Color (doctor y paciente)

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Este OS tal vez les parezca raro: explicaciones al final. A darle.

Au!VidasNormales.

PD: Este OS se subirá con anterioridad, porque ni el 21 ni 22 no estaban acabados ;-; pero ya retomaré con el que toca en 10 días y lo prometó, esta quedando muy bueno el 21

Dicho esto, ojala que les guste



Gris. Era el color de mi computador, de mis pantalones, de los cubiertos sobre el plato de comida a medio terminar tirado al lado de mi cama. Incluso los rayos de sol que se colaban por las cortinas adquirían una enfermiza tonalidad grisácea.

Se podría decir que mi personalidad también tenía ese color. Gris, simple, aburrida. Sin la suficiente pureza para ser un blanco. Necesitado de oscuridad para ser un negro. Un camino inacabado para ser cualquier cosa. Ese soy yo.

O al menos así me siento en este momento. Tirado en mi cama, mirando el techo con los audífonos puestos escuchando ese tipo de melodías grises que dividen a la sociedad en dos; los inadaptados que se sienten identificados y los hechos para encajar que se mantienen en los blancos o en los negros, sin atreverse a descubrir el otro lado de la moneda. Yo me identifico con el primer grupo y consideró eso como la mayor tortura en mi vida.

Todos mis amigos son negros o blancos, por lo que es algo complejo y agotador para mí -un gris-, adaptarme a sus vidas. Demasiado oscuro. Demasiado claro. Estoy algo agotado de andar saltando entre uno y otro, me gustaría parar en algún momento. Pero no lo hago, no puedo, pues si descubren esa parte de mí me dejarán de lado, debido a que estaría manchando sus colores puros. No debo permitir que lo sepan, así que seguiré cambiando.

La música en mis orejas se detiene y es reemplazada por el sonido preestablecido de las llamadas por celular. Mi entrecejo se arrugó en señal de molestia, pero con resignación acerqué el móvil a mi rostro para ver de que se trataba. El nombre "Papá" me sorprende ¿Para qué me llamaba?

- ¿Aló? -Mi voz sale un poco ronca, ya que llevaba horas sin decir palabra.

-Hijo, se me quedaron unos documentos en la casa, sobre la mesa del comedor. Traélos a mi oficina.

Apreté mis dientes sin saber qué me afectaba más; si la falta de un simple "hola" o el hecho de que tuviera que ir a ese lugar de locos, literalmente.

-No voy a ir a tu manicomio, pa. -No podía verlo al otro lado de la linea, pero lo conozco tan bien que pude imaginar como el rostro de mi padre se contraía en molestia ante mi negativa. Pero es que yo ya había ido una vez hace años a ese sitio y no pensaba regresar, ese lugar me daba escalofríos.

-Jamás te di la opción de negarte, Nico. Vas a ir a mi oficina y me dejarás los papeles. Es una orden.

Respiré profundo y conté hasta diez, intentando relajarme. Sabía que no podía contra la voz demandante de mi padre, sin embargo el deseo de rebelarme estaba ahí, demasiado gris para salir completamente y es por ello que sólo agaché la cabeza en resignación.

-Está bien. -Y colgué.

Y ese fue el día en el que un simple descuido de mi padre, el casual acto de olvidarse unos ordinarios documentos, me cambió la vida sin retorno.

Si mi pieza era gris, entonces el manicomio era blanco.

Blanco el techo, las paredes, el pasillo, los muebles, las ropas, incluso los paquetes de los medicamentos eran blancos. El eco de mis zapatos contra el piso era de ese color inmaculado y podía ver como las respiraciones de los trabajadores salían de sus narices y bocas de manera clara y limpia.

Aún cuando recién estaba en el hall, el único lugar en que no se permitían locos, el sentimiento de estar rodeado de enfermos mentales ya era real en el ambiente. Nadie hablaba más de la cuenta, como si temieran molestar a un chiflado.

#Writer'sGayChallenge (SOLANGELO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora