Gisela Álvarez casada con un hombre mucho mas mayor, jamás a conocido el deseo, la pasión y mucho menos el amor.Hasta que llega a su vida Fernando Marín, un escolta que le pone su propio marido, el cual la hace sentir cosas que jamás imaginaba senti...
Llegó la noche y con ella Henrique. Pasó hacia su despacho sin decir ni una palabra, se detuvo frente a la pared pensando. Tomó el teléfono y presionó los botones, al otro lado se pudo escuchar la voz de un hombre, Henrique fue concreto: - A mi despacho. Colgó enseguida, se sentó en la silla, pero le duró poco, se levantó y fue hacia la pequeña barra de bar que tenía a la derecha de la habitación. Se sirvió un Whisky a la roca, escuchó unos pasos detrás suyos,tardó en girarse pero por fin lo hizo. Era Juan, le miraba impaciente al lado de la puerta: - Juan cierra la puerta y siéntate. Juan obedeció a la primera, cuando ya hizo lo que él quería Henrique se sentó también en frente de él. Lo miró, veía como Juan se ponía nervioso, así que ya no le hizo sufrir más y procedió a contarle lo que quería: - ¿Estás nervioso? - Sinceramente sí, no se que quiere. - Es muy simple... nos hemos quitado del medio a tu hijo, en el buen sentido, necesito fuera a Jessica. Juan abrió los ojos de par en par. Henrique vio su gesto y sonrió: - Juan te noto escandalizado y la verdad no entiendo porqué, no seria la primera vez. - Señor, tampoco es así, con perdón. - Juan, yo no soy tu hijo, se perfectamente cómo eres, ¿No te acuerdas que disparaste a Jessica ya una vez?, bueno... perdón, la asustaste. - Señor... Juan miraba de un lado a otro de la habitación, Henrique soltó una carcajada, Juan lo miró: - No te preocupes, no hay nadie cerca que nos pueda oír. - Señor es verdad que fui a asustar a Jessica pero... de ahí a matarla... va un mundo. - Juan tú eres mi hombre de confianza, nunca me has puesto peros y por eso te tengo, si tuviese que mancharme las manos yo...¿Para que te quiero? - Pero... - Creo que me he explicado con claridad, a Jessica no la va a echar de menos nadie, no tiene a nadie, así que... - Gisela... y mi hijo. - Tú hijo está muy ocupado con lo de su madre, que en paz descanse. Y por Gisela... por ella no te preocupes, créeme que va a estar muy preocupada de otras cosas, en lo que menos va a pensar es en Jessica. - ¿Qué quiere decir? - Mejor no preguntes, solo haz que Jessica no moleste. Juan asintió con la cabeza, Henrique volvió a sonreír y le hizo un gesto para que saliese de la habitación. Juan cerró la puerta tras salir, pensativo se quedó mirando la puerta, pensaba si iba a ser capaz de deshacerse de Jessica. Henrique llamó por teléfono cuando ya tubo la puerta cerrada, una voz de mujer se escuchó al otro lado: - Te espero aquí, llega lo que tanto has deseado. Gisela se sentía extraña, no había visto a Samuel, evidentemente estaba fuera, pero a Jessica llevaba un rato sin verla, ya se iba a acostar y no la había visto. Se miró al espejo, ya tenía bastante tripa, se la tocó con cariño, ya quería ver su carita, aunque ya había estado embarazada antes este era especial. Jessica estaba en cocina colocando las tazas en el estante de arriba, escuchó pasos sigilosos a su espalda, ella se giró, era Juan: - Me has asustado, ¿Por qué entras tan en silencio? Juan la miró de arriba abajo, en su cabeza retumbaban las palabras que horas antes le había comunicado Henrique, volvió a mirar a Jessica, pero no soltó palabra: - ¿Por qué no contestas? - ¿Por qué tengo que contestar? Jessica lo miró extrañada, parece que algo le pasaba, Juan no era muy amigable en la casa, pero la verdad que siempre había sido amable con ella. Jessica se acercó tímidamente: - ¿Qué pasa? - Jessica... esta noche mejor que salgas de casa. Jessica abrió los ojos de par en par y después soltó una pequeña risa, se giró y siguió con lo que estaba haciendo, Juan se acercó y la sujetó uno de los platos que iba a seguir colocando, ella al notar su mano lo volvió a mirar: - Juan, ¿Me vas a decir que pasa? - Mejor será que me hagas caso. - ¿Caso? O sea que me tengo que ir, así sin más, porque evidentemente no me vas a contar lo que pasa. Juan se quedó en silencio, la verdad que no solía ser muy hablador, pero esta vez estaba muy extraño. Jessica se armó de valor y se giró totalmente de frente a él: - Es Henrique, ¿Verdad?, él te ha mandado a quitarme del medio. - Claro que no. - Evidentemente no pensaba que me ibas a decir la verdad, se que ibas a mentir, siempre tienes que encubrir a ese hombre. - Jessica, no tengo tiempo, o desapareces o... - ¿O? Me vas a matar, no me extrañaría de ti, ya lo intentaste una vez. - Jessica, eso es mentira. - ¿Mentira? Jessica se bajó la manga de su camiseta y alzando la voz le enseñó la cicatriz del balazo que le dio: - Esto demuestra que es verdad. Juan le hizo un sonido para que bajase la voz: - Mejor será que bajes la voz, si te hubiese querido matar, créeme lo hubiese hecho. - Juan, se que no eres un asesino, pero no se porque haces todo lo que ese hombre quiere. Juan se retiró, se le acababa el tiempo y por ese camino no la iba a convencer. Antes de irse vio un vaso con agua que ella tenía en la encimera de la cocina, lo miró, pero Jessica al ver que no salía de la cocina lo miró: - ¿No te ibas? Juan ni la miró, directamente salió de la cocina. Se fue directamente al botiquín, empezó a buscar y consiguió unas pastillas para el insomnio. Volvió a la cocina y espero a que Jessica se metiese en la despensa, se acercó al vaso y abrió tres pastillas, las hecho y con un cuchillo removió el agua, escuchó pasos, era Jessica que volvía, se alejó rápido, pero se quedó mirando desde fuera. Jessica ya parecía que había terminado, antes de salir reparó en el vaso que tenía al lado, se bebió el agua y metió el vaso en el lavavajillas. Juan ya había cumplido casi su misión, sonrió y se escondió en el hueco de debajo de las escaleras. Fernando ya había llegado al hotel, por fin, se sentía agotado, todo el día dando vueltas, Thais no paraba: - Que ganas tenia de estar así contigo, me lo estoy pasando en grande. Lo miró, parecía disgustado, o por lo menos pensando en otra cosa: - ¿Tú no? Fernando la miró: - No es eso Thais, pero llevamos todo el día fuera, estoy cansado, ni si quieras hemos parado desde que nos bajamos del avión. - Cariño, hemos venido a disfrutar, para descansar tenemos toda la vida. - Lo se, pero necesito una paradita, ya es tarde. Fernando se desabrochó tres botones de la camisa blanca que llevaba, se dejó caer en el sofá con la cabeza para atrás, no podía más con su cuerpo. Thais lo miraba desde lejos, un calor recorrió su cuerpo, le deseaba y mucho, ya no podía estar más sin él. Se desabrochó los dos botones que tenía cerca del escote y se acercó a él. Fernando tenía la cabeza para atrás y los ojos cerrados, ella lo observaba de arriba a abajo, lo deseaba, quería estar con él y no quería que pasase más tiempo. Se remangó el vestido y se puso encima de él, Fernando al sentirla abrió los ojos de para en par, puso la cabeza recta y la miró incómodo: - Thais, ¿Que haces? - Fernando, ya es hora de querernos, ahora estamos solos. Le abrazó por el cuello y le empezó a besar, Fernando se incomodó, el recuerdo de Gisela se apoderaba de su memoria, sujeto a Thais, ella puso mala cara: - ¿Qué pasa Fernando? - Nada... solo estoy cansado. Thais sabía que no era cierto, sabía que no se quitaba de la cabeza a Gisela, tenía que hacer algo para que se olvidase de ella: - Parece que me detestas, no te gusto. Thais se levantó y empezó a taparse con las manos. Fernando se levantó y se acercó a ella: - Thais no pienses eso,¿Como puedes pensar que te detesto? - Porque es lo que parece Fer, ni me miras. Fernando la agarró las manos: - Sí te miro, pero sabes que no puedes hacer esfuerzos... - Fernando, estoy enferma, no moribunda, además quiero estar con mi marido, eres mi marido y ni siquiera hemos tenido nuestra noche de bodas, te deseo. Fernando la miraba, Thais es una mujer hermosa, pero estaba enamorado de Gisela, le hubiese encantado que la que estuviese ahí fuese ella: - Thais... Le tapo la boca con dos dedos, hizo un sonido para que se callara, y se acercó a su cuello, comenzó a besarlo, Fernando se puso nervioso, no podía demorar más este momento, tarde o temprano tendría que llegar. Ella comenzó a desabrocharle los demás botones, él iba a pararla, pero recordó la noche que fue a ver a Gisela, ella en camisón delante de... ese hombre, ese hombre que la había echo tanto daño, estaba lleno de dolor. Miró a Thais y la besó, ella respondió a sus besos, él se separó un poco y la miró, era Gisela, ella lo miraba y lo sonreía, Fernando sonrió, se le olvidó todo lo que había pasado, la atrajo hacia él y la subió en brazos mientras la seguía besando, la apoyó en la pared y la empezó a bajar el vestido por la parte de arriba, la besó el hombro y seguidamente la llevó al dormitorio. Jessica apagó La Luz de la cocina, se agarró al marco de la cocina, se sentía un poco mareada, no le dio mucha importancia y empezó a subir las escaleras, pero en el primer escalón se sintió más mareada y se agarró a la barandilla, Juan salió de su escondite, la agarró, pero a ella no la dio tiempo a decir nada más, se desmallo: - Tú lo has querido Jessica. La agarró por las axilas y la llevo a una caseta que tenían en medio del terreno, la caseta estaba medio limpia, solo tenía una silla en medio que parece que estaba preparada. Juan dejó en la silla a Jessica. Gisela se había quedado medio dormida en la cama cuando escuchó el timbre, despertó de un susto, pensó que algo pasaba, miró el reloj y vio que eran la una de la madrugada, se extrañó. Gisela se levantó y bajó a ver que pasaba, escuchó voces que hablaban en susurros. Se asomó más sin que la vieran, vio a Henrique junto a Juan, habían recibido a alguien, pero no veía bien a quien, era una voz de mujer, pero no la sonaba. Henrique se movió y Gisela pudo ver a la mujer, era más o menos de su edad, rubia y con muy buen tipo, pero nunca la había visto, se fijó más en ella pero se escondió cuando Henrique miró arriba. No la vio, pero se estaba asegurando que nadie los viese. Gisela no entendía nada, quién era esa mujer, Gisela fue al dormitorio de Jessica, entró y no la vio, miró de un lado a otro y seguidamente entró al baño, se quedó pensativa: - Jessica, ¿Dónde estás? Gisela fue hasta la habitación de Samuel, evidentemente no estaba, pero Jessica no aparecía, Gisela se empezó a asustar. Henrique se metió en el despacho con Ashley, ella se sentó mirándolo sensual: - No entiendo que hago aquí la verdad. Henrique se dirigió a Juan: - ¿Ya está lo que te encargue? - Sí jefe,¿Desea algo más? - Sí, déjame a solas con ella. Juan asintió y salió de la habitación, tras él cerró la puerta. Henrique miró a Ashley, se relamió los labios, a ella la gustaba provocarlo: - Tú dirás. - Ya te traje a esta casa, ¿es lo que querías no? - Sí, pero...¿Sigue tú mujer aquí? Henrique cambió la cara y Ashley intuyo que la respuesta era que si: - Creo que si,¿O me equivoco? - Sí sigue, es mi mujer. - Lo se, ¿Entonces? ¿Qué hago aquí? - Tú querías entrar aquí, quieres ser mi incondicional, aquí estás. Ashley se levantó y se acercó a él, le retiró de la mesa y se sentó en sus piernas: - Al grano Henri. - Mi mujer... está embarazada. Ashley le miró con los ojos de par en par, no entendía nada, se levantó enfadada: - ¿Embarazada? ¿De qué vas? ¿Para que me has traído? Me quieres humillar. - No, escucha, no es mío, es del amante que tiene...bueno mejor dicho, tenía. Quiero que desaparezca el bebé. Ashley cada vez entendía menos: - ¿Desaparezca?, Henrique, yo no voy ha hacer que desaparezca nadie, mucho menos un inocente, te has confundido conmigo. Henrique se levantó, se acercó a ella: - Aunque creas que soy un monstruo no es mi intención que hagas nada al bebé, no le voy ha hacer nada y a ella tampoco, solo quiero que estes pendiente de ella, me a humillado y no va a seguir de rositas. - ¿Quieres que sea su niñera? - Sí, bueno, no exactamente, Jessica ya no va a poder estar con ella, por problemas...que no vienen al caso, así que necesito a alguien de confianza. Gisela estaba escuchando tras la puerta, estaba horrorizada, se tocó la tripa, sabía que algo iba a pasar, pero...¿donde estaba Jessica?.
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