Capitulo 39. SoIo un beso

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*Selen*

-Brad espera por favor. – solicita Maria en el umbral de la puerta después de salir del hogar de los amables y Abnegados padres de la estirada. Siento un relámpago recorrer mis nervios aferrando mis dedos al brazo de mi chico para que no abandone mi costado. Al ver que detuvimos la marcha ante su petición la joven abnegada da varios pasos hacia nosotros.

Su rostro está cubierto de perfecta amabilidad y entrega desinteresada, mientras admira al Sin Facción que le saca un buen trecho en altura. Posa su mano en el brazo sano de Brad sujetando lo suavemente, haciendo que una bilis negra se segregue por todo mi cuerpo, un creciente repudio se expande por mi sistema ante el contacto de la Abnegada con mi chico, demostrando que la morena no dejaba escapar oportunidad.

- ¿Puede dejarnos un poco de intimidad la abandonada?- Pregunta la Morena a Brad de forma que parece ignorar totalmente mi presencia. Brad revolea los ojos y luego exhala aire profundamente intentando hacer acopio de paciencia.

- ¿Puedes esperarme un momento?- Busca mi aprobación el moreno con sus orbes verdes y asiento con mi cabeza, nuestros dedos se separaran y un frío se instala en mi cuerpo a pesar de que hace una brisa muy agradable, me quedo como una estatua viendo como se alejan unos metros hacia la casa buscando la intimidad solicitada.

La brisa a penas me trae frases sueltas de su conversación, pero se que ella estaba intentando mediar con Brad de alguna manera para quedar en buenos términos con él. ¿Qué mujer en su sano juicio no intentaría asegurar que su futuro prometido no la deje?

La voz de la morena pica en mis oídos como la sal que se introduce en las heridas, mientras que la de Brad es un murmullo acaramelado y masculino, aunque se mantiene con su gesto firme, proyectando una postura recta y determinada. El Sin Facción a veces niega con su cabeza y otras encoge sus hombros con indiferencia.

Veo como la Abnegada empieza a perder su máscara de indulgencia y a ser sustituida por otra de desazón y frustración. Su tono de voz sordo se vuelve recriminatorio por las muecas de su rostro, aunque intenta disfrazarlo deslizando con habilidad femenina el aire que sale de su boca cerca del cuello del Sin Facción, acortando las distancias de forma fríamente calculada.

- Brad ¿no pensaras sustituir me por esa simplona abandonada? Ella no está a tu altura, necesitas a una compañera que esté a tu par, sabes de sobra que yo lo estoy. Yo te daré hijos Divergentes perfectos... y no defectuosos.

Las palabras de María hasta el momento inaudibles de pronto se alzan rasgando el aire, me llegan claramente y se me clavan en la piel, ella mira de reojo a mi persona sabiendo que escuché su mal intencionada afirmación. ¿Qué clase de Abnegada haría tal comentario?, Brad responde sin saber que dijo, pues su tono sigue modulado y bajo.

Siento contraerse todo mi ser arrugado como un papel, concentrándose en mi estomago el núcleo de tal malestar, ya sé que no soy nada del otro mundo pero oírlo de boca de la estirada me duele enormemente, haciéndome dudar de mi valía por instantes. Los observo uno alado del otro y realmente son una pareja perfecta no me quiero engañar.

Brad se separa de ella tras unos minutos más de conversación en voz baja y el moreno se aleja de María. Ella me mira con una sonrisa reprimida en sus labios, estudiada y calculada para hacer mella en mi moral. Se voltea y entra hasta la entrada principal entrecerrando la puerta.

- Ten cuidado Brad.- le dice ella, Brad no dice nada mientras avanza hasta mí. Escucho el portazo de la puerta, cerrando con más fuerza de la que recomienda el suministrador de puertas en su manual de uso.

Me sorprendo cuando Brad inicia una marcha increíblemente rápida, ¿Cómo es posible que se recupere tan pronto? Parece que le persigue el mismísimo Diablo, mientras otea el perímetro atento a cualquier movimiento que sea de su interés. Está en completa alerta, aunque detecto que su actitud en modo autómata intenta alejar a los fantasmas que se presentaron ante él en la conversación con su prometida. Lo sigo a medio metro escaso por detrás de su alta figura, manteniendo estoicamente el ritmo que imprimió nada más salir de la casa de Maria.

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