Gisela Álvarez casada con un hombre mucho mas mayor, jamás a conocido el deseo, la pasión y mucho menos el amor.Hasta que llega a su vida Fernando Marín, un escolta que le pone su propio marido, el cual la hace sentir cosas que jamás imaginaba senti...
Gisela colocó todo en el armario, se había determinado que ella dormiría en la de matrimonio con Elena y César y su hermano dormirían en las camas individuales. Ya era casi la hora de cenar, César se acercó a ella que estaba terminando de colocar su ropa en el armario, Gisela al escucharlo se giró y sonrió, César estaba impecable, se había duchado y cambiado de ropa, unos bermudas blancos por encima de la rodilla agarrados por un cinturón marrón y una camiseta blanca de manga corta, no estaba muy moreno pero el blanco le sentaba genial: - ¿Tienes hambre? - No te lo vas a creer pero tengo un poco de sueño. - Es normal, por el jet lag, pero es mejor aguantar y así te acostumbras al nuevo horario. - Tienes razón, si tengo hambre la verdad. - Pues Elena y Edgar nos esperan en el restaurante, ¿Vamos? Gisela se quedó pensando, miraba al suelo, evidentemente César se dio cuenta y se acercó a ella, la agarró con dulzura la barbilla y se la levantó lentamente, por fin sus ojos estaban frente a los de él, César sonrió: - ¿Qué pasa? Te dejo que te cambies si quieres. - No es eso, es que... César esto ha tenido que costar muchísimo dinero, esta isla... es preciosa, el sitio, el avión privado, el restaurante... no se como te voy a pagar todo esto yo... - Tú nada, eres mi invitada y ya está, no te preocupes... Elisa -Esto lo dijo guiñándole el ojo- con gusto lo hago. - Es que me has comprado hasta ropa, César... - La verdad es que de eso tiene culpa Elena, fue ella, de verdad. - Pero con tu dinero César, te juro que si aquí hay algo que pueda hacer para ganar algo de dinero lo haré, pero no quiero que cargues con todo, ya bastante has hecho. - Ya se verá... de momento vamos a cenar, estás perfecta. Gisela sonrió, llevaba una camisa color marrón claro de media manga, la tela era fina de acuerdo con este tiempo, el pantalón era corto marrón con unas flores azules oscuras y a juego con la camisa unas sandalias del mismo color. La velada fue increíble, los cuarto hablaron, aunque Edgar seguía tirante con Gisela, la evitaba la mirada, pero ella pensó que iba ha hablar con él, era lo mejor. Por fin llegó la hora de irse a la cama, Elena ya estaba acostada y miraba a Gisela con su sonrisa eterna, Gisela ya la miró con su sonrisa: - ¿Qué pasa Elena? Nunca dejas de sonreír, me encanta tu actitud. - Pues tu sin embargo no sonreías, hasta esta noche... te he visto muy cómoda, ya te estás haciendo a César ¿no? Gisela se sentó en la cama: - La verdad es un encanto, no tengo ninguna pega de él, se está portando genial, pero la verdad... yo estoy un poco incómoda, me está pagando todo... se la ha jugado por mi, la verdad... no parece real. - Pues es real, al final os enamoraréis, lo sé. Gisela soltó una gran carcajada: - Ya hablamos, me contó lo que sentía por mi, y yo me siento muy halagada la verdad. - Pero... tú no estás enamorada de tu marido, me consta que él es un horror. - De mi marido no, pero... me enamoré del chofer que me puso, y viví un romance con el breve, pero intenso, muy intenso. Todavía le quiero Elena y eso lo sabe César. - ¿Por qué os separasteis? Si se puede saber. - Pues... muchas cosas, evidentemente que yo estuviese casada con ese monstruo no ayudaba, pero aparte él se casó. - ¿Se casó? ¿Con quién? - Com su exnovia, la verdad, no quiero seguir hablando de esto Elena. - Bueno, igual César es la oportunidad que la vida te ha puesto para que seas feliz y olvides a ese hombre, además... ahora lejos de todo, es mucho más fácil. - Pues no se... pero estoy un poco angustiada, no me quiero imaginar lo que sentirá o lo que pasará por su cabeza cuando le digan que he muerto, me decepcionó no te lo niego, pero no quiero que esté mal, no le deseo ningún mal. César salió del baño, su hermano estaba en la cama leyendo, César sabía que estaba enfadado así que intentó suavizar la situación: - ¿No me vas ha hablar? En la cena has estado esquivándome a mí y a Gisela. - ¿Qué Gisela? Será Elisa. César puso los ojos en blanco y se acercó más a él: - Siento haberte involucrado en todo esto, pero no quiero que te pase nada. - No me pasaría nada si no fuese porque te has encaprichado de esa mujer. - Ya hablamos de eso Edgar, y no es capricho, de verdad que la quiero ayudar, la hablé de mis sentimientos, la dije la verdad. - ¿Y? ¿Qué te dijo? - Ella no está ahora preparada para otra relación, pero yo no la he traído aquí para eso. - Quiero de verdad que seas feliz y ojalá ella te corresponda algún día, no te deseo nada malo y mucho menos a ella que ni si quiera la conozco. - Pues ella sabe que algo te pasa, se lo dijo a Elena. - Mañana hablo con ella, te lo prometo. Los dos hermanos se abrazaron. Rafa despertó temprano, no había conseguido volver ha hablar con su amigo, salió al salón y allí estaba Fernando, apoyado en el mostrador de la cocina, miraba a la nada y se notaba que no había dormido casi nada, Rafa se acercó pero Fernando no le miraba: - ¿No has dormido? - ¿Tú que crees? - Fernando... quiero hablar contigo, se que nada de lo que te diga va a valer, pero... no lo he hecho a malas, te lo juro. Fernando esta vez si lo miró, pero su cara era poco amigable: - No quiero oír nada más, me voy a ir de aquí. Fernando se iba a alejar cuando Rafa de malas se dio la vuelta y lo siguió, lo agarró del brazo y Fernando se giró: - No me puedo creer que estes así, te he pedido perdón de mil maneras, Fernando... eres como mi hermano, ¿Cómo puedes pensar enserio que quiero hacerte daño? - No quiero pensar, no quiero nada, solo quiero alejarme de aquí. Los dos hombres comenzaron a gritar, los gritos llegaron al resto de la casa y Erica salió abrochándose la bata y con cara de sueño: - ¿Qué os pasa? Vais a despertar a toda la casa. - Qué se despierten me da igual, ¿Puedes creer que se quiere ir de aquí? - Fer... Esta es tu casa, la casa de los dos, lleváis años juntos, no podéis terminar así. - Erica, no os voy a perdonar nunca lo que hicisteis, nunca, no quiero seguir viviendo aquí. - ¿El problema somos nosotros? No te preocupes, quédate que el que me voy soy yo. Erica abrió los ojos de par en par, miró a los dos hombres y después habló: - ¿Estáis hablando enserio? Sois amigos por Dios, Rafa no te puedes ir. - Me voy Erica, no quiero estar donde no se me quiere. Rafa se metió en el cuarto después de dar un portazo, Erica se dirigió a Fernando: - Rafa es muy bueno, no vas a encontrar a nadie así, no se como puedes pensar que lo hicimos a malas Fernando, pero ya reflexionarás. Erica se metió en el cuarto, Fernando se quedó mirando la puerta pero enseguida descartó la idea, entró en el dormitorio donde Thais estaba acunando a la niña, habló en voz baja para no volverla a despertar: - ¿Por qué dabais esas voces? La niña se a despertado, bueno y yo. - Estaba hablando con Rafa, se va de aquí. - ¿Hablando? Será discutiendo, no se habla a voces, ¿Cómo es que se va? - No se, se ira a casa con Erica o no se... pero ya no quiero tener tratos con ellos. - Son tus amigos, ¿Es por lo de Gisela? - No te voy a dar explicaciones Thais, me voy a dar una vuelta, me ahogo aquí. Rafa estaba furioso haciendo la maleta, Erica no paraba de mirarle, pero no sabía muy bien cómo hablarle, nunca había visto así de enfadado a Rafa. Finalmente le agarró el brazo con cuidado y trató de tranquilizarlo: - Rafa...¿Estás seguro? Él la miró, la agarró la mano con cuidado: - Es lo mejor Erica, Fernando ya no quiere saber nada de mi, yo sé que le fallé, mira... lo mejor es que me vaya de aquí, que poco a poco el piense y seguro que hablaremos y se solucionará, pero tengo que darle tiempo, tenemos que darle tiempo, no quiero que se agobie, ahora está pasando por un momento muy duro. - ¿A dónde vas a ir? Podrías venir a vivir conmigo. - ¿Enserio? ¿Quieres vivir conmigo? Soy un desastre. Erica comenzó a reírse, en esos días no se habían reído, Rafa se acercó a ella y la dio un beso dulce en los labios: - Sí quiero un desastre en mi vida, aparte también podrían venirse Samuel y Jessica, ahora mismo no tienen nada y bueno... para ayudar. - Eres buenísima Erica, mereces lo mejor. Erica sonrió y él la agarró en sus brazos y la besó profundamente. El día en la isla estaba espectacular, Gisela quería conocerla y decidió irse sola, se acercó a la recepción y alquiló una bicicleta, la habían aconsejado ese medio de transporte para ir por los caminos para adentrarse en ella. Comenzó a ir por los caminos hasta que llegó a la playa, se respiraba aire puro, mucha tranquilidad. La playa estaba despejada, de arena blanca y el fondo marino con mucho coral y peces. Gisela aparcó la bici y fue andando descalza y tranquila hasta la orilla, sus pies comenzaron a mojarse, un escalofrío de placer recorrió su columna, se sentó mirando a la nada, esta iba a ser su nueva vida. Podría acostumbrase a aquella maravilla, pero la hacía falta su hijo, y la hacía falta Fernando, se acordaba de él, no podía apartar de su mente, ¿Cómo se sentiría él cuando le dijesen que estaba muerta?. La verdad así se sentía, la niña que alguna vez fue la habían matado aquella noche, y la mujer que ella creía que era había muerto el día que salió de esa casa. Ahora era Elisa, una mujer nueva, que iba a luchar por conseguir a su hijo, y que iba a vivir con él, solo la importaba eso, su hijo. Llegó la noche, César estaba en el cuarto nervioso, Elena entró y lo vio a lo lejos, él se acercó deprisa a ella: - ¿Dónde está Gisela? - ¿No está aquí? No la he visto desde esta mañana. César se preocupó, Elena pudo ver la cara de preocupación, no entendía nada: - Tranquilo César, seguro que ha ido a dar una vuelta. - Ella no conoce nada aquí, ¿Por qué no has ido con ella? - Te vuelvo a decir que no la he visto, si me lo hubiese dicho hubiese ido con ella encantada. Se abrió la puerta, César respiró aliviado, era ella, el borde del vestido negro estaba mojado y los zapatos llenos de arena, César se acercó a ella, tenía cara de pocos amigos: - ¿Dónde estabas? - He ido a dar una vuelta. - ¿A dar una vuelta? He recorrido casi toda la isla y no te he encontrado. Gisela abrió los ojos de par en par y movió la cabeza incrédula, después habló sin entender muy bien: - He alquilado una bicicleta, y he recorrido la isla, quería conocerla y me he parado en una de sus playas, y la belleza me a envuelto, me he dejado llevar por mis pensamientos y se me ha pasado la hora, perdona. - No pidas perdón, pero te rogaría que la próxima vez avises. - No sabía que tenía que dar explicaciones. César miró a Elena que incrédula lo miraba, negó con la cabeza, César volvió en sí, no tenía derecho a reclamarla nada, pero se había asustado: - No tienes que dar explicaciones Gisela, solo que me he asustado. - Estamos lejísimos César... He estado encerrada mucho tiempo, simplemente he querido respirar un poco. - Te entiendo, perdona. César salió de la habitación, Gisela se giró mientras veía cómo se iba, incrédula todavía miró a Elena, esta negó con la cabeza y se acercó a ella, la agarró la mano intentando calmar la escena que unos segundos antes habían vivido: - No se lo tengas en cuenta se preocupa por ti. - No entiendo nada Elena, solo he ido a conocer la isla, no quiero estar encerrada, otra vez no. - Él no te quiere tener encerrada, igual solo quería que le hubieses dicho donde ibas, solo eso. Cámbiate y vamos a cenar, estate tranquila. Elena la dio un beso tierno en la mano y salió de la habitación, Gisela seguía sin entender nada, se sentó en la cama casi dejándose caer, negaba con la cabeza, no podía dejar esto así, no después de todo lo que había hecho César por ella, lo que menos quería es que él pensara que era una ingrata. Gisela terminó de arreglarse, lo hizo lo antes posible ya que la estaban esperando para cenar y lo que menos quería es que la siguiesen esperando. César estaba inquieto, movía su tenedor de un lado a otro de la servilleta, Edgar no paraba de mirarlo, no sabía que pasaba pero se suponía que era algo relacionado con su nuevo capricho, a lo lejos lo vio, el capricho se acercaba rápido a donde ellos estaban sentados, un pantalón corto blanco y una camisa de rayas azul y blancas había elegido ella para esa noche, su pelo liso ondeaba con el suave aire que corría, era hermosa eso no se podía negar y Edgar estaba entendiendo el capricho de su hermano. Gisela por fin llegó a la mesa, no entendía esos nervios que recorrían su estómago, miró a Elena y la dedicó una sonrisa, después a Edgar, que evidentemente no se la devolvió, y finalmente a César, este hizo una mueca que no llegó a ser sonrisa: - Ya podemos pedir. Gisela abrió los ojos de par en par mientras tomaba asiento, y sin pensar habló: - ¿Me estabais esperando para pedir? César y Elena asintieron, pero Edgar no fue tan simple, tenía que poner la guinda a esa noche: - Claro, nosotros tenemos educación, y cómo no íbamos a esperar a la niña bonita.
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