Lo que guardaron las alas negras [Ángeles II]

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Mamá, ¿Cuándo Cecil vuelva de su viaje podremos ir a jugar al parque? — El joven de unos once años juega con el bordillo de las blancas sabanas que le abrigan, su voz teñida de ese optimismo resignado que su precaria salud le había obligado a mantener durante toda su vida. 

Naomi Solace solo observa a su hijo, mientras se le cae el corazón al suelo. Había pasado todo el mes mentalizándose para cuando el chico hiciera la pregunta de siempre. Después de que alguno pasará una operación o se recuperará del punto crítico siempre eran llevados a divertirse juntos y por un tiempo ser amigos normales, que no se conocieron entre paredes blancas, hasta que volvieran a tener una recaída y se reencontrarán en el hospital una vez más. 
Se preparó por completo para poder consolarle cuando le dijera las palabras "Cecil no pudo lograrlo, está muerto."

Pero en ningún momento se preparó para lo que debía decir ahora.

Cuando...- Cuando Cecil vuelva, él podrá ir al parque, pero...— La voz de la mujer se cristaliza en instantes ¿Cómo podía el destino ser tan cruel para forzarle a decir esto a su pequeña luz? —  Pero tú... — "Tú habrás muerto para cuando él esté de regreso". — Tú...- ¡Lo siento, no puedo!

Naomi no es capaz de soportarlo, sus ojos se llenan de lágrimas mientras sale corriendo del cuarto de hospital, dejando al pequeño rubio solo. No podía decírselo. No estaba preparada ¿Cuándo estaría lista para enfrentarse a ello? ¿Para mirarlo a los ojos y decirle que su miedo ahora era el responsable de que le quedara a lo más una semana en este mundo? No era capaz de ello; Por eso huye, como una cobarde.

Pero Will no sabe eso.

Él solo sabe que su madre ha llorado de nuevo por su culpa y que vuelve a estar sin compañía en aquel lugar, otra vez. Deja ir un suspiro pesado. No era la primera vez que veía llorar a su madre por su frágil existencia, o al menos así es como lo toma él.  

Si hubiera nacido con un cuerpo más resistente, ¿Mamá sufriría menos? 

Tal vez, no, seguramente, ella estaría mejor si se fuera de una vez. Pero, Dios, no era eso lo que él quería. Podía ser un pequeño egoísta, sin considerar los sentimientos angustiosos que su madre sentía en su presencia, pero él solo quería una cosa, ¡Solo tenía un maldito deseo! 

— Otra vez... No alcancé a pedirle un abrazo.

¿Ya estaba muriendo? ¿Y por qué estaba solo? Se supone que su mejor amigo, Cecil, y él compartían la misma enfermedad, la cual sorprendentemente les afectaba al mismo ritmo

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¿Ya estaba muriendo? ¿Y por qué estaba solo? Se supone que su mejor amigo, Cecil, y él compartían la misma enfermedad, la cual sorprendentemente les afectaba al mismo ritmo. En los días más trágicos, donde habían perdido toda esperanza, se habían prometido que morirían al mismo son y llegarían hasta la otra vida juntos. 

Pero solo yo estoy partiendo...

— Lo siento mucho, Will... Mientras iba perdiendo la conciencia, podía escuchar la voz de su madre más y más borrosa. — Yo...- ¡Yo debí ser más valiente! Esto...- ¡Esto no debía ser así! — ¿De qué hablaba ella? La muerte era inevitable y sin embargo la mujer sonaba como si realmente se creyera la responsable. 

#Writer'sGayChallenge (SOLANGELO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora