Treinta a veces equivale a cuarenta

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[...]

[Horas después]...

[Noche]...

Como era de costumbre, cada vez que Gaspar regresaba a la ciudad de México y visitaba la casa Lombardo, una cena de bienvenida se preparaba en honor a él.

Después de haber elegido el menú que deseaba, Marcia se dirigió a su habitación para tomar un baño y alistarse. Esa noche en particular quería lucir más bella que nunca. Desde que había dado a luz llevaba mucho tiempo sin arreglarse como acostumbraba.

De repente, su vida se había reducido exclusivamente a ser madre. A amamantar un sin fin de veces al día, a crear bancos de leche materna, a desvelarse madrugada tras madrugada, a hacer siestas por las tardes, a ocuparse de las necesidades básicas de Rafael, y por último, de las suyas. 

Por supuesto que Esteban también cumplía con su rol de padre, pero, no con la misma dedicación que ella. No porque no lo quisiera, de hecho, el no estar disponible las veinticuatro horas del día para su hijo era algo que lamentaba, e incluso hasta en cierto punto, le frustraba. Sin embargo, entendía que las cosas no siempre podían ser como las anhelaba y que a veces era necesario hacer uno que otro sacrificio.

Justo en aquel momento, luego de que meses atrás Lom-Ent quedara sumergido en un pésimo estado financiero, era cuando más se necesitaba de su hábil liderazgo y experiencia para que la empresa pudiera recuperarse del todo.

Aun cuando el juez le exigió a Iñaki la restitución del dinero del fraude que elaboró contra la compañía Eventos Mágicos, el español, con ayuda de su abogado, dio su última estocada asegurando con una falsa evidencia que no tenía el poder adquisitivo suficiente para realizar dicha devolución. Ni siquiera el uno por ciento del dinero.

Como acto de retribución hacia la víctima, la justicia mexicana aumentó la condena de Iñaki y ordenó que todos sus bienes pasaran a ser legalmente propiedad de Esteban.

Beneficio que el moreno se negó a recibir.

A pesar de que Marcia intentó convencerlo en más de una ocasión para que lo aceptara, su implacable orgullo y la gran aversión que sentía por él no le permitieron tan siquiera contemplarse la idea. Le repugnaba poseer algo proveniente de él.

[...]

[Meses atrás]...

—Esteban, es algo que te pertenece. ¡Ese desgraciado te robó muchísimo dinero!

—Lo sé, Marcia. Pero ya te dije que no quiero nada de eso. ¡Nada que provenga de ese cabrón infeliz! No me interesa su maldito coche ni su departamento.

—Es que, no tienes por qué quedarte con ellos. —le refutó ella de manera apacible para persuadirlo—. Ponlos en venta e invierte el dinero en Lom-Ent. 

—Quizás tengas razón, ese dinero podría serle útil a la empresa. ¡Pero me genera tanto asco la idea de aceptarlo y luego utilizarlo! —confesó con desdén—. Así que no, —negó con su cabeza— no lo pienso hacer. Por mí que se lo quede el estado.

—¿El estado? —lo cuestionó la pelirroja interrumpiéndolo—.

—Sí, eso haré, se lo donaré al estado. —afirmó el moreno completamente convencido—. Porque a ver, tampoco voy a ser tan pendejo como para quedarme de brazos cruzados, sin hacer nada al respecto. Así como él quiso arruinarme y me robó gran parte de lo que había construido durante años, yo también le pagaré con la misma moneda. Exigiré todos sus bienes y cuando los tenga, se los daré al estado para causas sociales.

Mi vicio y mi condenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora