Último adiós.

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Juan la miraba retándola, pero no podía contar nada más, aunque se moría de ganas de bajarla los humos:
- Yo no he dicho nada, tú estás sacando tus conclusiones.
- Sí lo has dicho, no me cabe la menor duda de que tú eres igual o peor que Henrique... pero... que vayáis ha hacer daño a un ser indefenso por capricho, me parece de vergüenza, pero vamos que eso vosotros no sabéis que es lo que es.
- Yo te deseo lo peor, eso lo sabes, eres la peor mujer.
Gisela lo miró con mala cara, no se podría creer el odio que la tenía ese hombre:
- No entiendo tanto rencor hacia mi, pero no me importa, no vas a volver a amedrentarme, nunca más.
- Eso ya veremos.
- Lo veremos.
Gisela se fue de la sala dejando a ese hombre solo, había sido valiente después de tanto tiempo, no sabía si el peligro de su bebé la había hecho más fuerte, pero le había plantado cara. Paró en mitad de las escaleras, se sentía débil después de todo, las piernas la temblaban, y la dieron unos pinchazos en el vientre, no le dio mayor importancia, se reincorporó como pudo y siguió su camino. Entró en la habitación de Samuel, él se abrazaba a Jessica, Gisela los miró, la daba mucha ternura esa escena, se querían mucho y Samuel era para Jessica como su hijo. Ellos se percataron de la presencia de Gisela, la miraron con simpatía, ella se acercó:
- ¿Por qué has tardado tanto Gisela?
- Estaba hablando con Juan.
- Ese es un desgraciado, se que ha sido él.
Gisela le miró, intentó tranquilizarlo:
- Se que es difícil, pero no tienes pruebas Samuel.
- No tengo pruebas pero te juro que las voy a encontrar, es que se que ha sido él.
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Porque anoche no estaba, no lo vi y justo me han dicho que ayer fue un señor a verla, es mucha casualidad.
- No es que no te crea, todo lo contrario, pero sabes que tienes que estar seguro.
- Yo se que las casualidades no existen, se que ha sido él y lo voy a averiguar.
Samuel salió de la habitación, Gisela miró a Jessica, ella la notaba extraña:
- Te noto extraña Gisela,¿Pasa algo?
- Juan me ha amenazado, bueno... no exactamente así pero... creo que tanto él como Henrique traman algo.
- Gisela no pienses eso, Henrique lo que quería era que volvieras con él y te alejases de...
Jessica se calló, intentó cambiar de tema pero no fue posible, Gisela bajó la mirada, había pena en su acción y Jessica se sentía culpable, se acercó a ella:
- Perdona, no quise...
- No te preocupes, se a lo que te refieres.
- Ya, pero tuve que ser más cuidadosa, no era mi intención recordártelo.
- Jessica no te preocupes, No se que será de él, llevo tanto sin verlo, y le echo mucho de menos.
- Normal mi niña y cuando...
- Cuando...¿Qué?
- Que cuando nazca el bebé más vas a recordarlo, pero sabes que te queda algo de él.
Gisela se tocó la barriga, se miró al espejo, y con ternura se acariciaba la barriguita:
- La verdad que siempre tendré algo de él, siempre.
Jessica la abrazó mientras miraba su gesto en el espejo, ya quedaba menos para que viniese al mundo el bebé y aunque Fernando no sabía nada, ella se alegraba de la emoción de Gisela.
Fernando y Thais llegaron a su destino, entraron a la entrada del hotel, un hotel de cinco estrellas lleno de lujo, Fernando se quedó mirando todo con detalle, un empleado les agarró las maletas y se las llevó, Fernando tras hacerle un gesto de agradecimiento con la cabeza prosiguió el camino, fueron a la recepción, una chica rubia con ojos claros le sonrió, Thais la miró con mala cara. Fernando la devolvió la sonrisa y comenzó ha hablar:
- Buenos días, tenemos una reserva.
La chica tomó los datos y les entregó las tarjetas que abrían la habitación, le dedicó otra sonrisa y prosiguió con el siguiente cliente.
Fernando abrió la habitación, la miró en toda su amplitud se quedó embobado, era muy grande, al fondo un tocador blanco con dos copas y un champán que por el aspecto no se veía barato, un sofá al otro lado del tocador, la habitación en color gris, de piel, la cama grandísima y encima pétalos de rosas Rojas, miró a Thais con duda en su mirada, Thais intentó quitar importancia a su mirada yendo hacia la ventana:
- ¿Has visto que vistas?
- Sí, veo todo.
- ¿Qué quieres decir con veo todo?
- Todo esto...
Dio una vuelta con las manos a la habitación, Thais hizo un gesto como que no entendía lo que decía:
- Thais, esto vale mucho dinero, ¿Cómo has pagado todo esto?
- Ya te dije que tenía dinero ahorrado y pues... qué mejor inversión que esto.
- Thais, es muy caro todo esto, ¿Tanto dinero ahorrado tenías?
Thais empezó a ponerse nervios, no sabía que contestar a eso, así que se acercó a él y poniéndose tierna le habló cerca:
- Mi amor, en lo mejor que lo puedo invertir es en ti y en mi, en nuestra felicidad, porque te quiero Fernando.
Fernando se quedó parado por unos segundos, no podía contestarla que la quería porque no lo sentía, todos esos momentos le recordaban a Gisela, no podía parar de pensar en ella, ni de pensar que quisiese estar con ella allí:
- Voy a llamar a Erica, a ver cómo está la niña.
Fernando se alejó de ella para agarrar el móvil y llamar, retirado de ella la dedicó una sonrisa tímida, y llamó a Erica. Thais se sentó en la cama de mala gana y apartando de un manoteado algunos pétalos de dijo para ella misma:
- Vas a ser mío, tarde o temprano tendrás que dejar de pensar en esa mujer.
Erica colgó el teléfono y se acercó a la niña, la empezó ha hacer carantoñas:
- Era tu papá, que te da muchos besitos, en poco tiempo están aquí.
Rafael entró en la casa, se acercó a ella, Erica lo miró, le sonrió y él se acercó a darla un beso:
- Estoy más cansado.
Se tiró en el sofá y Erica fue detrás a sentarse a su lado:
- Acaba de llamar Fernando, ya han llegado.
- Eso está bien.
Rafael se levantó y se fue a la cocina, sacó de la nevera una botella de agua y dio un sorbo. Erica con cara de sorpresa se levantó y quedándose a una distancia prudente le miró:
- ¿Qué?
- Nada, ¿Te molesta que se hayan ido de viaje?
- ¿A mi? ¿por qué me iba a molestar?
- No se... como se que sigues enamorado de Thais y ella se ha ido con Fer.
Rafa la miró y suspiró:
- No digas tonterías Erica, yo estoy contigo, te he dicho que me comprometo contigo, sabes que yo no me he tomado enserio nada, contigo es diferente, además... Thais se a casado con mi mejor amigo, más que eso, con mi hermano.
- Ya, por eso a lo mejor te has tenido que despedir de ella.
Rafael se acercó a ella y la agarró las manos, le dio un beso tierno en una de ellas. Él estaba enamorado de Thais, pero sabía que ya había hecho mucho daño, que Erica era lo que le convenía, aparte lo quería de verdad:
- Yo estoy contigo, te he sido sincero, sabes que eres especial para mi y que te quiero.
- Se que estás poniendo de tu parte, pero no se si es por obligación o porque...
- Es porque eres muy buena persona y porque me quieres de verdad, Erica se que me puedo enamorar de ti, solo necesito tiempo.
- Tienes todo el tiempo del mundo, sabes que yo te quiero desde siempre.
Rafael la abrazó con mucha ternura, realmente quería enamorarse de ella:
- Y cambiando un poco de tema... Fernando me contó que fuisteis a la casa de Henrique.
Rafael intentó evadir la conversación, se retiró un poco de su lado:
- Eee... si.
- Rafa, sabes que cometisteis una gran imprudencia, os podían haber visto.
- Pero no nos vieron.
- O eso es lo que os creéis.
- Intente que no fuese pero me dijo que solamente la iba a ver de lejos y así fue.
- Y sirvió de poco, porque se mosqueó con ella.
- La vio en el dormitorio de Henrique, o el suyo, no se bien... pero... estaba en camisón y...
- ¿Y?
- Pues no se... yo estaba esperándolo en el coche, pero él volvió mosqueado y no le hizo nada de gracia lo que vio.Según me contó... ella se estaba exhibiendo a él.
- Algo así me dijo a mi también.
- Está decepcionado.
- ¿Decepcionado? Él no tiene derecho a estar decepcionado, ni mucho menos ofendido.
- Me dieron ganas de gritarle a los cuatro vientos que ella estaba esperando un hijo suyo, pero me tuve que contener.
- No me quiero ni imaginar el calvario que tiene que estar viviendo Gisela, con ese hombre.
- Se que Fernando no tiene derecho a nada, pero él la quiere.
- La quiere pero la dejó en manos de ese hombre, que entiendo su situación, pero... también entiendo a Gisela, en nada se la notará el embarazo,¿Qué va a pasar? A veces pienso que tendríamos que decirle a Fer la verdad.
- ¿Qué conseguimos con eso?
- Pues... no se...pero si algún día Fer se entera de que le ocultamos que Gis estaba esperando un hijo suyo... no nos va a volver a mirar a la cara.
- Eso es a lo que nos arriesgamos, no lo hacemos por capricho, lo hacemos por el bien de los dos, en cualquier situación normal se lo hubiese dicho, pero yo conozco a Fernando, iría corriendo a donde Gisela, plantaría cara a Henrique y a todo el que se pusiera por medio, ¿Y que iba ha hacer? Casado con una mujer a la que no quiere, pero que está enferma y además es la madre de su hija, y enamorado de la mujer que espera un hijo suyo... la verdad no me gustaría estar en su pellejo.
Erica lo miró con duda, ella quería contarle a Fernando que Gisela estaba esperando un hijo suyo, pero la verdad era que todo se complicaría más de la cuenta:
- Se que ellos se van a encontrar más adelante, que la vida les va a cambiar.
- Yo no estoy tan segura.
- Erica, siempre has sido una mujer muy positiva, qué pasa.
- Pasa que tengo un mal presentimiento, se que algo va a pasar con respecto a ellos, algo malo.
- No pienses eso, lo malo ya pasó, ya no puede ir a más.
- Siempre puede ir a más.
Rafael negaba con la cabeza, sabía que ellos se querían y el echo de pensar que les iba a ir peor le erizaba la piel,quería pensar que todo tarde o temprano, más tarde que temprano, iba a salirles bien, muy bien.
Samuel llegó al centro donde su madre había fallecido, allí tenían capilla y la velarían allí. Se quedó parado de frente a ese gran edificio, las lágrimas le recorrían las mejillas, su madre se había ido sola que era lo que siempre él temió, no había estado a su lado. Respiro hondo y pasó dentro, recorrió el camino hasta la capilla casi sin mirar a nadie, no escuchaba, no veía, no quería ver a nadie, solo quería que este mal momento fuese una mentira. Tocó el pomo de la puerta y quedó parado, respiró hondo otra vez más, y pasó, no había nadie, solo el féretro de su madre al fondo, el pasillo era largo hasta llegar a él. Mientras andas por el camino hasta ella pensaba en todo lo bueno que le había dado, pensaba cuando era pequeño y ella le sonreía, le cantaba, su madre había sido una mujer alegre dentro de todas sus desgracias, pero ese hombre que se hacía llamar "papá" la había destrozado la vida, la volvió loca y ahí cambió.
Por fin llegó al féretro, se asomó con sigilo, su madre estaba dormida, parecía que estaba descansando por fin, él la agarró las manos y calló una lágrima en esa estampa, él miró una vez más a su madre, podía jurar que ella evocó una sonrisa, Samuel sonrió, su madre parecía que se iba feliz, que ya había conseguido todo en este mundo. Samuel besó su frente, se agachó y se quedó apoyado en su madre, pasaron unos segundos, alguien tocó su hombro, él se incorporó y se secó las lágrimas, un empleado con el pelo blanco que vestía de negro estaba mirándolo con cara de pena. Samuel se puso a su altura, el hombre con voz ronca se dirigió a él:
- Perdone, ya nos tenemos que llevar a su madre.
Samuel lo miró y volvió a mirar a su madre, seguidamente lo volvió a mirar:
- Sí claro.
- ¿Usted eligió incineración?
- Sí... si.
Se llevaron a su madre, no podía parar de llorar mientras veía que se iba, pasado unas horas le dieron la urna. Se quedó mirando a la nada, sentado con la urna en las manos, pensando o simplemente mirando.

 Se quedó mirando a la nada, sentado con la urna en las manos, pensando o simplemente mirando

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