Atraídos como imanes, Candy y Lex se unirán para continuar siendo los mejores estudiantes del colegio sin renunciar a la libertad que el último año de bachillerato amenaza con arrebatarles.
Ambos conocen parte de la crudeza que conlleva la perfecc...
Candy no tuvo tiempo de preguntar a qué se refería, pues el rubio se levantó de inmediato y se dirigió al último cajón de su escritorio. Ella se recostó sobre los codos para ver mejor y se fijó en que él sacaba una caja gris entre sus manos.
—Lex... ¿Qué es eso?
Él sonrió.
—Mis preparativos para tu primera vez.
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Lex dejó la caja encima del escritorio, abrió la tapa y de ahí sacó un perfume que pulverizó en ambos extremos de la habitación.
—¿Qué...?
—Es frutal, relajante, según la web —se apresuró a explicarle—. Usé las velas en el hotel, así que quedaba probar este... dicen que ayuda a la lívido y... si estabas más excitada pues... eh...sería mejor para ti.
—Oh, Lex... —murmuró Candy con cierta ternura. Él se rascó la cabeza, sonriendo como siempre que quería evitar la vergüenza, pero el rojo en sus orejas lo delataba. Ella solo tenía ganas de comérselo a besos, pero en ese momento regresó al escritorio y sacó una una botellita roja con un líquido transparente. Lubricante.
—Creo que vale la pena probarlo —opinó el rubio—. Es de efecto calor, no hace falta ponerlo en zonas demasiado... tú sabes. Si eso, lo podemos probar en partes como el brazo o la mano. Cualquier cosa, se quita con agua y ya está, ¿no?
—Está bien... pero ven aquí ya —murmuró la cobriza mientras se ponía a gatear hasta el borde de la cama y lo agarraba de la camisa para acercarlo. Él se rio con fuerza.
—Impaciente... —Pero enseguida, Candy consiguió tenerlo con ella sobre la colcha. Rodó sobre su cuerpo, entre risas, y una vez ella estuvo arriba se sacó la americana seguida del jersey para tirarlo en dirección a donde solía dejar su ropa, encima de las almohadas.
Lex no quitó la vista del movimiento de sus pechos en el proceso.
—¿Impaciente? Pues yo creo que esta espera... debe ser más torturosa para ti, ¿no? —Candy se refregó contra su erección, forzándole a jadear.
—Prefiero que tú estés lista —le contestó, tragando con fuerza.
Ella rozó las puntas de sus narices, antes de proponerse agradecerle por sus atenciones con ella. Mientras él se sacaba la camisa, Candy se entretuvo acariciando ligeramente el rasposo mentón con su mejilla, luego besó su mandíbula, sobre la cual dio una leve mordida juguetona, y siguió hasta su cuello, donde también quiso provocarle con algún que otro lametón.
—Candy...
Ella sonrió y llevó a una de sus manos a acariciar el bulto entre sus piernas mientras que con su boca besaba y le mordía el hombro tan pronto como Lex lo dejó al descubierto.