Capítulo 29

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La oficina de Kathryn estaba envuelta en una penumbra tranquila. La única luz provenía del monitor de su computadora y de una pequeña lámpara en el escritorio. Kathryn estaba concentrada, o al menos intentaba estarlo, en revisar algunos documentos que debía entregar al día siguiente. Pero su atención estaba constantemente interrumpida.

Claire estaba sentada sobre el borde del escritorio, con una pierna cruzada sobre la otra, balanceando su pie en el aire mientras hablaba sin parar.

—¿Sabías que hay personas que realmente creen que el queso fue un accidente científico? O sea, alguien tuvo que mirar la leche estropeada y decir: "¡Genial, déjenme probar esto!" —Claire rió entre dientes, claramente divertida con su propio comentario.

Kathryn tecleaba, aunque con dificultad. Fruncía el ceño, intentando ignorar las palabras de Claire, pero una pequeña sonrisa traicionó su expresión seria.

—Claire, ¿puedes al menos intentar no distraerme? —pidió sin levantar la vista, su tono era más suplicante que autoritario.

Claire ladeó la cabeza, fingiendo indignación. —¿Distraerte? Yo solo trato de enriquecer tu conocimiento general, profesora. Además, ¿cuándo fue la última vez que te reíste realmente? ¿Eh? ¿Necesitas que haga otro chiste?

Kathryn suspiró, resistiendo la tentación de mirar hacia ella. Claire sabía exactamente cómo presionar sus botones.

Finalmente, Claire se deslizó del escritorio y comenzó a caminar por la oficina, explorando cada rincón con curiosidad infantil. Se detuvo frente a una estantería llena de libros y corrió un dedo por los lomos, leyendo algunos títulos en voz alta.

—"Historia de las ideologías modernas", "Ensayos sobre ética", "La retórica de Aristóteles" —enumeró con tono exagerado—. Vaya, Kathryn, ¿nunca piensas en relajarte? ¿Dónde está la colección de novelas románticas cursis?

Kathryn no pudo evitar soltar una risa breve, pero se apresuró a disimularla con un carraspeo.

Claire continuó su monólogo, ahora acercándose a la ventana para observar el campus desierto. La noche era fría y silenciosa, y sus palabras parecían llenar todo el espacio.

—¿Sabes? Este lugar es un poco aterrador cuando está tan vacío. Si no fuera porque estás aquí, probablemente pensaría que esto es el escenario de una película de terror.

Kathryn apenas pudo reaccionar a ese comentario. Claire se dio la vuelta para regresar al escritorio, todavía riéndose de sus propias ocurrencias, pero se detuvo de golpe al encontrarse cara a cara con Kathryn.

No había escuchado ni un solo paso, y ahora Kathryn estaba justo detrás de ella, mirándola con una intensidad que la hizo quedarse sin palabras por primera vez en la noche.

—Que- —comenzó Claire, un poco sorprendida.

Antes de que pudiera decir algo más, Kathryn la tomó suavemente por la cintura y la besó. Fue repentino, inesperado, pero lleno de una emoción contenida que parecía haberse acumulado durante semanas.

El mundo pareció detenerse para Claire. El aire se llenó de una electricidad que no había sentido antes, y por un instante no pudo pensar en nada más.

Cuando Kathryn finalmente se separó, bajó la mirada, como si el peso de lo que acababa de hacer la golpeara de repente.

—Claire... —dijo en un susurro, su voz temblaba ligeramente—. Por favor, deja de hacer lo que haces. Me estás volviendo loca.

Claire seguía mirando a Kathryn, sin poder evitar una sonrisa divertida que se extendió lentamente por su rostro.

—¿Y qué estoy haciendo exactamente? —preguntó, aún con la voz un poco aturdida, pero claramente disfrutando de la reacción de Kathryn.

Kathryn dio un paso hacia atrás, pasándose una mano por el cabello con frustración. —Eres tú. Todo lo que haces. Cómo hablas, cómo te mueves, cómo me haces reír cuando no debería estar riéndome. Me haces imposible concentrarme, Claire.

Claire inclinó la cabeza, ahora con una expresión más suave. Dio un paso hacia Kathryn, acercándose lo suficiente como para que la profesora no pudiera evitar mirarla.

—Kathryn, ¿alguna vez te he dicho que me encanta hacerte perder el control? —dijo con un tono juguetón, pero sus ojos brillaban con algo más profundo.

Kathryn soltó una risa nerviosa, sacudiendo la cabeza. —Tú no tienes idea de lo que haces conmigo, ¿verdad?

Claire dio otro paso, ahora apenas un susurro de distancia entre ambas.

—Tal vez lo sé más de lo que crees.

Kathryn cerró los ojos un momento, respirando hondo para recuperar la compostura. Finalmente, negó con la cabeza y se alejó un poco.

—Esto no está bien. Debería... debería pedirte que te vayas.

Claire no se movió, pero su sonrisa se suavizó, convirtiéndose en algo más cálido.

—No me iré a menos que me lo digas en serio.

Kathryn la miró, su mirada atrapada entre la culpa y el deseo. Pero no dijo nada. Y eso fue suficiente para Claire.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora