76. Telaraña

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—Ella es la productora del canal donde se emitió la noticia —señaló Nathan, quitando la vista del ordenador un momento—. Y ahora, por favor, déjame enfocarme en el trabajo porque voy bastante liado gracias a la niña, ¿está bien?

—¿Quieres que crea que, de los pocos estudios de televisión que hay por aquí... —incidió Celest—, logras coincidir con Gretta entre todo el personal que te puede recibir y encima que te dé una cita para hoy mismo?

Nathan suspiró.

—No, obviamente no —respondió él—. Primero fui a ver a Stéphanie y ella le pasó mi contacto a la persona a quien le cotilleó todo, que coincidió ser Gretta.

Las cejas alzadas de su mujer indicaron que su comentario no había hecho sino agravar la situación.

—¿Has ido a ver dos mujeres esta mañana, en lugar de ir a trabajar, y encima no has contestado ni una vez el móvil en todo ese tiempo?

—No ha sido a propósito... perdón, tengo mil cosas en la cabeza —aclaró Nathan—. Entre esto y lo de Alia...

Celest se enfrió.

—¿También has hablado con ella?

—No tiene nada de malo...

—¡Lo tiene cuando en una mañana has hablado con dos de tus exes y a mí me has evadido!

Él hizo una mueca.

—Técnicamente no son mis...

—¿Prefieres que diga mujeres con las que te acostabas reiteradamente?

Nathan cambió de idea al momento.

—Mejor nos quedamos con exes.

El móvil delante del rubio empezó a sonar y Nathan volvió a recuperar la expresión seria en su rostro al ver de quien se trataba.

—Tengo que atender está llamada, Celest, es importante —subrayó—. Por favor.

Ella no quería aparcar la conversación en aquel punto, pero lo entendía.

—Está bien.

Salió para dejarlo en su espacio y Nathan apretó los ojos con fuerza antes de contestar la llamada. No podía hacerlo sin sacar ánimos de lo más recóndito de su cabeza para afrontar lo que seguía.

—Oliver, buenas noches.

—Nathan, qué tal estás —le devolvió el saludo—. Verás eh, esta mañana mi mujer vio las noticias y...

La puñalada no se hizo esperar.

—También vas a rescindirme como tu abogado, ¿verdad?

Al día siguiente, Nathan estaba dando vueltas en el suelo de su despacho en la firma, sin poder dejar de terminar una llamada y ya recibía otra que lo dejaba aún más hundido

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Al día siguiente, Nathan estaba dando vueltas en el suelo de su despacho en la firma, sin poder dejar de terminar una llamada y ya recibía otra que lo dejaba aún más hundido.

Perfectamente equivocadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora