Nathan la observaba con ojos de halcón.
En su mente había seguido recreando a la antigua Alia con un look discreto, llevando colores apagados y oscuros, pero viéndose muy sensual al mismo tiempo; como si se escondiera sin querer dejar de lucir su silueta, una por la que él se había sentido tan atraído como una abeja a la miel. Sin embargo, en ese momento ella presentaba otro estilo. Uno que entre el peinado de flequillo ladeado con melena ondulada suelta, tejanos que combinaban con un jersey azul pastel que dejaba uno de sus hombros al descubierto, por primera vez... tenía la pinta de ser muy suyo. Parecía que por fin dejó de lucir para un público en especial y lo hacía para sí misma.
Por su lado, Alia también lo había analizado. Él lucía más adulto, con una barba de algunos días donde antes había piel lisa, y un look de camisa y pantalones que tiempo atrás le incomodaba muchísimo llevar a comparación de la camiseta y pantalón de chándal tradicional. Sin duda, ya lo había naturalizado.
—Siempre creí que cuando tuvieras un hijo, hablarías en griego con él.
Alia sonrió levemente ante el comentario de Nathan.
Ambos caminaban al lado del otro a una cierta distancia, de forma pausada, mientras Lex iba muy por delante de ellos, correteando de una tienda a otra para mirar juguetes o algo que le llamaba la atención, hasta que en uno o dos minutos desistía y se centraba en otro escaparate. Para ambos resultaba extraño no rozarse ni siquiera la punta de los dedos, cuando antes sucedía todo lo contrario entre ellos.
—Lo hice desde que nació —admitió ella—, pero ahora solo es posible que pase dentro de casa.
—¿Por?
Alia le respondió con una cara de "no hubo otra alternativa".
—Como muchas veces hemos estado fuera en parques, fiestas de cumpleaños —ejemplificó para aclarárselo—, o nos hemos cruzado con sus amigos por la calle en alguna ocasión y ellos no nos entendieron a Lex y a mí al hablar, empezaron a hacerle cierta burla. Así que, al final, él acabó empeñándose en que solo hablásemos griego en casa para evitar que nos escuchara nadie más.
Nathan lo percibió como un comportamiento normal viniendo de un niño. Y justo entonces, Lex se acercó a su madre y se pegó a su codo.
—¿Me puedes dar νερό?
Ella enseguida sacó una botella de agua de su cartera marrón, se la dio, y luego de beber un sorbo, Lex volvió a corretear mientras Alia guardaba el agua otra vez. Examinando su perfil, Nathan juró que su piel y su cuerpo permanecieron intactos al paso del tiempo.
—A veces se le olvida la traducción de ciertas palabras cuando las usa más en un idioma que en otro —murmuró ella, en justificación a lo que acababa de suceder.
Entonces, los ojos de Nathan pasaron a enfocarse en el niño, luciendo como lo hacía a sus ocho años de edad... y sin poder evitar el sentimiento de reproche que le nació en el pecho.
—¿Por qué me lo ocultaste?
Alia suspiró con pesar.
—Por la sencilla razón de que era lo mejor...
Nathan no podía creer lo que escuchaba.
—¿Cómo que "lo mejor"?
Alia le hizo una advertencia con la mirada para que modulase el tono con el que se dirigía a ella.
ESTÁS LEYENDO
Perfectamente equivocados
RomanceAtraídos como imanes, Candy y Lex se unirán para continuar siendo los mejores estudiantes del colegio sin renunciar a la libertad que el último año de bachillerato amenaza con arrebatarles. Ambos conocen parte de la crudeza que conlleva la perfecc...
