Capítulo Especial III

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Octubre 1997

Lom-Ent

Esa mañana en particular el nuevo presidente de Lom-Ent olvidó desearle los <<buenos días>> a su secretaria. Atravesó el pasillo que conectaba con su oficina, caminando lento con la mirada fija y sin voltear a ningún lado.

—Bueno, soy su secretaria, no su esclava. —murmuró Marcia cuando Esteban cerró la puerta de la oficina—. Merezco tan siquiera los <<buenos días>>, ¿no? —se interrogó entre susurros bastante inconforme—. ¡Ay, bueno, mejor así! ¡Ni falta que me hace su mugre saludo! ¡Si hasta mal me cae! —exclamó un poquito más fuerte para sí misma y sin poder evitarlo, rió con cierta suspicacia—.

[...]

La mañana transcurría aparentemente normal. Sin embargo, el teléfono de la castaña no sonaba y aquello en cierta medida la desconcertaba, ya que su jefe solía llamarla constantemente para pedirle que agendara citas o que ingresara a su oficina para explicarle una que otra tarea asignada.

En medio de su desconcierto, oyó de repente el timbre de su teléfono. Se trataba de un amigo del moreno solicitando hablar urgentemente con él.

—Buenos días, presidencia Lom-Ent. ¿En qué le puedo servir?

—Buenos días, necesito a Esteban. ¿Es usted su secretaria?

—Sí, soy yo, Marcia Cisneros. ¿En qué le puedo servir?

—Mire, es que estoy intentando comunicarme con Esteban, pero parece que se lo tragó la tierra. Desde ayer le he hecho mil llamadas a su número personal, le mandé un mensaje a su bíper, incluso esta mañana un fax, y nada. ¿Él se encuentra en su oficina?

—Sí... —asintió ella un poco extrañada por la situación—. Justo está aquí, en su oficina.

—Perfecto, entonces infórmele que su amigo Gaspar lo necesita con urgencia y que me marque apenas pueda.

—Perfecto, eso haré.

—¡Muchas gracias, señora! ¡O señorita por si aún no está casada! —afirmó él con un acento bastante regiomontano y cortó la llamada—.

Por el desesperado tono de voz de aquel joven, Marcia se convenció de que sí o sí debía ser algo importante, así que no vaciló ni un sólo segundo en levantarse de su escritorio y dirigirse hacia su jefe.

[...]

Oficina de presidencia

La castaña empujó la puerta y de golpe se enfrentó con un Esteban que parecía estar completamente dormido. Uno de sus brazos, el izquierdo para ser más exactos, estaba sobre la mesa de su escritorio mientras su rostro se apoyaba en él cubriéndose por completo.

Por un momento ella dudó en abrir su boca para ponerlo al tanto de la información que acababa de recibir porque creía que despertarlo sería imprudente. Pero, no fue necesario pronunciar tan siquiera una palabra porque justo en ese instante, el moreno, al sentir la presencia de alguien dentro de su oficina, levantó inmediatamente su cabeza.

—¡Señorita! —exclamó confundido y procedió a limpiar rápidamente sus lágrimas —. ¿Qué... qué está haciendo aquí? —bajó su mirada hacia la fotografía que sostenía su mano derecha y de forma ágil la puso sobre su escritorio—.

Marcia también observó la fotografía. No obstante, su intento por descubrir de qué se trataba resultó en vano. Esteban la había ubicado tan inteligentemente bien que lo único que se podía ver era la parte trasera blanca del papel impreso.

—Señorita... —volvió a expresar él y ella lo encaró, fingiendo no haber visto nada—. ¿Sucedió algo? ¿Por qué está aquí? —la cuestionó nuevamente y resonó su nariz despacio—.

Mi vicio y mi condenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora