Capitulo 47. Secretos

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*Brad*

Miro con estupor al rubio Osado ante la clara insinuación de usar de blanco el cuerpo de mi chica para vacilar me con su buena puntería. Eso solo ocurrirá sobre mi cadáver, puedo asegurar lo.

- Olvida lo. – Digo en voz alta y rotunda dirigiendo me al Osado. No quiero dejar en evidencia a Selen, sé que tiene agallas para ello, pero no permitiré que vuelva a ponerse en peligro de nuevo y menos por un juego estúpido. Selen me observa con algo de frustración por no haber dejado que se pronunciara ella misma, pero no hace ademan de contradecir me, veo comprensión en su mirada y aprieto mi agarre a su mano, como si así pudiera sellar su enlace a mí.

- Mario, deja los en paz. Ellos ya tuvieron que lidiar con balas letales.- Interviene Theo desviando la mirada a mi hombro. Me destensa escucharlo respaldar me y agradezco su apoyo.

Nat suelta una risilla traviesa que hace que sus extrañamente verdes iris casi espejos de los míos brillen con expectación y toma la iniciativa andando hacia las dianas.

- Yo seré tu blanco "Tarta Fresa", mas te vale acertar cada uno de los tiros. – No sé quién tiene más valor de los dos, porque como la dañe en lo más mínimo Will lo despellejará vivo.

Nat se coloca en posición y Mario se sitúa concentrado en su tarea en el punto de disparo. Se endereza tensándose como un arco, abre sus piernas anclando las a cada lado de su cuerpo formando un triangulo perfecto, sus definidos brazos se estiran ajustando el objetivo, Su respiración se acompasa hasta lograr una comunión total entre su arma y su cuerpo sujetando el gatillo con suavidad.

Dispara cinco proyectiles, su cuerpo absorbe las retrocesiones del arma con naturalidad, cada uno detona con un pequeño estallido correlativo, Nat ni pestañea ante el ruido de los disparos, estos dibujan una silueta alrededor de su pequeña figura, la Osada sonríe torciendo el gesto con picardía, se nota que la confianza en su amigo es total, realmente estoy sorprendido por la prodigiosa puntería del rubio, demostrando una habilidad casi milimétrica.

La atractiva morena de ojos cafés que hay junto a nosotros aplaude y vitorea la proeza de Mario, que bien podría dedicarse al circo. Selen lo alaba por su excelente puntería, no puedo evitar sentir un calor que me revuelve las tripas y sube a través de mi pecho nublando me el raciocinio cuando el rubio le guiña un ojo a Selen y sopla el cañón del arma como si este humease sin retirar la visión de mi chica.

¡Mierda! Otra vez los celos se presentan sin previo aviso, noto claramente el interés de Mario hacia ella y ello me pone nervioso, porque también percibo que Selen no es inmune a él. Es un sentimiento que jamás me había controlado de tal manera, intento en vano disimular pero no será fácil no entrar al trapo. No quiero que Selen piense que soy un cavernícola controlador o un capullo excesivamente posesivo, pero todos mis instintos se activan cuando lo tengo ante mí, su amenaza es clara y no puedo redimir el torrente de testosterona que fluye desbocada en mi sistema cuando el rubio me provoca.

Selen le devuelve la sonrisa y siento bullir mi sangre a 200º de temperatura, la chica de cabello azulado me mira de soslayo y pasa la palma de su mano por mi espalda, su calor traspasa el tejido mandando una señal a mi cerebro, esta señal resulta definitiva. El cartel luminoso que parpadea en mi mente en letras grandes fluorescentes logra convencer me de no aceptar el guante, siendo sumamente efectivo su toque, manteniendo mi perro de presa interior controlado por el momento.

Selen estira de mi mano para acercar mi cuerpo hacia el suyo, el contacto entre nuestros cuerpos se amplifica y noto que la respiración que se atascaba en mis pulmones comienza a salir lentamente. Estoy alucinado de cómo mi cuerpo reacciona a ella, es capaz de calmarme con una simple acción.

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