Mi nombre en tus labios

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Fernando levantó una ceja, se acercó más, Elisa dio un paso atrás, pero se topó con la mesa, ya no podía ir más para atrás:
- ¿De verdad no eres ya La misma?¿Estás segura?
La agarró la cara, se acercó tanto que casi no podía respirar y la besó, el beso fue al principio tierno, como pidiendo permiso. Elisa respondió a su beso, era dulce, tierno y apasionado, tenía todo lo que ella hacía mucho tiempo deseaba, Fernando sintió miles de sensaciones y ahora ya no le cabía la menor duda, era ella, su mujer. Elisa se separó un poco para tomar aire:
- Fernando.
- No sabes cuánto llevaba esperando oír mi nombre de tus labios, es maravilloso.
Ella sonrió cerca de sus labios, Fernando le devolvió la sonrisa, volvió a besarla, estaban cerca, tan cerca que eran uno solo. Elisa volvió en sí, su mente volvió a la realidad, qué estaba haciendo. Se separó, respiró como pudo, Fernando se quedó quieto con el ceño fruncido:
- Esto no puede ser Fernando, no está bien.
- ¿Por qué? Yo te amo y tú me amas.
- Yo... estoy comprometida, me voy a casar en breve.
Fernando volvió a recordar, lo había escuchado según entraba al despacho, negó con la cabeza e intentó acercarse a ella, pero cuando había dado dos pasos pequeños se paró en seco:
- No te puedes casar, ¿Vas a volver a repetir el mismo error? ¿Te vas a casar con un hombre sin quererlo?
- No es el mismo caso, César es bueno, me a ayudado, me apoya y si le quiero.
- ¿Le quieres? ¿Y por qué has correspondido a mi beso?
- Porque me confundes, me vuelves al pasado y eso no lo puedo permitir.
Fernando se acercó a ella y la agarró la mano, ella empezó a tener la respiración agitada:
- ¿Por qué no lo puedes permitir? Nos merecemos estar juntos.
Se soltó la mano y comenzó a negar con la cabeza:
- Claro que no, ¿Sigues casado?
Fernando no respondió, agachó su mirada y Elisa al verlo rodeó los ojos:
- Con tu silencio me contestas, sigues casado y yo me voy a casar. No se con qué derecho entras reclamándome nada.
-  ¿Por qué te haces pasar por muerta?
- Eso es una historia larga, que sinceramente ahora no me apetece contar.
- Gisela... No te puedes esconder detrás de un peinado o de ropas de marca.
- No me escondo, tengo mis motivos, y te pido un favor, no me vuelvas a llamar por ese nombre, me llamo Elisa.
- Nunca vas a poder ocultar quién eres, tus ojos te delatan.
Ella negó con la cabeza, él la agarró la mano con dulzura, un sonido los sacó de sus pensamientos. Era el móvil de Elisa que sonaba, ella se soltó del agarre de Fernando y fue dirección al móvil, pero él tenía la intención de frenarla:
- No contestes, ahora no.
- Tengo qué contestar, puede ser importante, además ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar.
- No...
- Fernando, tenemos que trabajar en el mismo edificio, así que vamos a intentar llevarlo lo mejor que podamos, cada uno en su sitio.
Termino de decir la frase y contestó el móvil, se sentó en el sillón e intentó ignorar a Fernando, este se quedó observándola por un instante, al ver que ella ya no reparaba en él salió del despacho. Elisa escuchó la puerta cerrarse, se giró con pena y miró la puerta, después de una respiración entrecortada siguió atendiendo el móvil:
- Perdón César.
- Solo quería cerciorarme de que estuvieses bien. Me dejaste preocupado.
- Me entretuve en la reunión con los accionistas y después nos invitaron a comer, no me acordé de avisarte, perdóname.
- Tranquila, luego nos vemos en casa y cenamos juntos, tengo ganas de estar contigo.
Ella recordó el beso que se había dado con Fernando, no podía centrarse en la conversación que estaba teniendo con César y eso la molestaba.
Fernando acabó su jornada laboral y se fue a encontrar en el parque que había cerca de la casa de Erica. Había quedado con ella. Mientras caminaba por el camino de arena pensaba en Gisela y lo que había hablado con ella, no podía permitir que se casara. Vio a Erica a lo lejos, estaba mirando a la nada, la habló por detrás, ella se sobresaltó:
- Qué susto Fer.
Él sonrió y ella lo abrazó con todas sus fuerzas, después Fernando comenzó ha hablar:
- Es Gisela, he estado hablando hoy con ella, se que pensarás que estoy loco, pero es cierto, ella está viva.
- Te reconozco que al principio me pareció loca la idea Fer, pero fui a verla.
- ¿Fuiste a verla? ¿Cuándo?
- Esta mañana -sonrió dulce- Me quede helada cuando la vi, pero ahí estaba ella y la verdad no pude estar más feliz, está viva Fer.
- Pero está muy diferente Erica, quiere ser otra.
-Tiene sus motivos Fer, pero sigue siendo la misma de siempre.
- ¿Sus motivos? ¿Cómo lo sabes?
- He hablado con ella, la reclamé en la oficina, me pasé con ella lo reconozco. Pero a la hora de la comida vino a mi casa, me estuvo contando y hasta me pidió perdón.
- Yo he hablado con ella pero no quiere contarme nada, y me ha dicho... se va a casar, Erica, está comprometida.
Erica asintió, estaba triste, pero sabía que en dos años pasaban muchas cosas:
- Sí, lo sé.
- ¿Lo sabes? ¿Qué te ha contado? No se porqué se casa, nos hemos besado y se que ella a sentido lo mismo que yo.
- ¿Os habéis besado?
- No me pude resistir Erica, ¿Sabes cuánto la he llorado? ¿Sabes cuánto he deseado tenerla cerca? Ella correspondió a mis besos, se que todavía me quiere.
- Fer, tú Sigues casado y ella no va a romper su compromiso por nada del mundo.
Fernando se negaba a creer lo que Erica le decía, ¿por nada del mundo? No podía ser. Negaba con la cabeza:
- Erica, ella no lo quiere.
- A su manera sí, Fer... tienes que asumir que tenéis vidas separadas, que cada uno habéis tomado un camino.
- Está tan cambiada... No la importa hacernos daño, no la importa que hayamos llorado por ella, ha seguido su vida como si nada.
- Como si nada tampoco Fer, ella se cambió el nombre para huir de Henrique, la tenía encerrada en la casa en mal estado. Y tuvo que irse del país, por eso se cambió el nombre, para que Henrique no la encontrara.
- ¿Y por eso se va a casar con otro? ¿por agradecimiento?
- No, ella se hizo pasar por muerta, se cambió la identidad, y a muerto Henrique. Su hijo está huérfano, porque los dos padres están muertos, ella necesita casarse para adoptar a Ivan. Hasta que pueda arreglar su situación legal.
Fernando frunció el ceño, miró a ambos lados sin saber que decir, le costaba hablar:
- ¿Puede perder a Ivan?
- Lleva más de dos años sin verlo, Fer, ella es la de siempre pero la vida la ha hecho cambiar. A mi me ha dicho que quiere hablar con Jessica, quiere disculparse con todos.
- ¿Conmigo también?
Erica se encogió de hombros, realmente de él no había dicho mucho:
- Me consta que sigue sintiendo muchas cosas por ti, pero... creo que está dolida contigo.
Fernando agachó la cabeza, sabía lo que había hecho en su momento, la defraudó eso estaba claro, asintió dolido. Ella lo abrazó, no quería verlo así.
Elisa llegó a casa aturdida por todo lo acontecido en el día, sentía que la cabeza la iba a explotar. Entró directamente a la cocina donde estaba Elena, está al verla sabía que algo pasaba:
- Un mal día,¿no?
Elisa agarró una manzana que había en el frutero de al lado de la nevera, dio un bocado y se encogió de hombros:
- Mal día no, pero sí complicado.
- ¿Lo volviste a ver?
Elisa sabía perfectamente a quién se refería, asintió, pero no quiso darle más importancia, aunque Elena quisiese ser su confidente, no dejaba de ser la mano derecha de César, no podía comentar nada de lo que había pasado con Fernando:
- Lo voy a tener que ver todos los días Elena, pero parece que él ha asumido la realidad.
César entró en la cocina, se acababa de duchar, su pelo estaba todavía mojado y revuelto. Parecía que tenía mala cara, miró a Elisa y después reparó en Elena:
- ¿Está ya la cena Elena?
- Sí, ahora os la sirvo en él porche.
César solo asintió y salió de la cocina sin decir nada más, Elisa miró a Elena con las cejas subidas. Se había ido sin decirla nada, estaba claro que algo pasaba. Elisa dejó la manzana y se dirigió al porche, César no se había sentado, estaba con una copa de vino mirando la piscina. Elisa tragó saliva y se acercó a él, estiró la mano para tocarle el brazo, pero enseguida se frenó, nunca le había visto así y no sabía como reaccionar:
- César, ¿Te pasa algo?
Él no la miraba, estaba misterioso, callado. Elisa movió los labios a ambos lados, se arrancó la cabeza con cuidado, estaba nerviosa, definitivamente se acercó a él y le acarició el brazo, por fin él reparó en ella:
- ¿Y a ti? ¿Te pasa algo?
Más que una pregunta era una acusación, o así sonaba. Elisa se quedó perpleja, pero intentó suavizar la situación:
- Siento no haber estado para comer, se me fue el santo al cielo.
- Esto está claro, desde que hemos venido de Bali no tienes tiempo para mí, me queda claro que soy lo último para ti.
Pasó por su lado dejándola atónita, ella se giró para mirarlo, se estaba sirviendo otra copa de vino. Elisa se acercó a él después de respirar hondo:
- Siento si he estado distraída, pero no es cierto que seas lo último para mí. César he tenido muchos cambios desde que salí de mi casa.
Se acercó a ella, parecía que lo que estaba diciendo causaba efecto en él, se estaba tranquilizando:
- ¿Dónde has estado hoy?
No había pensado en eso, no sabía que le iba ha decir, intentó pensar rápido y soltó lo primero que se la vino a la cabeza:
- La reunión fue larga, ya te lo dije, después quisieron ir a comer todos y... tuve que ir.
Su mirada pasó de incredulidad a furia, ella lo pudo observar. Entonces se giró y dio un golpe en la mesa, Elisa brincó asustada:
- Lo que me repatea es que me mientas, Elisa... estuve en el despacho de Fermín y ¿Adivina qué? Él estaba allí. No fue a comer a ningún lado, de hecho me dijo que había estado contigo en la cafetería y en la reunión, pero que luego desapareciste.
Elisa miró al suelo, pensaba en los estúpida que había sido al mentirle. Puso sus manos en la mano con la que él había golpeado la mesa:
- Perdón, en realidad fui a ver a una amiga, no te dije nada para no preocuparte, no quería que me regañaras.
César se giró e intentó tranquilizarse, la acarició las manos con dulzura:
- Yo no te tengo que regañar, no soy tu padre. Pero quiero que entiendas que puedes confiar en mí, que no me tienes que mentir Elisa, pensaba que confiabas en mí y hoy me he dado cuenta de que no, y créeme, eso me duele mucho.
- Confió en ti, pero se que no querías que revelase mi identidad a nadie. Esta amiga es muy especial para mí, me ayudo mucho cuando descubrí que Henrique era el padre de mi hijo. Me acogió en su casa y siempre ha estado ahí. Estuvo en la oficina y evidentemente me reclamó el haberme hecho pasar por muerta, no la podía dejar con la incertidumbre, me dolieron mucho sus palabras porque no eran ciertas. Y fui a su casa a aclararla la situación, me invitó a comer y me lié. Lo siento.
Él sonrió, sus ojos había vuelto a su color real, ya no había furia, hasta podría jurar que veía ternura. La agarró de la cintura y la atrajo hacia él:
- No me pidas perdón, me parece bien que hayas recuperado a tu amiga. Solo ve con cuidado, se que te sabes cuidar sola. Pero eso si...
- ¿Qué?
- Me debes una comida, juntos y solos.
Ella sonrió y él la besó con todas sus ganas, casi la devoraba, Elisa abrió los ojos, nunca lo había visto comportarse así a la hora de besarla. Sus manos comenzaron a bajar por la espalda de ella, llegaron a su trasero y allí las apretó, ella intentó alejarse, estaba incómoda con esa situación, pero él la volvió a atraer, las manos de ella cayeron en su pecho, sentía que la faltaba la respiración. Pero un carraspeo paró la escena, César se alejó sin mirarla a la cara, Elisa después de respirar agitada miró a Elena, estaba dejando la cena en la mesa. Enseguida termino y se retiró. Elisa se quedó parada sin saber que decir ni que hacer. César levantó la cabeza y la miró:
- Perdóname, me he pasado con el vino.
Ella negó con la cabeza quitando importancia a la escena anterior, se sentó a la mesa y él la acompañó. Ya no volvieron a pronunciar palabra en toda la noche. Ella sabía que tarde o temprano tendría que complacerle, iba a ser su marido y la quería. Pero en su mente solo estaba Fernando, no podía parar de pensar en él y eso la dolía y mucho.

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