momento, con una mezcla de admiración y temor.

—Eres increíblemente terca.

Claire sonrió ampliamente, inclinándose un poco hacia ella. —Lo sé. Pero por eso te gusto, ¿verdad?

Kathryn suspiró, una pequeña sonrisa asomando en sus labios. —Eso no lo voy a discutir ahora.

—Sabia decisión, profesora. —Claire le guiñó un ojo antes de volver a su silla, sabiendo que, por ahora, eso era suficiente para mantener a ambas enfocadas en lo que realmente importaba: enfrentar juntos lo que viniera.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora