50. Cuestiones sobre amor

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Candy llegó al local. Por suerte, Reading era una ciudad pequeña. Si el colegio lo tenía a media hora en coche, dentro de la misma ciudad todo estaba completamente cerca. Warren detuvo el vehículo en una esquina donde podía aparcar y Candy salió para acabar a pie el camino restante hasta la puerta del nightclub.

La mayoría de las chicas iban con vestidos veraniegos y ligeros aunque, por estar en la salida de aquel sitio, una que otra se había puesto encima abrigos capaces de resistir a una tormenta de nieve. Justo esa noche la ropa de Candy era lo menos parecida posible a la de ellas. Cada vez que visitaba al fisioterapeuta llevaba ropa deportiva; así que en ese momento iba con un un pantalón negro que podía pasar por uno suelto de calle, que conjuntaba con una chaqueta que la cubría hasta el cuello y un top rosa chicle debajo de ella.

Y aunque ese día fuese vestida así dado a sus circunstancias, lo cierto es que de haber podido arreglarse más, tampoco se hubiese puesto nada con lo que pudiese enfermar fácilmente.

Al entrar descubrió que el lugar estaba abarrotado. Por suerte Lex le avisó donde estaría. Le costó al menos cinco minutos abrirse paso entre la gente para alcanzar la barra y uno más para superar la desventaja de la oscuridad, hasta que por fin lo divisó.

Estaba hablando con dos chicas bastante delgadas, que también estaban vestidas con un conjunto bastante apretado e idóneo para sus figuras. Él hablaba con ellas mirándoles solo a la cara, aunque Candy debía reconocer que tenían cierto atractivo.

"Me daba cuenta de que todas las chicas que se acercaban a él cuando íbamos a cualquier nightclub eran rivales potenciales, a pesar de ser desconocidas. Lucían tan guapas, aparte de ir vestidas de manera ideal para resaltar su buen físico..."

Y al recordar las palabras de Meghan, ella tragó.

Lucir sus curvas, dependiendo de cuáles, no era algo que le agradase demasiado. ¿Pero acaso la ocasión no lo requería? Y con esa idea en mente, fue bajándose el zip de la chaqueta a medida que avanzaba en sus pasos hasta acabar alcanzando y besando a su novio en un impulso, sin siquiera saludarlo. Algo para nada propio de ella.

Lex iba a decir algo, pero en cuanto abrió los ojos se fijó en la camiseta deportiva de tirantes pegada al torso de su novia que, a pesar de cubrirle bastante, resaltaba admirablemente la voluptuosidad de sus pechos

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Lex iba a decir algo, pero en cuanto abrió los ojos se fijó en la camiseta deportiva de tirantes pegada al torso de su novia que, a pesar de cubrirle bastante, resaltaba admirablemente la voluptuosidad de sus pechos.

Él tragó, hipnotizado, mientras Candy enfrentaba a las chicas con la expresión de superioridad que solía contener en el plano académico.

—Hace calor aquí, ¿no?

Lex asintió sin quitar los ojos desde donde los tenía puestos, a lo que Candy sonrió.

—Sí... —Ella se dirigió hacia la que tenía más cerca—. ¿Qué tal si os tiráis un poco para allá? Digo, así nos llega más aire y oxígeno a todos...

Perfectamente equivocadosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora