74. Juicio

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Por cada día que pasaba, Sandie vivía un peor martirio.

Regresar de clases y encargarse de cocinar mientras los demás ya comían lo suyo era un suplicio. Como estaba acostumbrada a preparar raciones pequeñas, no le quedaba nada para la noche, así que tenía que volver a cocinar al poco tiempo también. Celest tuvo piedad de ella el primer día y libró a Sandie de los quehaceres adicionales, pero al día siguiente Nathan la obligó a ayudar a limpiar antes o después de comer, a pesar de que eso significara llegar a tener que estudiar o cenar sobre la madrugada.

También tenía las horas por las tardes en la firma, los deberes, trabajos, el dolor de no poder ir a extraescolares... Aunque tal vez era mejor mantenerse apartada de su vida social, ya que su círculo había quedado reducido a alguna que otra burla o crítica en redes que nunca faltaba.

Tenía que reconocer que en parte se lo había buscado.

Una vez dejó el cubo del mocho, recogedor y compañía en su sitio, se fue al baño de visitas que estaba a dos pasos de allí para lavarse las manos. Al salir, fue divagando de camino a su habitación mientras agitaba las manos para que se secasen.

—He hablado con el director.

Sandie se sobresaltó al oír a su padre, quien apareció de pronto en su camino con una expresión neutra.

—¿Y qué se cuenta? —preguntó ella como si hablara del tiempo.

Sin embargo, su padre no parecía tener ánimos de amenguar la seriedad.

—Te vamos a tener que cambiar de colegio cuanto antes.

Y con aquella frase la dejó helada.

—Está bien.

A pesar de la punzada en el pecho, ella lo asimiló con una expresión serena. Cogió y siguió el camino hacia su cuarto a la vez que Nathan se dirigía al despacho.

Pero lo cierto es que los brazos empezaron a fallarle a los segundos de haberle contado la última noticia. No era estúpida, se esperaba la noticia desde hacía días... pero era distinto imaginarlo a que se hiciera realidad

Estaba a mitad de curso, toda su vida la había pasado en ese mismo centro. Salir del Carter's en esas condiciones no la dejaría entrar en ningún colegio de buena reputación ni a lo lejos. 

Chocó la mano con la puerta del cuarto y los ojos empezaron a aguársele, la culpa a martillear y una vez entró fue a arrodillarse entre la esquina que daba con el armario.

—¿Sandie?

Ella se restregó con fuerza los surcos de las mejillas.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó con un tono acusatorio—. ¿No tenías que estar en tus clases de guitarra?

—No me sentía con ánimos para ir —confesó Nora desde la cama, donde al parecer estaba leyendo un libro—. Nada de esto tendría que haber llegado tan lejos. Con pedirme perdón por lo de Kylan yo...

Pero la rubia negó sin más.

—De querer decirte algo, ya te lo hubiese dicho.

A Nora le dolió escuchar eso.

—¿Al menos has aceptado que ya fue suficiente? ¿Que no podías con esto tú sola?

—Te dije que no te necesitaba y realmente no lo hago —subrayó su hermana con total seguridad—. Así que en eso gané yo.

—Sandie...

—¿Nunca has pensado que lo que me hacía falta era que me soltases? —le cuestionó la rubia—. Piénsalo. Dejarme ser yo misma para darme cuenta de el límite que podía alcanzar sin ninguna supervisión y saber cuándo controlarme en mis locuras...

Perfectamente equivocadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora