Capítulo 66. Un regalo para mí

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*Brad*

No soporto estar a mal con Selen, pero es que me saca de quicio recordar el modo en que defiende y protege al niñato rubiales. Percibo sus innegables sentimientos hacia Mario y me duele como una espinita que va clavándose cada día más profundo, provocando un malestar que lentamente infecta mi alma de oscuros y tétricos pensamientos. Me conozco y sé que tengo que controlar mi vena asesina, puede que mi reacción sea exagerada, pero son demasiados detalles los que me avisan desde hace tiempo que el depredador está al acecho de su presa. Mario sabe lo que se hace e intenta jugar su mejor baza con mi chica ¿Cómo pretende que no me moleste? No es que no confíe en Selen, pero en el fondo es demasiado inocente, su lado cordial jamás la abandonara, al igual que en mi cohabita un abnegado que permanece latente pero exigente.

No quiero amargar me más la existencia con celos que no me conducen a ninguna parte, ahora estoy aquí y es inútil enfadar me por algo que está fuera de mis posibilidades a miles de kilómetros.

Hoy hemos visitado un gran laboratorio al sur de la ciudad de Seattle, que es la ciudad más grande del estado de Washington. Fue impresionante poder interactuar con los directores de varios proyectos de investigación biogenética, quedé alucinado ante tal cantidad de recursos e información. Me doy cuenta de que Chicago y sus facciones representan un pequeño submundo, nos creemos el ombligo del mundo y hay todo un universo por descubrir aquí fuera.

- ¿Te gustaría poder llegar a dirigir alguno de los laboratorios que hemos visitado hoy? - Me pregunta Peter con gran interés.

- Claro que me gustaría. Pero no acabé mi formación en Erudición. – Aclaro algo desanimado.

- Puedes completar tu formación aquí. Tendrías a los mejores científicos a tu servicio. – Dice con convicción.

- Es tentador tu ofrecimiento. – Repongo impresionado por su sincera oferta.

- Intento que te quedes a mi lado. Ahora que Caleb no estará, por lo menos me gustaría que me ayudaras y tener sobre todo tu apoyo. - Sus pupilas negras y brillantes destellan de forma alarmante y me siento intimidado por la calidez de las palabras del socio de mi padre.

- Te agradezco el trato que me das, haces que me sienta cómodo y tienes paciencia conmigo, ante mi gran desconocimiento en materia de finanzas y tramites empresariales.

- Es normal Brad, eres joven y no estás acostumbrado a ello. Yo te guiaré en todo, no te preocupes. – El liso y reluciente cabello negro azabache de Peter recae sobre su frente y con un ligero gesto de cabeza lo aparta de su cara. Me sonríe de una forma que intenta ser cálida, pero no lo consigue del todo, me parece calculada y algo forzada, sus rasgos rectos y elegante siguen desconcertándome cada vez que me observa.

- Siento que tengas que verte en esta situación, pero las cosas son así, mi relación con tu padre viene de hace más de 20 años atrás, nos unen demasiadas cosas y es un regalo para mí tener te aquí. – No llego a comprender el alcance de sus palabras y él porqué soy un regalo para él.

- No me quedaré muchos más días, todos los tramites que eran urgentes ya están solucionados. Por el momento debo regresar a Chicago. – Mi respuesta lo pone nervioso a pesar de su pose habitual fría, cuando estamos a solas parece cambiar su forma de actuar, se vuelve más cercano y personal.

- Piensa lo bien Brad, eres un gran valor para esta corporación. Joven, brillante y tus actitudes divergentes son excepcionales, no sería un buen gestor si dejara escapar tal capital humano de entre mis manos. – Se levanta de su escritorio de cristal transparente y se sienta en el asiento contiguo al mío, su despacho es enorme, muy luminoso a causa de las mastodónticas cristaleras y el moderno mobiliario blanco completamente minimalista. Su alta y esbelta figura enfundada en un caro traje a medida que le queda como un guante, le otorga la seguridad y determinación en su porte y te informa de que estás ante el que dirige el cotarro.

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