1. Apariencias que engañan

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A medida que los edificios adosados de la ciudad desaparecían, una vegetación verdosa y abundante los sustituía. Era el tipo de ambiente que solía definirse como inhóspito, distanciado y pueblerino, sin nada que ver con el lujo.

"Perfectos ilusos..."

Candy esbozó sonrisa irónica. De vez en cuando, despegarse de la perspectiva de la mayoría de personas ayudaba a descubrir las verdades engañosas. Aquellas verdades que solo asumimos como tal por costumbre, porque eso es lo que nos han enseñado como sentido común, y no te despegas de eso hasta que empiezas a cuestionarlo.

En cada localización remota, además de pocas personas, hay multimillonarios construyendo fábricas y esplendorosas casas. 

Y por si fuera poco, en un punto cercano a todo lo anterior y con árboles gigantes que lo encubrían, se encontraba lo que parecía ser nada más y nada menos que un antiguo palacio. Tal vez su verdadera función no tenía nada que ver, pero sí podía mantener casi el mismo prestigio al tratarse del segundo centro con mayor admisión a las mejores universidades del mundo, fuera y dentro del Reino Unido. 

—Sentaos, por favor —les indicó la mujer mientras se disponía a hacer lo mismo.

Candy contuvo las ganas de reír por la informalidad con la que se dirigió a ellos, así sin más. De todos modos, tanto ella como su padre contestaron con un bajo "gracias" de cortesía mientras guardaban la misma postura neutral.

En ambos el negro predominaba esa mañana: en él por su traje y en su hija por su gran gabardina, que cubría una dorada melena cobriza lisa y bien peinada. A pesar de que era un color asociado a la muerte, a Candy le habían enseñado cuan eficaz también era para intimidar. Y por alguna razón, era la actividad favorita de su padre cuando se trataba de presentaciones serias...

—¡Por fin tengo el placer de conoceros en persona! Después de tanto tiempo hablando solo por teléfono. —Soltó una risa que resonó en las paredes de la pequeña sala—. Me llamo Claire Marshall.

La eufórica morena ofreció la mano a Richard, quien la tomó algo incómodo.

—Si no es molestia, prefiero que rápidos con esto —se apresuró a añadir—; el trabajo me llama.

—Oh, claro que sí, Señor Harton. Lo entiendo.

—Bien. —Él acomodó sus codos sobre la mesa del escritorio—. Mi asistente me informó que hizo llegar aquí los documentos que pidieron para el expediente de Candice. Ahí constata que ha estudiado en sitios cercanos y algo más lejos. Concretamente en Birmingham, Londres, Ginebra, Galway y ahora aquí. —Entrecerró los ojos—. Ante todo, quiero que quede claro que nuestras expectativas son las más altas. Siendo específico, pues hablamos de Oxford o Cambridge en un plano cercano y en el plano internacional otras universidades elitistas en el campo que elija, probablemente para un futuro máster.

La alegre Claire alzó las cejas con un aire de superioridad.

—Supongo que estará al tanto de que solo nuestros mejores alumnos...

—El expediente académico de Candice es brillante —la interrumpió él—. Todos los centros educativos a los que hemos asistido han sido conocedores de nuestras metas, y por lo tanto, han colaborado con nosotros para pulirlo y mantenerlo a la par con los requisitos que todas esas universidades en concreto van exigiendo —declaró con todo el orgullo posible—. Las notas de mi hija, sus habilidades y sus actividades extracurriculares, tanto dentro como fuera del ámbito escolar, están hasta el momento a la altura de superar con creces la admisión a cualquiera de las universidades que acabo de nombrar.

Perfectamente equivocadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora