50

329 18 0
                                        

Iri

La puerta del departamento se cerró tras nosotros, y me dejé caer en la cama con el corazón aún latiendo como un tambor. Fermín estaba sentado en el pequeño escritorio junto a la ventana, golpeando suavemente los dedos sobre la madera. La nota seguía arrugada en su mano, como si fuera una serpiente que podría morderlo en cualquier momento.

—Seguro que cerraste bien? —pregunté por quinta vez en los últimos 3 minutos.

—Sí, Iri. La puerta está cerrada con llave. Nadie va a entrar.

Quería creerle, pero la sensación de estar vigilada no desaparecía. Desde el pasillo, escuché el ruido de pasos apresurados. Antes de que pudiera siquiera pensar en otra teoría paranoica, Guada irrumpió en la habitación con su cabello todavía húmedo por el sudor de la fiesta.

—Qué está pasando aquí?! —preguntó, mirando alternativamente a Fermín y a mí como si acabara de interrumpir una conspiración.

—Marcos está rondando otra vez —respondió Fermín antes de que yo pudiera siquiera abrir la boca.

Guada dejó caer su bolso al suelo y se cruzó de brazos.

—Marcos? Tu ex tóxico? El mismo que Pablo casi mata la última vez?

—El mismo —confirmé con un suspiro, llevándome una mano a la frente.

—Y qué sorpresa! Aparece justo cuando Pablo no está acá. Qué valiente —soltó Guada con sarcasmo mientras se sentaba en la cama de al lado—. Llamaron a alguien?

—Sí, Pablo —dijo Fermín con una sonrisa satisfecha, claramente disfrutando de la reacción que sabía que Guada tendría.

—Qué?! —exclamó ella, casi saltando de su asiento—. Y cómo se supone que va a ayudar si él está en Inglaterra?

—Está tomando un vuelo ahora mismo —respondió Fermín, encogiéndose de hombros.

—Claro, porque todo se soluciona con vuelos de último minuto —dijo Guada, rodando los ojos. Luego se giró hacia mí—. Y tú qué opinas de todo esto, Iri?

No sabía qué responder. Parte de mí se sentía aliviada de que Pablo viniera, pero otra parte estaba aterrada de lo que podría pasar. Marcos no era alguien que se rendía fácilmente, y la última vez que él y Pablo se enfrentaron... bueno, no terminó bien para nadie.

—No sé. Solo quiero que esto se termine —dije finalmente, frotándome las sienes.

Guada suspiró y se levantó, caminando hacia la ventana para correr la cortina y mirar hacia el exterior.

—Más vale que termine rápido, porque si Marcos está por acá, no creo que se quede tranquilo.

—Crees que debería hablar con algún abogado? —pregunté, más como un pensamiento en voz alta que como una pregunta real.

—No es una mala idea —respondió Fermín—, pero dudo que puedan hacer mucho sin pruebas. Esa nota... —levantó el papel arrugado—... es todo lo que tenemos, y no dice mucho.

El silencio cayó sobre la habitación mientras los tres procesábamos lo que eso significaba.

—Bueno, yo digo que no dejamos que nos arruine la noche —dijo Guada de repente, girándose para mirarnos con una sonrisa pícara—. Marcos no tiene el poder de hacer que nuestras vidas se detengan.

Fermín soltó una risita.

—Me gusta tu actitud. ¿Qué propones?

—Propongo que comamos algo, veamos una peli y nos relajemos. ¿Qué tal? —respondió Guada, ya buscando su bolso para sacar un paquete de galletas que había escondido.

—Y si aparece? —pregunté, aún sintiéndome como una presa a la que acecha un depredador invisible.

—Y si aparece, Fermín lo golpea con esa lámpara ridícula que compraste hace unos días —dijo Guada con una risa burlona—. O mejor aún, lo reportamos a seguridad. Dale, Iri, no podés vivir con miedo.

No estaba completamente convencida, pero tenía razón en una cosa: no podía dejar que Marcos controlara mi vida. Así que asentí lentamente y me obligué a sonreír.

Pasamos las siguientes horas viendo una comedia romántica que Guada eligió (aunque nadie le prestó demasiada atención). Fermín y ella se dedicaron a hacer bromas estúpidas sobre los personajes, y por un momento me sentí casi normal otra vez.

Fue entonces cuando mi teléfono vibró sobre la mesita de noche. Lo agarré rápidamente, esperando que no fuera otra mala noticia. Pero cuando vi el nombre de Pablo en la pantalla, sentí un pequeño nudo de nervios en el estómago.

—Qué dice? —preguntó Guada, asomándose por encima de mi hombro.

—Acaba de aterrizar —respondí, leyendo el mensaje.

—Pues bien, supongo que eso significa que la cosa se pondrá interesante pronto —dijo Fermín con una sonrisa traviesa.

Lo miré, tratando de encontrar la calma que parecía irradiar. Pero en mi mente solo había una pregunta: Qué pasaría cuando Pablo llegara?

-----------------
Bueno vamos con otro🙌🏼
Las leo!
by: vene💋

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora