Atraídos como imanes, Candy y Lex se unirán para continuar siendo los mejores estudiantes del colegio sin renunciar a la libertad que el último año de bachillerato amenaza con arrebatarles.
Ambos conocen parte de la crudeza que conlleva la perfecc...
Una vez en el hospital, Richard no tardó en encontrarla y darse la oportunidad de sermonearla a gusto.
—¡¿Pero cómo puede ser posible?! ¿No tenías permiso para saltarte actividades así, Candy?
Ella dejó caer el peso de su cabeza sobre la almohada. Echaba de menos el instante en el que recién volvía a ser consciente de su entorno y se percataba de que su padre estaba ahí, a su lado; tomándola de la mano a la vez que lucía terriblemente preocupado. No obstante, después de descubrir que había despertado... su reacción cambió por completo.
—Sí, tenía el justificante. Pero si no hacía la clase, no me garantizaban que me darían los puntos extras de CAS que ofrecieron al principio —mintió ella.
—¿Y por qué no te pusiste el inhalador 30 minutos antes?
Candy miró hacia arriba.
—Porque no tenía ni idea de que iba a participar hasta ese momento. —Al menos, eso sí era verdad—. Y todo fue tan deprisa que... pensé que si después me lo ponía, no habría problema.
Richard respiró hondo mientras trataba de procesar la situación.
—No vuelvas a cometer este tipo de imprudencias —le advirtió—. Hablaremos con tu doctora sobre esto. Ahora voy a entablar un pequeño intercambio de palabras con el profesor que te ha traído.
—De acuerdo, papá.
Y acto salido, salió de la habitación.
Candy cerró los ojos y respiró aliviada, pensando en la suerte que había tenido de que tal persona pudiese corroborar los hechos en general, pero no ninguno de los detalles que ella le había contado a su padre.
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—Así que estás cerca de Lexian Lewis otra vez, ¿eh?
Ella se agitó al oír su voz.
No había caído en cuenta de que se había vuelto a dormir.
—Es mi compañero, papá —contestó, llegando a la conclusión de que el profesor debía habérselo hecho saber.
—Ya, bueno, viendo que te llevas tan bien con él... ¿Aún estarías en contra de concertar una cena con su familia?
Candy abrió los ojos de forma desmesurada.
—¡Papá! —exclamó enfadada—. ¿Desde cuándo te interesa utilizar a las personas de esta manera?
—Ya te dije que no es así —protestó—. Nathan puede ser un contacto importante para mí, pero, más allá de eso, su hijo está acercándose mucho a ti. Y siempre he conocido a los padres de todos tus amigos sin objeciones —remarcó—. Así que, ¿tienes el número de su padre o pregunto al colegio?
Ella se vio sin salida con ese argumento.
—Prefiero pedírselo yo en persona.
—Me parece bien —aceptó—. Ya verás como Nathan y yo hacemos buenas migas, y así de paso también te demostraré que no soy un interesado por querer relacionarme con alguien que comparte las mismas metas que yo. Simplemente, estoy buscando ver si podemos llegar a colaborar en algún proyecto que nos beneficie a ambos de la misma manera, cariño.