Capitulo 8. Visita inesperada

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*Selen*

Esa noche no sueño con el desgraciado de Hardy, ni con el guapo rubio Osado de Mario, sino con mi abuela por raro que parezca. Estaba en los campos de Cordialidad, donde las manzanas maduraban a buen ritmo, colgaban las más altas en las copas, desafiando la gravedad sobre nuestras cabezas. Las sombras de los frondosos árboles acariciaban nuestros rostros, portaba un precioso vestido en tonos cálidos anaranjados, es tan real como si estuviera aún viva. Me enseñaba a recogerme el pelo como una correcta cordial, mis esfuerzos por conseguirlo la hacían reír cuando no lo lograba.

Me despierto preguntándome cómo es posible que se marchara de este mundo sin poder despedirse de mí, entierro la cara en el fino colchón en el que he dormido. Por lo menos nunca conocerá de las penurias que tuve que pasar en Cordialidad en los últimos tiempos y mi caída en desgracia en la facción de los Abandonados. Llegados a este punto, no creo que pudiera soportar que se enterara de lo decepcionante que es mi futuro.

Todavía estoy parpadeando para espantar el sueño de los ojos cuando escucho el timbre de la entrada sonar, no sabría decir, pero me espabilo. Me duelen las manos y los brazos, tras luchar y forcejear con aquel malnacido que intentó sobrepasar se conmigo. Noto los cortes en mis manos, provocados por los impactos sobre la cara del Abandonado, cada movimiento me escuece, me concentro en eso y no en el recuerdo de la agresión.

¿Qué hora será?

No llevo reloj, así que busco el móvil por algún lugar y lo localizo encima de la repisa del radiador. ¡Las 4 de la tarde! He dormido casi todo el día.

-¿Selen?- Dice alguien detrás de la puerta.

Levanto la cabeza y veo a Alek en el quicio d la puerta. Hace el ademán de acercarse, pero se frena y se sienta a mi lado sin tocar me. Me embarga la gratitud, por detenerse en ese intento de aproximación, creo que ahora mismo no sería capaz de soportar el contacto.

- ¿Por qué me dejaron dormir tanto?

- Necesitabas dormir, demasiadas sustancias en tu cuerpo.- frunzo el ceño y empiezo a recordar lo que ocurrió antes de mi ataque.

- ¡Ohh! Lo siento, me comporté como una estúpida.- no miro a sus ojos chocolate que intentan descifrar el jeroglífico que encierro. Se supone que él no conoce los hechos acaecidos tras mi huida en estampida tras su beso.

- No te preocupes, descansa.- me dice casi en imperativo, simplemente me aprieta el hombro con su mano y se retira, sintiendo sus ojos pincharme sobre la nuca, por la conversación algo forzada, observa con curiosidad que llevo puesta una camiseta de Brad, es enorme y en color gris, supongo que debe ser el único de esta casa que usa ropa de "Estirado" por propia voluntad. Vio mis lesiones en las manos y brazos, pero no dijo nada. Es de suponer que Brad habrá dado su versión personal de los hechos.

Todos mis músculos son un amasijo de hierro retorcido, consigo levantarme, no sé de dónde saco las fuerzas para vestirme, todavía resuenan en mi mente los ecos y gritos de la noche, los forcejeos desesperados y los momentos pasados en los seguros brazos de Brad. Siento la necesidad de buscarlo, mis pasos me guían lenta e inexorablemente hasta su habitación, pero no está. Algo muere en mi interior al verificar que el chico de mirada verdosa no habita su estancia completamente ordenada con compulsiva obsesión.

Alek se despide de mí indicándome que me dejaron algo de comer en la cocina y se marcha a toda prisa a su siguiente turno de trabajo.

Me decido a servirme una especie de guiso con carne en la pequeña mesa de la cocina, pero escucho sonar las llaves en la puerta y me levanto pensando que Alek olvidó algo. Pero es mi camarero favorito, Brad entra en todo su esplendor por la puerta. Una camiseta negra y unos tejanos azules son su uniforme oficial de "Estoy como un queso". El tipo a la luz del día se puede repasar al detalle. Hombros anchos y fuertes, cintura estrecha, brazos marcados y musculados. Sus jeans algo amplios no impiden intuir las curvas de su trasero, con el típico avanzar masculino de donde piso es mi terreno. Es una imagen que pienso gravar a fuego en mi retina, para levantarme los ánimos en días grises.

UNFACTIONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora