Atraídos como imanes, Candy y Lex se unirán para continuar siendo los mejores estudiantes del colegio sin renunciar a la libertad que el último año de bachillerato amenaza con arrebatarles.
Ambos conocen parte de la crudeza que conlleva la perfecc...
Candy se enteró de que estaba embarazada, Lex decidió alejarse y ella vio que tenía que enfrentarse a una decisión en soledad. Ante tanto tiempo de espera, recomiendo repasar capítulos anteriores antes de seguir, pero he aquí mi pequeño contexto.
Anteriormente...
Nada había cambiado. Y tampoco lo haría. Volvía a estar sola en los patios, sin nadie con quién estar o con quien hablar, con quien formar un contacto a largo plazo. El mismo ciclo que se repetía una y otra vez en todos los colegios a los que iba, todos los años, toda la vida...
Escondió su cara en sus rodillas sin ganas de querer enfrentar la decepcionante realidad en la que vivía... hasta que recordó, que sí había un pequeño cambio después de todo.
Sin pronunciar palabra llevó una de sus manos a su vientre mientras lo acariciaba y suspiraba. De cierto modo, ya no iba a estar tan sola.
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—Lexian era un bebé muy llorón —comentó Alia con nostalgia, sentada junto a Candy en el sofá de su sala—. Pero lo quise desde que lo vi en su cunita de hospital. Se removía ante mi tacto y sacaba la lengua por esa boquita que tenía, parecía una oruga adorable.
Candy esbozó una sonrisa tímida.
—Qué ternura...
Recordarlo le sentaba como una patada en los pechos. Pero imaginar como debía lucir tan pequeño... y pensar que el bebé en camino podía heredar ciertos rasgos de él, la hacía digerirlo de otra manera.
—Igual no conocí lo que significaba ser madre hasta que lo tuve en casa. —Alia suspiró—. Sentir que tenía una aspiradora de leche pegada a tiempo completo, a un ser diminuto que tenía que llevar conmigo al baño a donde quiera que fuese, arrullarlo hasta el cansancio para que dejara de llorar... y gastar en miles de pañales, ropita, igual que en algún juguete para entretenerlo y sentir que por fin podía descansar. Solo hasta que se aburría porque de nuevo necesitaba otra distracción... Y yo no dejaba de ser primeriza.
Candy se removió como si sintiera el peso sobre sus hombros.
—Traté de criarlo de la manera moderna y no pegarle como hicieron mis padres conmigo.
—¿Y lo conseguiste?
Ella hizo una mueca disimulada.
—No siempre. Un día que me hizo un berrinche en plena calle y... para resumir la historia se me fue la mano —admitió con culpabilidad—. Lo hice flojísimo, pero logré que empezara a llorar como si lo hubiera matado. Y al final hasta me hizo llorar a mí también.
—Me imagino...
Alia asintió.
—Desde ese día supe lo rencoroso que podía ser mi hijo.