5. Expectativas

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—¿Candy?

Ella se levantó del escritorio y fue a abrir la puerta.

—Hija. —Tan pronto como Richard la vio, se inclinó para besar la coronilla de su cabeza—. ¿Cómo te ha ido el día?

—Bien, supongo. No has llegado a comer —le acusó.

—No, he tenido una reunión a última hora por un conflicto que ha habido con los permisos para construir un bloque de edificios —se excusó con pesar—. Nos ha tomado de tres a cinco de la tarde, aunque tuve tiempo de picar algo antes de entrar, por suerte. ¿Y qué hay de ti? ¿Te han puesto deberes ya?

—No todavía —bufó ella—; insisten en la excusa de ir con calma por ser el primer día, pero aprovecharé para ir avanzando temario de dos asignaturas que hoy ya han presentado.

Richard asintió, estando de acuerdo. Si alguien le había enseñado a Candy la importancia de sacar provecho del tiempo y de la necesidad de emplearlo cosas productivas, era él.

 —Bien, bien. Es una buena idea. ¿Y qué hay del ambiente?

Hizo una mueca.

—Siempre es muy similar. Como suponía, nada ha cambiado.

—Algunas peculiaridades tendrá, fíjate en las buenas y te será más fácil de sobrellevar —la animó—. También venía a comentarte que he hablado con los profesores particulares que tendrás durante este año. Al parecer no pueden empezar hasta la próxima semana, pero no creo que sea un gran inconveniente, ¿verdad?

—Para nada, más bien, lo veo mejor así. —Y se preparó para sacar a colación un tema que la inquietaba—. Por cierto, esta mañana me han asignado un trabajo con un grupo que eligieron de manera aleatoria.

Richard frunció el ceño.

—¿Estás segura?

—Se hizo delante de todo el mundo.

—Haré una llamada para ver qué ha pasado, entonces. ¿Les digo que te cambien a otro?

Candy dudó antes de negar.

—No, al menos me ha tocado uno que más o menos está bien, pero no quiero que me pase lo mismo en el resto de asignaturas.

Richard asintió. Mientras Candy se adaptaba a los nuevos colegios que asistía, se le pedía que el profesorado la asignara con aquellos grupos que diesen el mayor rendimiento. 

Candy no tenía problema en hacer trabajar incluso a aquellos a quienes no se les daba la gana. Pero era un gasto de tiempo y esfuerzo que podía restar puntos a su favor. Ella no tenía la culpa de que los exigentes parámetros del colegio fueran los que fueran, así que si querían a una alumna que diese el 100% de sí misma desde el primer día en el IB y que fuese una merecedora candidata a la matrícula de honor, lo justo por parte del centro educativo era guiarla. 

—Me encargaré de eso. De momento te dejo con lo que hacías, ya nos veremos en la cena.

—De acuerdo, papá. Gracias.

Se despidió y cerró la puerta tras él cuando se marchó.

Una vez así, en lugar de regresar al escritorio, Candy se dirigió hacia la cama y se echó sobre ella.

Había hecho un esfuerzo abismal por ignorar lo sucedido en la mañana, pero su padre de algún modo se lo había recordado y... en fin, todo lo negativo que había ido acumulando de poco en poco, se volvió tan inmenso que no pudo contenerlo.

Una lágrima resbaló por su mejilla.

Sabían que hablarían sobre ella a sus espaldas. A pesar de que nunca había escuchado una sola conversación en la que mencionaran su nombre, sí presenció varias con el de otros, y como dicen, solo se necesita conocer cómo las personas critican a unos para adivinar cómo te criticarán a ti también.

Perfectamente equivocadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora