Atraídos como imanes, Candy y Lex se unirán para continuar siendo los mejores estudiantes del colegio sin renunciar a la libertad que el último año de bachillerato amenaza con arrebatarles.
Ambos conocen parte de la crudeza que conlleva la perfecc...
Candy permanecía callada y pensativa a la vez que la mirada de Lex seguía fija en su figura.
—¿De qué color tienen los ojos mis hermanas?
Ella salió del trance.
—¿Sandie y Nora? Uhm... marrones y verdes respectivamente, creo.
—¿Celest y Nathan?
—¿Marrones y verdes...? —Aunque no tenía la seguridad.
—¿Y los míos cómo son?
Tal vez era la única respuesta para la que no necesitaba pensar...
—Azules.
—¿Eso no te dice nada?
Siguió callada.
—Pero te pareces a Nora...
—Y a Sandie no tanto —contraargumentó él.
—La cosa es que ella tiene algo de los dos —puntualizó.
Lex se encogió de hombros.
—En ningún momento he negado que Nathan sea mi padre.
Y una nueva idea surgió en su cabeza.
—Entonces...
—Entonces, ¿no lo puedes deducir por tu cuenta?
Ella frunció el ceño de la manera más graciosa que contempló hasta entonces.
—¿Está viva?
Él empezó a reír.
—Claro que lo está. ¿Acaso no pueden existir dos personas separadas y punto?
Candy reaccionó, formando una sonrisa.
—¿Algún día podré conocerla?
Lex le respondió con una mueca.
—No me gustaría que lo hagas.
—¿Por qué?
—Tengo mis razones —declaró sin más—. ¿Salimos ya?
Y así de fácil quiso cerrar el tema, a pesar de que ella no se hubiese quedado tan conforme.
Tarde o temprano, tendrían que volver a desenterrarlo.
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Candy se quedó mirando la crepe de chocolate que tenía enfrente.
—No me has dejado ni escoger.
Lex, por su lado, estaba haciendo sitio para que entraran los pedidos que próximamente llegarían a su la mesa.
—Sé lo que vale la pena fotografiar —rebatió él, que a pesar de su voz cansina, se encontraba lleno de energía—. Además, como me has dicho que no tenías ninguna alergia alimentaria, te encantará.