19_ Muñeca de trapo.

32 7 5
                                        

Capítulo 19:
                     *Muñeca de trapo*

Leana: 

Han pasado casi dos semanas desde que salí del hospital, pero sin embargo parece que el tiempo se ha estancado para mí, continúo tan encerrada como lo estaba en el hospital, no he salido de mi habitación, no he querido recibir de nadie, ni atender...

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Han pasado casi dos semanas desde que salí del hospital, pero sin embargo parece que el tiempo se ha estancado para mí, continúo tan encerrada como lo estaba en el hospital, no he salido de mi habitación, no he querido recibir de nadie, ni atender llamadas, solo he querido estar sola. 

Ellos no entienden mi dolor, ellos piensan que con simples palabritas,  pondré una estúpida sonrisa en mi cara y empezare todo de nuevo, como si nada hubiera pasado. 
Simplemente no pueden saber del dolor que hay en mí, nunca podrían saberlo, porque nunca han perdido un hijo.

Lo único que realmente deseaba, era que me dejaran en paz, permanecer en soledad, quería enamorarme de mi dolor, acostumbrarme a él, quizás así, podría convivir sin sentir esta punzada constante en mi corazón, el hueco en él, se hacía más grande al ver mi vientre plano, al mirar la cicatriz que me dejó la bala, pero ninguna cicatriz podría ser mayor a la que llevo por dentro, que permanecerá por siempre, aunque la de afuera se borre con el tiempo, las cicatrices más duras de borrar, son las que llevamos por dentro.

—Amor, te he traído algo de comer— Zacky entró a la habitación con una bandeja cargada de comida, no sé muy bien que es, alcanzo a ver un poco de puré y algo de ensalada,  pero tampoco me importa demasiado, no deseo comer ahora —Es tu comida preferida, pastel de carne y ensalada de lechuga con aguacate y huevo— me dice tiernamente sonriéndome, lo miró sin entender ¿cómo es que él ha superado esto tan rápido?, no parece afectado y me indigna, tal vez, para él no significó tanto la pérdida de nuestro hijo, hasta creo que para él, fue más un alivio. 

Sin decir una palabra, me mantengo en silencio, acurrucada en mi cama y dirijo mi mirada hacia la ventana, donde se aprecia un impresionante y radiante sol.

—Oh vamos nena, tienes que comer algo— insiste Zacky, pero no tengo apetito alguno, debería de entender eso.

—No tengo hambre Zacky— le digo, apenas en un susurro, hace días que ni siquiera hablo, solo lo justo y necesario, sobre todo para decir, “váyanse o déjenme en paz”.

—Hace días que no comes, hoy ni siquiera has tomado tu desayuno, tienes que alimentarte, estás perdiendo peso muy rápido, acabas de…— de pronto se detuvo, sin terminar la frase, lo miré sabiendo lo que iba a decir, pero me niego a escucharlo, no necesito esto.
Zacky sacude su cabeza cerrando los ojos y dejando la bandeja en la mesita de noche dice:

—Escucha nena, me preocupas, solo quiero que te alimentes, al menos, come un poco, vamos, te ayudare—

—¡Que no tengo hambre!, ¡¿por qué no lo entiendes?! ¡mierda!, ¡quiero estar sola, jodidamente sola!— le gritó cabreada, odio que no pueda entender la gravedad de la situación y esté insistiendo en que coma, él tampoco entiende nada, no entiende el horrible sentimiento de ya no tener a tu bebe, de no haber sido una buena madre y ni siquiera haber podido protegerlo cuando aún se encontraba dentro de mí. 

Seize the dayDonde viven las historias. Descúbrelo ahora