Gajes del existencialismo

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[Día siguiente]...

—¡Por fin, tía! —exclamó Alba levantándose de la mesa y procedió a saludarla con un beso—. ¡No pude pegar bien el ojo pensando en cómo acabaría la cosa entre ustedes! ¿Se lo dijiste?

—Sí, ya lo sabe todo.

—¡¿Y qué pasó?! —agregó intrigada y tomó asiento nuevamente—. ¡Marcia, mujer, hazme el bendito favor de sentarte y contarme de una vez por todas cómo diablos sucedió todo!

La pelirroja se echó a reír y se sentó frente a ella. —Alba, abandona esa sed de chisme que cargas por lo menos por el día de hoy.

La española rió y le respondió con seguridad. —Ah, déjame adivinar. Tu semblante risueño lo dice todo, te fue de maravilla. —le sonrió—. Por eso ni siquiera me llamaste ni te dignaste a escribirme para contarme cómo te había ido. —le recriminó con tris de ironía—.

Marcia se echó a reír muy despacio y asintió con un ademán. —Es correcto, acabas de decir la razón por la que esta vez no te busqué llorando. —ambas emitieron un par de carcajadas—. Por primera vez Esteban y yo no acabamos mal después de discutir un tema no muy agradable para ninguno de los dos.

La española hizo señas de celebración con sus manos sonriendo. —¡Ves! ¡No era para tanto! ¡Ese maldito pesimismo que te cargas es el que no te deja respirar en paz!

—Tienes razón, francamente estaba convencida de que las cosas se iban a ir al carajo.

—Para tu buena suerte no. —volvió a sonreír—. Para tu buena suerte Esteban comprendió perfecto la situación, ¿no?

—Sí, incluso me sorprendió un poco. Aunque, ¿no sé realmente de qué me sorprendo? Él toda la vida ha sido un hombre con una mentalidad abierta, liberal para nuestra época.

—¿En serio?

—Así como lo oyes. Bueno, ya sé que Esteban no es santo de tu devoción pero sí te tengo que decir que cuando éramos novios hablábamos de muchos temas y algunas de sus opiniones eran un poco controversiales. Más bien, en ese momento a mí me parecían controversiales, pero ahora me doy cuenta de que unas no eran más que acertadas y otras también válidas.

—¿Temas como por ejemplo?

—Política, Religión, temas sociales más que todo.

—¿Tan jóvenes y hablando de esas cosas?

—Fíjate que sí. —contestó la pelirroja sonriendo—. Y a cada rato.

Alba hizo una mueca de hastío y exclamó en broma. —¡Ay, no! ¡¿Acaso no les daba sueño ese tipo de conversaciones?!

Marcia rió. —No, para nosotros era muy entretenido.

—No, tía, con todo el respeto. ¡Qué novios tan aburridos eran tú y Esteban!

—¡Oye, párale a tu crítica! ¡No subestimes nuestro noviazgo!

Las dos se echaron a reír.

—Puede sonar aburrido pero no lo era. —reafirmó Marcia y soltó una leve carcajada—. Sobre todo porque muchas veces teníamos opiniones distintas, principalmente cuando se trataba de religión. Es que imagínate, yo, una joven criada en un orfanato por monjas, más católica no podía ser. En cambio él creció de manera más libre, y pues, de repente chocabámos.

—¿Se peleaban por eso?

—Bueno, pelear pelear, no. Más bien debatíamos.

Alba se echó a reír y exclamó en tono burlesco —¡Un par de chiquillos discutiendo por religión! ¡Hmm, suena interesante!

Mi vicio y mi condenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora