Tú día

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Gisela quería soltarse o a lo mejor no.
- Fernando.
- ¿Qué pasa?
- ¿ A qué juegas?
- A nada.
Gisela se quitó de su mano, no quería entrar en su juego o igual sí y eso era lo que la preocupaba.
- Soy una mujer casada, no quiero entrar en tu juego, no está bien.
- Se que eres casada, pero...¿te puedo hacer una pregunta?
- Dime.
- ¿Estás enamorada?
Gisela se quedó perpleja, cómo se atrevía a preguntar eso, cada vez entendía menos.
- Eso es algo mío.
Fernando la miró fijamente, en sus ojos pudo ver la respuesta, apartó la mirada y se metió en la casa.
Gisela pudo tragar saliva.
Por la noche Jessica entró en la habitación de Gisela para ver juntas la telenovela, se sentó a su lado.
- ¿A pasado algo?
- Gabriel a tenido un accidente.
Jessica bajó el volumen de la televisión.
- ¿Qué haces?
- He visto lo de esta mañana entre Fernando y tú.
- No ha pasado nada Jessica, solo hablábamos.
- Lo sé, pero...Fernando busca algo más, yo he notado que le gustas.
- No creo.
Gisela se puso nerviosa.
- Gis, la cuestión es que creo que a ti también te gusta.
- ¿A mí?
Gisela se puso más nerviosa, se levantó y se puso de espaldas a Jessica, intentando esquivar la pregunta.
- Nena, Fernando no te conviene, él es un muchacho que se piensa que es un juego conquistar a una chica como tú, no te va a tomar enserio y a Henrique no le va a gustar.
- No ha pasado nada Jessica te lo juro, yo le he dicho que no juegue más, no voy a seguir su juego, estoy casada.
Jessica se levantó y se colocó delante suya.
- Se que estás confundida, pero va a pasar, créeme.
Jessica se volvió a sentar en el sofá y puso el volumen a la televisión, Gisela se quedó pensativa, pero de pronto llamaron a la puerta, ella se dirigió a abrir.
Era Fernando, se quedó pálida.
- ¿Qué pasa?
- Hay alguien que quiere estar contigo.
Ella abrió los ojos como platos, no se podía creer hasta donde era capaz de llegar, Fernando sin embargo se reía.
- Sorpresa.
Él se apartó hacía un lado y de detrás de él salió Iván.
- Hola mamá, ¿puedo dormir contigo?
- Claro mi amor, vete adentro con Jessica.
El niño entró dentro y se sentó al lado de Jessica en el sofá.
Gisela no sabía como volver a la normalidad después de haber pensado algo que no era. Después de un rato de silencio habló.
- Gracias.
- No hay de qué, pero no solo me refería a él cuando dije que había alguien que quería estar contigo.
Fernando se marchó, ahora sí que era lo que se imaginaba, cómo podía estar jugando así y lo que era peor, porqué ella quería que jugase así.
A la mañana siguiente Iván bajó en silencio a la cocina, para que su madre no se despertara. En la cocina lo estaba esperando Juan.
- Buenos días príncipe, ya casi lo tengo.
Fernando entró y acarició el pelo de Iván.
- Buenos días campeón, que pronto te despertaste.
- Ya está.
Juan puso en la mesa una bandeja de plata con una taza de café, zumo de naranja natural, un pedazo de tarta de chocolate, galletas y una rosa blanca.
- ¿Qué te parece?
- Perfecto.
- Pues corre llama a Jessica.
Iván salió corriendo, Fernando alargó la mano para coger una galleta y Juan de un tortazo se la paró.
- Ni se te ocurra, ahí detrás tienes más.
Fernando miró en dirección a donde lo había señalado Juan.
- Que violento.
Jessica vino de la mano de Iván.
- Perfecto.
Cogió la bandeja y ella e Iván se perdieron escaleras arriba.
- ¿Para quién es?
- Para Gisela, hoy es su cumpleaños.
- No lo sabía.
- ¿Cómo lo ibas a saber?
Juan se echó a reír y Fernando empezó a pensar qué podía hacer para sorprenderla.
Jessica abrió en silencio la puerta, Iván pasó y detrás pasó ella, se acercaron a la cama e Iván saltó encima, Gisela se despertó, al verlo sacó una sonrisa y lo abrazó.
- Felicidades mamá.
Iván la dio un fuerte beso en la mejilla, ella volvió a sonreír, miró a Jessica.
- Muchas felicidades Gis, que tengas un día lleno de bendiciones.
- Gracias Jes.
Jessica apoyó la bandeja en la cama.
- Espero que te guste el desayuno.
- Lo he preparado yo.
Iván la acercó una galleta a la boca, ella la dio un mordisquito.
- Mmm, muchas gracias amor, está riquísima, todo tiene una pinta buenísima, ¿lo has preparado tú todo?
- Bueno...me ha ayudado Juan, pero un poquito solo.
Gisela se reía, su hijo era puro amor.
Jessica salía de la habitación cuando se encontró a Fernando.
- Qué susto Fernando.
- Perdón.
- ¿Qué haces aquí?
- Pasaba, quería preguntarte.
Jessica se acercó a él.
- Dime.
- ¿Sabes si va a venir Henrique?
- Hasta dentro de cinco días no tiene programado su viaje de vuelta¿por?
- Por nada, como me han dicho que es el cumpleaños de Gisela, he pensado que igual venía a sorprenderla.
- Si es así ,yo no estoy informada.
- ¿Me podrías ayudar?
- ¿A qué?
Fernando la cogió del brazo con cuidado y la invitó a seguirlo, salieron a uno de los patios traseros, Fernando la explicó la sorpresa que quería darla a Gisela.
- A ver si he entendido, quieres que te ayude a... ¿por qué?
- ¿Por qué ,qué?
- Fernando, ya deja de hacerte el tonto, qué te propones con Gisela,
se que ella es joven, que tú también lo eres, pero ella...
- Se lo que vas a decir, Jessica no es lo que te estás imaginando, a mi Gisela me cae bien, me parece buena persona, y ya que su marido no está, no quiero que se quede sin celebrar su cumpleaños.
- No nací ayer, se que te gusta Gisela, he visto como la miras, ella ha sufrido mucho, ya por fin está acomodada, no la líes, está casada, tiene su vida formada, déjalo estar.
Fernando se quedó pensando, se verdad le gustaba Gisela, sabía que estaba casada, pero algo lo atraía a ella.
- Se que está casada, pero ella no lo quiere.
- ¿Tú que sabes?¿Te lo ha dicho ella?
- No pero...
- Pero nada, no inventes, ni intentes nada, déjalo estar.
Jessica se fue, Fernando sabía que estaba solo.
- Me da igual, no necesito la ayuda de nadie.
Gisela se dio un baño en la piscina junto a su hijo, cuando salió mientras se secaba el pelo con la toalla miraba a su hijo como nadaba con los manguitos.
Jessica se acercó y la ofreció una limonada, se acomodó en la hamaca, Jessica se sentó a su lado.
- Que buena está el agua Jes, deberías probarla.
- Se te ve feliz Gis.
- Estoy con mi niño¿Qué mas puedo pedir?
- ¿No te ha llamado Henrique?
- No y no creo que lo haga, ya me dio el regalo, ya ha cumplido.
Jessica la miró, tampoco era justo para una chica tan joven que apenas estaba aprendiendo de la vida, no tener sueños, eso era lo peor.
Llegó la noche, había sido un día de mucho ajetreo con el pequeño, Gisela estaba cansada, se había dado una ducha y se había puesto el pijama ya para leer un rato e irse a dormir, cuando llamaron a la puerta.
- Adelante.
Jessica entró.
- ¿Ya te has puesto el pijama?
- Sí, ¿por?¿quieres ir de fiesta?
Las dos se rieron, Jessica se acercó a ella.
- No te lo puedo decir, pero mejor será que te pongas guapa y salgas a la parte de atrás.
Gisela no entendía nada.
- ¿Cómo?
- Hazlo, confía en mí, ponte guapa y sal a la parte de atrás, donde está la pérgola.
Jessica salió, Gisela cada vez entendía menos, será que había venido Henrique y la iba a dar una sorpresa o qué había encargado algo.
Gisela se acercó al armario y escogió un vestido rosa pegado al cuerpo, a juego unos zapatos de tacón también rosas, el pelo se lo acomodó, pero se lo dejó suelto.
Estaba nerviosa salió y ahí no estaba Jessica, se espera que por lo menos estuviese ella para acompañarla. Salió a la parte de atrás, estaba iluminado pero no había nada allí.
Se sentó mirando a las casas que había a lo lejos, de pronto empezó a escuchar música, se sobresaltó esas canciones no le sonaban de Henrique, miró hacía donde ella pensaba que salía la música y pudo ver a Juan traer un carro con comida, diversa variedad de comida, él se retiró, de pronto llamó su atención una sombra a lo lejos, se acercaba, cuando llegó a la luz Gisela se quedó atónita, era Fernando, vestía con un traje negro, estaba guapísimo, sus ojos azules brillaban con la luz de la luna.
- Me dijeron que no había cenado, y no quiero que pase hambre.
Gisela esbozó una sonrisa, no la pudo contener. Intentó hablar pero las palabras no salían. Fernando hizo una pequeña reverencia:
- Hoy voy a ser su camarero personal.
Gisela soltó una carcajada, por un momento se olvidó de todo y agarró la mano de él:
- ¿Camarero?, yo prefiero que esta noche seas mi acompañante.
Se le iluminó los ojos, ella no paraba de sonreír y eso a Fernando le encantaba, asintió y se sentó a su lado:
- Está preciosa, si me permite decirlo.
- Háblame de tu, y tu también estás muy guapo.
La velada transcurrió entre risas y charlas, Gisela estaba encantada con él. Sentía miles de cosas dentro, hacía mucho tiempo que no tenía una velada tan agradable y que no se reía tanto:
- La verdad... te tengo que dar las gracias Fernando.
- ¿Las gracias? ¿Por qué?
- Porque ha sido una noche genial, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien, y que no estaba tan a gusto con alguien.
- Te lo mereces todo Gisela.
Ella comenzó a ponerse nerviosa con las palabras de él, tragó saliva con dificultad e intentó mirar para otro lado, pero Fernando agarró su barbilla para quedarse frente a frente a escasos centímetros el uno del otro:
- Fernando...
Él colocó su índice en los labios de ella, hizo un sonido indicándola silencio, no quería hablar y arruinar el momento, ese momento era mágico, parecía como si se hubiera parado el tiempo y solo existiesen ellos dos:
- No digas nada, no ahora.
Se acercó más, rozó sus labios con los de ella, Gisela se estremeció, pero se quería quedar ahí, se sentía segura y era lo que quería en ese momento. La besó, su beso era tierno, cálido, y dulce. Gisela comenzó a subir sus brazos hasta colocarlos alrededor de la cabeza de él, sentía mil mariposas por dentro. Su beso comenzó a ser más intenso, feroz, se deseaban, querían quedarse así durante horas. Gisela estaba en las nubes, pero los pensamientos volvieron a ella, miles de ideas la pasaban por la cabeza, deseaba estar así con él, pero también sabía que eso no era lo correcto. Se separó casi sin aliento, Fernando se intentó acercar de nuevo, pero ella estiró su mano para poner distancia entre los dos:
- Esto no está bien, no sigas.
- Perdona... no me he podido contener.
- Pues... estate tranquilo.
Gisela salió de allí casi corriendo, Fernando la siguió.
Ella se resguardó en la biblioteca, ese era su espacio de reflexión y apogeo, donde leía, estudiaba, allí tenía paz. Cerró la puerta y se apoyó contra la pared intentando respirar, se sentía ahogada, pero inevitablemente feliz, ¿Qué la estaba pasando con ese hombre? La puerta se abrió, era él, había entrado y la miraba desde la puerta, Gisela no hablaba, no podía decir nada, solo lo miraba:
- No te quiero incomodar, lo siento.
- No pidas perdón, Fernando, no le puedo hacer esto a Henrique, no puedo.
Él se acercó y la agarró de las manos con cuidad:
- Tú mereces ser feliz, y con él está claro que no lo eres, sientes cosas por mí ¿o lo vas a negar?
Ella negó con la cabeza, sentía cosas por él, eso estaba claro, pero Henrique le había dado la vida:
- No lo voy a negar, no sé qué me pasa contigo, pero a Henrique le debo todo lo que soy, no le voy ha hacer esto.
- ¿Cómo que le debes todo?¿Qué significa eso?
- Yo tengo mis motivos Fernando, y son muy fuerte.

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