Treinta a veces equivale a cuarenta III

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Eran aproxidamente las tres de la madrugada cuando el moreno ingresó a su habitación. Encendió las luces de su recamara y al percibir un leve ruido, Marcia se removió abriendo sus ojos bastante adormilada.

—¿Qué hora es? —preguntó ella con su voz más grave de lo normal y bostezó—.

—Las tres... —respondió él y se sentó en el borde de la cama—.

—¿Y Rafa? ¿Dónde está?

—Míralo ahí... —señaló la cuna—. Se durmió como a las doce y media y enseguida lo vine a acostar.

—¿En serio? —expresó la pelirroja sentándose sobre la cama—. No me di cuenta de nada.

—Eso era imposible, estabas tan dormida que ni un meteorito te despertaba.

Marcia medio rió y lo cuestionó intrigada. —¿Y tú por qué te vienes a acostar a esta hora? Si dormiste a Rafael desde hace mucho rato.

—Pues, —pronunció él mirándola a los ojos—, cosas que pasan... —concluyó riendo muy despacio—.

Ella sonrió sintiendo mucha curiosidad y se acercó a olfatear su cuello. —Hueles a whiskey... ¿Estás borracho?

Al escuchar su cuestionamiento, el moreno volvió a reír suavemente y negó con su cabeza. —En lo absoluto.

—Hmm... —lo encaró la pelirroja incrédula—, claro que sí. Así como dice Hugo, el primer síntoma de un borracho es no aceptar que está borracho.

Él volvió a reír un poco fuerte y le contestó frotando su melena rojiza. —A ver, te voy a contar lo que sucedió...

—A ver, hable ahora o calle para siempre, señor.

—Gaspar y Lucía me convencieron de que me quedara con ellos un ratito más y sin querer nos emocionamos tanto que fui a buscar una botella de whiskey, hasta ahora que nos la terminamos.

—Ahhh, entonces según tú, estás emocionado, no borracho.

—Exactamente. —se echó a reír el moreno palpándole la nariz y ella también se dejó contagiar de su risa—.

—¿Y Gaspar? ¿No me digas que se fue manejando así de tomado a esta hora?

—No, le propuse que se quedara en la habitación de huéspedes hasta que amaneciera y aceptó. Aunque al principio estaba de terco queriéndose ir.

—Perfecto, fue lo mejor. Es más, hasta a mí me conviene que se haya quedado porque necesito hablar con él, le voy a jalar las orejas.

—¿A jalar las orejas? ¿Por qué?

—Porque últimamente anda molestando a Alba y a ella le disgusta, le incomoda mucho.

—¡Ahh, caray! —exclamó Esteban sorprendido y rió por milésima vez—. ¡Ese bandido definitivamente no cambia!

—Nunca, al parecer nunca lo va a hacer... —admitió ella también riendo—.

Por un instante, Esteban se detuvo a observarla con una sonrisa tierna y de repente, tuvo el impulso de lanzarse a sus labios.

Una fogosa y electrizante sensación se expandió en el sistema nervioso de la pelirroja y al experimentar aquello, sonrió con sastisfacción.

Él se giró un poco más con la intención de ubicarse frente a ella y cuando finalmente lo logró, la estrechó contra su musculatura, sin despegarse de su boca ni por un segundo, y la dejó caer sobre la cama.

Marcia emitió un débil jadeo al chocar contra las sabanas e inconscientemente separó sus piernas para rodear la cintura del moreno mientras acariciaba con un tanto de rudeza su espalda.

Mi vicio y mi condenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora