Había pasado un mes desde la última vez que las cosas entre Claire y Kathryn habían alcanzado su punto de no retorno. El tiempo había hecho su trabajo, alejando las emociones intensas que Claire había sentido durante ese periodo y permitiendo que, lentamente, se abriera a nuevas experiencias y relaciones. Y ahora, en la biblioteca, sentía una paz que no había tenido en mucho tiempo.
Lena y Claire estaban sentadas en una mesa, rodeadas de libros y papeles, pero mientras Claire estudiaba concentrada, Lena no podía evitar distraerse. Sus ojos estaban fijos en Claire, observándola con una admiración que era casi palpable. Claire, al darse cuenta, levantó la vista, divertida al ver que Lena la observaba sin disimulo.
—¿Qué pasa? —preguntó Claire, una sonrisa juguetona curvando sus labios.
Lena, sorprendida por la repentina atención, se sonrojó de inmediato. Intentó disimular, pero fue inútil. Claire la había pillado en el acto.
—Nada. —respondió Lena, con una sonrisa tímida. Se pasó una mano por el cabello, claramente incómoda por ser descubierta. —Solo... eres muy bonita. Me distraes.
Claire dejó escapar una pequeña risa, con sus ojos brillando de diversión. Lena se sonrojó aún más, algo que no pasó desapercibido para ella.
—¡Vaya! ¡Qué directo! —exclamó Claire, bromeando. —Y pensar que hace un mes te daba vergüenza hablarme. Ahora ya me estás haciendo sonrojar.
Lena solo se encogió de hombros, riendo nerviosamente.
—No voy a disculparme por eso. —dijo con una sonrisa.
El ambiente entre ellas era relajado, cómodo, y sus risas llenaban el aire. Pero justo en ese momento, la puerta de la biblioteca se abrió. Claire no prestó mucha atención, sumida en la conversación, pero Lena miró de reojo y vio a Kathryn entrar. Su presencia no pasó desapercibida, especialmente porque aún no parecía que su embarazo se notara mucho. Solo había pasado un mes, y la pequeña panza de Kathryn no era más que un leve bulto debajo de su ropa. Sin embargo, su mirada era tensa cuando se dirigió a las estanterías, aparentemente buscando algo.
Claire y Lena no se dieron cuenta de que Kathryn se había escondido entre los estantes, observándolas en silencio. Estaban completamente absortas en su conversación, sin reparar en el hecho de que su presencia podría ser percibida.
En ese momento, Lena sacó de su bolso un pequeño paquete envuelto con cuidado y se lo entregó a Claire, quien lo miró confundida al principio.
—¿Qué es esto? —preguntó Claire, alzando una ceja.
Lena sonrió con ternura, como si el regalo fuera algo más que un simple objeto.
—Es algo para ti. —respondió Lena, de forma tranquila, mientras Claire lo desenvuelvía.
Cuando Claire vio lo que había dentro, sus ojos se iluminaron. Un colgante con una piedra amatista brillaba en la palma de su mano. La piedra resplandecía en tonos morados y violetas, capturando la luz de una manera que hacía que el corazón de Claire latiera más rápido.
—Lena, esto es... increíble. —Claire no podía evitar sonreír de felicidad. Era un gesto tan tierno, tan considerado. La emoción la invadió, y sin pensarlo dos veces, se levantó de su silla y saltó hacia Lena para abrazarla con fuerza. —Gracias, de verdad. Es perfecto.
Lena la abrazó de vuelta, dejando un beso en su cabeza con suavidad, mientras Claire se sentía más que nunca cercana a ella, como si todo en ese momento fuera tan claro y natural. Las palabras sobraban.
Mientras Claire se apartaba ligeramente, ambos se quedaron mirándose en silencio, sus ojos encontrándose suavemente. Las mejillas de Claire se sonrojaron un poco, y Lena no pudo evitar sonreír con una mezcla de ternura y cariño. El momento estuvo impregnado de una calma delicada, como si, por fin, ambas se hubieran encontrado en el mismo lugar.
Desde el fondo de la biblioteca, Kathryn observaba en silencio, sus ojos fijos en la escena. Aunque su panza aún no se notaba mucho, su presencia era la de alguien que ya llevaba un peso sobre sus hombros. No pudo evitar notar el cambio en Claire, cómo su rostro había brillado al recibir el regalo, cómo había saltado hacia Lena, abrazándola con una naturalidad que le hizo estremecer. Los celos comenzaron a surgir en su pecho, creciendo con cada segundo que pasaba observando la intimidad que compartían las dos chicas.
Kathryn se escondió detrás de una estantería, intentando no ser vista. De alguna manera, necesitaba saber qué más decían, qué más hacían. Escuchó cuando Lena le dijo a Claire que la quería, que todo lo que hacía era por que se lo merecía. Y eso hizo que su pecho se apretara de dolor, como si no pudiera respirar.
La relación entre Claire y Lena había avanzado sin que Kathryn pudiera hacer nada. Lo que empezó como una pequeña amistad ahora era mucho más, mucho más evidente, y Claire, sin quererlo, se había alejado de ella, dejándola atrás.
Kathryn dio un paso atrás, sintiendo cómo su mundo se derrumbaba lentamente. En ese momento, no podía soportarlo más. Se giró rápidamente, saliendo de la biblioteca sin hacer ruido, corriendo por los pasillos como si no pudiera respirar.
Mientras tanto, Claire y Lena seguían en su mundo, ajenas a lo que acababa de suceder, disfrutando de su momento. Para Claire, todo había cambiado, pero no de la manera en que Kathryn esperaba. Lena, sin siquiera intentarlo, había logrado robarle el corazón. Y aunque los sentimientos por Kathryn seguían allí, se volvían borrosos, desdibujados por la presencia de Lena, que le había mostrado, sin esfuerzo, cómo se sentía ser verdaderamente vista, apoyada, amada. Y eso era todo lo que Claire necesitaba en ese momento.
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GUILTY AS SIN?
Roman d'amourClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
