La lluvia sigue acarreando buenos recuerdos

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[...]

[9:05 pm]...

[Casa Lombardo]...

Al ingresar a la mansión, la pareja se topó con su hija quien minutos atrás estaba en su estudio de fotografía y ahora se encontraba rondando por la sala.

-¿Qué les pasó? -preguntó curiosa y a la vez preocupada-. ¿Por qué llegan a esta hora?

-No nos pasó nada malo. -agregó Esteban-. Yo me tuve que quedar en la empresa trabajando en algo y tu madre quiso acompañarme.

Matcia volteó a verlo y sin poder evitarlo, sonrió cínicamente. -Exacto, fue un trabajo realmente duro. Gracias a mi ayuda pudiste terminar más rápido.

-Totalmente. -aseguró devolviéndole la misma sonrisa-. Gracias a ti terminé con éxito la jornada. Ah, y gracias por no dejarme morir en el intento.

-Los estuvimos esperando para cenar, pero al ver que no regresaban Hugo y yo le pedimos a Esperancita que nos sirviera. Teníamos hambre.

-No te preocupes, hija. -expresó la pelirroja-. Hicieron lo que tenían que hacer.

-Así es. -afirmó el moreno encarando a Marcia-. Mi amor, le pediré a Esperancita que nos sirva a nosotros también.

-Ay, sí. -asintió-. Ve a buscarla, me estoy muriendo de hambre, Dios mío.

-¿Pero no entiendo por qué no solicitaron un domicilio en alguna App para comer en Lom-Ent? Yo en su lugar hubiera mandado a pedir una hamburguesa, pizza, algo, cualquier cosa.

-Lucía, tu padre y yo desconocemos cómo funcionan esas aplicaciones en donde se puede pedir comida. Además, nos centramos tanto en todo el trabajo que debíamos hacer que tampoco se nos ocurrió la idea de intentar buscar una.

-Bueno, al parecer me tocará enseñarles a usar por lo menos una de esas aplicaciones para que se actualicen y no aguanten hambre. -rió-. Hay que ponerse a la moda, mamá.

La pelirroja se echó a reír ante la ingenuidad de su hija y asintió. -Tienes razón, hija. Hay que estar a la vanguardia.

-Mamá, ¡¿puedes creer que ando como loca buscando una cadena de oro que tiene como cinco años?! ¡Pero no la encuentro! -se lamentó-. ¡Ay, no! ¡Tan perfecta que me quedaría con este outfit! -bajó su mirada y se reparó-. Por cierto, ¿cómo me veo? ¿Combinan estas botas plateadas con mi outfit nocturno?

-Sí, te combinan bastante bien, y tú te ves hermosa. ¡Es que tú eres hermosa, por Dios!

-Gracias, má. -hizo un corazón con sus dedos sonriendo-. Te amo.

-Hija, aprovechando que estás aquí, ¿cómo es que se llama la banda que irás a ver con Hugo?

-No es una banda como tal, más bien, un dúo músical. Son dos hermanos, una mujer y un hombre, se llaman Jesse y Joy. La que se encarga de cantar es Joy.

-¿La que canta?

-Sí, ella es la que canta.

-A ver... -contestó confundida-. ¿No se supone que Jesse es la mujer y Joy es el hombre?

Lucía explotó de la risa y negó con su cabeza casi sin poder hablar. -¡No! -a duras penas pudo exclamar aquello mientras sentía que se ahogaba-.

Ella, dejándose contagiar por las incontables carcajadas de su hija comenzó a reír. -¡Lucía, por Dios! ¡Te vas a hacer pis!

-¡Ay, mamá! -exclamó nuevamente entre risas-. ¡Me hiciste la noche!

-Bueno, -se echó a reír encogiéndose de hombros- nada más fue una pregunta, no soy ni maga ni adivinadora para saberlo todo. Según mis oídos, Joy me suena más a nombre de chico que de chica.

Mi vicio y mi condenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora