27. Confianza ciega

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—En realidad, los cambios de colegio no son más que una excusa...

Notando su confusión, ella cerró los ojos e inspiró hondo antes de explayarse.

—Lo de los viajes es verdad —reafirmó Candy—. Pero lo que siempre omito decir es... que me cuesta mucho encontrar a alguien con quien pueda encajar; y eso significa que hasta ahora no me he visto obligada a separarme de ningún grupo de amigos, porque directamente nunca lo he tenido.

Él quedó consternado.

—Así que tampoco he necesitado de una red social para mantenerme al tanto con los demás, porque con o sin ellas seguiría sin pertenecer a ningún lugar —prosiguió—. Más bien, la única emoción que llegaba a provocarme el tener que mudarme constantemente... era la esperanza de ser más afortunada en el próximo destino.

Lex vio sus ojos perdidos en la nostalgia. Y le dolió, le dolió bastante oír su experiencia.

Aunque lo más difícil de todo, fue procesarlo.

—Yo creía que en un año conseguías encontrar a varios... —murmuró él—. O al menos a alguien.

Candy se retrajo en sí misma.

—Uno o dos como máximo cuando he tenido suerte, y ya apenas mantengo la comunicación con ellos. Pero en general, tuviste razón la primera vez que lo señalaste. Han sido muy pocas las veces en mi vida en que no he estado sola, Lex. Muy pocas.

Y el maldito sentimiento de impotencia le volvía a golpear.

—Lo siento mucho, Candy. —Y trató de transmitirle en esas escasas palabras las innumerables emociones que no se veía capaz de describir.

Ella negó con la cabeza.

—Con esta experiencia he aprendido a dejar de echarle la culpa a los demás. Mi caso es el anormal y por tanto es mi personalidad la que falla, no la de otros —declaró Candy—. Ni se te ocurra decir lo contrario porque no hay nada que puedas esgrimir en tu defensa. Tampoco es que me resulte nada fácil hablar de esto, pero si lo hago... es porque confío en que no vas a ir por ahí comentando nada.

—No lo haré.

—Bien —se limitó a decir.

—Y sigo sin entender por qué alguien como tú ha debido de pasar por situaciones así. Deberían de construir un banco de la amistad en tus antiguos colegios, en serio.

Ella sonrió con consideración.

—Pero, por favor, recapacita sobre tus ideas —añadió él volviendo al tono serio—. Aunque insistas en negarlo, estás equivocada: nada en ti falla. Tu manera de ser es la que es, a mucho orgullo, y puede ser tan compatible con los demás como cualquier otra. Que no hayas encontrado el como y quien, es otra historia. Sin embargo, tú tienes la capacidad de ser de gran valor para mucha gente.

—Ya, ¿Y cómo respaldas tu punto? —cuestionó.

—Uno, porque tienes sentimientos profundos y sinceros; y dos, porque con cualquier cosa que dices... transmites mensajes que pueden ayudar a toda clase de personas. No tengo ni idea de cómo lo haces, pero tienes un don, Candy. Y tienes que empezar a apreciarlo.

Su seguridad y determinación le sorprendieron. Cada vez lo hacía más.

—Apuesto a que no soy el único que lo admira, ni voy a serlo —aseguró él—. Por ejemplo, ahora a Dave le caes bien, y aunque haga bromas fuera de lugar de vez en cuando... es un buen tipo. Y a pesar de que Sienna es escéptica al principio con quien no conoce, acaba siendo una amiga tan paciente como justa; y Meghan tiene sus momentos, claro, pero en el fondo es muy cariñosa.

Perfectamente equivocadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora