16. Detalles inadvertidos

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—Y cosas así prueban que no eres más que un adolescente normal y corriente.

—Oh, vamos, acepta —insistió Lex acompañado de una risita.

Ella le dirigió una mirada irónica.

—¿No existe otra forma de "liberación"?

—Esa es la más común.

—Por eso mismo lo pregunto.

Él negó divertido.

—Si suele gustarle a todo el mundo será por algo, Candy. Ve, juzga el ambiente por ti misma y no por las suposiciones que te formas en tu cabeza —la animó—. Siente en tu propia piel qué es ir de fiesta por una vez en tu vida. Luego si quieres podrás decir todo lo que te apetezca, pero hablarás desde la experiencia y podrás justificar tus palabras. Solo así podrán ser tan veraces como suenan.

Lex había aprendido que solo elaborando un argumento lo suficientemente sólido podía convencerla y, por la cara que puso, parecía haberlo hecho.

—Nos vamos como muy tarde a las once —estipuló Candy finalmente.

—¿Qué? Pero si es justo la hora en la que todo el mundo empieza a divertirse —se quejó él con un aire infantil.

—Pues a las doce.

—¿Eres cenicienta y no me lo habías dicho?

—Lex...

—Vale, vale —aceptó—. Pues hasta esa hora. Pero que sepas que nadie más que yo aceptaría esa condición.

 Candy alzó las cejas.

—Si de verdad quieres este trato, te vas a tener que ir acostumbrando a que yo no actúo según lo que hacen los demás.

—Si de verdad quieres este trato, te vas a tener que ir acostumbrando a que yo no actúo según lo que hacen los demás

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Sobre las cinco de la tarde del viernes, Lex tocó el timbre de la casa de Candy. Rachel le abrió y al reconocerlo lo dejó entrar, mencionándole que podía encontrarla en la piscina del patio.

—¿Y cómo llego hasta allí?

—Por este lado, acompáñame. —Ella lo condujo hacia la derecha, entró a la sala y le indicó que cruzase el panel corredizo de enfrente que daba acceso al exterior.

Rachel se quedó en la cocina y él siguió de largo. Entró, caminó y fue hacia la piscina construida debajo de una cubierta cristal con las puertas laterales abiertas.

Justó cuando llegó, Candy estaba situándose sobre el bloque inicial.

Lex se quedó quieto y contempló la manera en la que realizaba un ágil salto de delfín para meterse al agua. De allí, recién volvió a verla sacar la cabeza a un par de metros de distancia del principio, a partir de donde siguió nadando a crol para seguir alejándose un poco más.

Perfectamente equivocadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora