CAPITULO 25. Liberación

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*Selen*

Son casi las 12 h de la mañana y aun no conseguí levantarme de entre las sabanas de Brad. Una suave brisa entra entre las cortinas de la ventana abierta de la impoluta habitación del Sin Facción refrescando el ambiente.

Estoy sorprendida por la buena reacción del moreno ante mi admisión de culpas en los incidentes de ayer, lo recuerdo como si fuese un sueño o más bien una pesadilla, parece tan irreal que hace 24 horas Brad estuviera detenido en los calabozos de Osadía y yo en el Hospital de campaña con mis manos teñidas de rojo. Estuve más de una hora limpiando mis manos pensando que ello también limpiaría mi alma antes de tomar la determinación de ir al complejo Osado y no permitirme regresar sin él.

Sin embargo estoy decepcionada por el rumbo incierto que tomaron las cosas anoche, mi fantasma volvió a tomar el control de mi cuerpo, hasta en la distancia es capaz de influirme el maldito, pero no pienso rendirme, no estoy rota e inservible, solo debo hallar la forma de cicatrizar las fisuras que amenazan con romper cuando fuerzo esos límites. No quiero que Brad piense que soy como una muñeca defectuosa y que no puedo complacer le y termine desechando me. El pensamiento me aprieta las sienes solo de pensarlo, es un miedo más fuerte incluso que el tener que enfrentar a Hardy.

Brad entra por la puerta con una pequeña bandeja que ya me resulta más que familiar, la sitúa en su mesita auxiliar como haría un servicio de habitaciones y juro que es un lujo admirar a mi camarero favorito, puedo oler unas tortitas de avena que huelen bastante bien, junto con unos cuencos de cereales azucarados, manzanas cortadas a dados, un tarrito de miel y una jarra de leche. Sonrío para mis adentros, cualquiera diría que acaba de asaltar a "Caperucita Roja" robando le su cestita con el almuerzo para su pobre abuela a juzgar por el menú.

Parece leerme el pensamiento cuando me devuelve el gesto mostrando sus dientes alineados en una sonrisa lobuna, apoyado contra la pared me observa desde las alturas de su torre vigía como si yo fuese su desayuno y tal vez lo sea. El almuerzo es sencillo pero es acogido de buen agrado por mi estómago. Brad me observa engullir como si no hubiera un mañana y sonríe complacido de haber conseguido su propósito.

Es como si intentara mantenerme anclada a su cama el máximo de tiempo posible, y juro que no me importa, este lugar ya es como la cuna donde mecerme. Huele a él y me siento envuelta en la seguridad de sus límites.

- Buenas tortitas pero yo las preparo mejores.- le vacilo.

- Bien, mañana las prepararas tú por bocazas.

- Eso está hecho. La receta de tortitas cordiales de mi abuela pasa de generación en generación.

- Umm... Pues ya estoy deseando probarlas.- Su expresión lobuna me hace reír.

- Te encantaran, no has probado mejores.- Se acerca peligrosamente a mi persona.

- Estoy empezando recién a descubrir mi gusto por lo Cordial.- Su afirmación hace tambalear todos mis muros y mi corazón va a mil golpeando como un tambor bajo mi pecho.

Sus ojos verdes me tragan sin remedio en su aproximación y un suave beso cae en mis labios lento y demoledor. ¡Jolines! Ni en mil fantasías podría haber inventado algo así, siento el calor sobre mis labios derretirme como mantequilla, su olor corporal impregna mis sentidos, este chico debe desprender tantas feromonas que me tiene aturdida. Estoy descubriendo el lado emocional positivo de Brad, ese que te envuelve en un halo de comodidad y confort del que es difícil escapar, eres su presa atrapada en su red y cuando quiera puede comenzar su festín, porque tú ni te enteraras en qué momento caíste y fuiste devorada porque te tiene tan acaparada que ni si quiera te importa la hora del día en que vives, podrían ser las 12 de la noche e igualmente yo desayunaría tortitas con él.

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