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Iri

El ambiente en el equipo argentino de vóley estaba en su punto más tenso. Iri seguía siendo la favorita del público, la "jugadora de oro", como la llamaban en redes sociales, pero dentro del equipo, las cosas estaban lejos de ser perfectas. Fernanda Quiroga, con su orgullo herido y una actitud cada vez más hostil, hacía todo lo posible por mantener a Iri relegada.

En redes sociales, los fanáticos estaban furiosos. Videos y comentarios de personas analizando la decisión de Fernanda de no dejar jugar a Iri en el partido anterior se volvían virales. Los hashtags #JusticiaParaIri y #FueraFernanda inundaban las plataformas. Incluso algunos jugadores y exjugadores profesionales se sumaron al debate, señalando que dejar fuera a una jugadora como Irina D'Angelo en un momento tan crucial era simplemente un desperdicio de talento.

Pero a pesar del apoyo del público, Iri se sentía atrapada. Cada día en los entrenamientos era más difícil.

Esa mañana, al llegar al gimnasio, notó algo extraño. Mientras sus compañeras ya estaban en la cancha calentando, Fernanda estaba esperándola en la entrada con los brazos cruzados y una expresión dura.

—D'Angelo, no hace falta que entrenes hoy. —dijo, sin siquiera parpadear.

Iri se detuvo en seco, mirándola con incredulidad.

—Perdón? —preguntó, tratando de mantener la calma.

—Ya escuchaste. —respondió Fernanda, inclinando ligeramente la cabeza. —No necesito que una jugadora distraída y problemática entorpezca el entrenamiento del equipo.

El gimnasio entero se quedó en silencio. Las chicas dejaron de calentar, sus miradas alternando entre Fernanda e Iri, esperando el desenlace de la situación.

—Con todo respeto, esto es ridículo. —dijo Iri, dando un paso adelante. —Distracción? He estado en el banco desde el último partido, y ahora ni siquiera puedo entrenar. Qué se supone que haga? Mirar cómo el equipo se hunde mientras yo me siento en una esquina?

Fernanda arqueó una ceja, claramente molesta por el tono de Iri.

—No voy a discutir esto contigo. Si tienes problemas para aceptar decisiones técnicas, quizás deberías replantearte tu lugar aquí.

Eso fue la gota que colmó el vaso.

—Mi lugar?! —exclamó Iri, su voz resonando en el gimnasio. —Soy la capitana de este equipo. Me he matado entrenando, viajando y poniendo todo por Argentina. Y ahora me estás diciendo que debería replantearme mi lugar? Por qué? Porque tengo una relación con alguien que no te gusta?

Fernanda apretó los labios, claramente incómoda con la mención de Pablo.

—Esto no tiene nada que ver con eso. —replicó ella, aunque su tono la delataba.

—Claro que lo tiene. —Iri avanzó otro paso, su rostro ardiendo de frustración. —No podés soportar que alguien en este equipo reciba atención que no sea la tuya. Pero déjame recordarte algo, Fernanda: este deporte no se trata de vos. Se trata del equipo. Se trata de ganar. Y lo único que estás logrando es arruinarlo para todas.

Un murmullo recorrió el gimnasio. Las compañeras de Iri se miraban entre sí, incómodas pero visiblemente de acuerdo con ella.

Fernanda, sin embargo, no cedió.

—Esto no es un debate, D'Angelo. Si no puedes seguir las reglas, quizás este no sea tu lugar.

—Perfecto. Pero recuerda algo. —dijo Iri, con la voz más firme que nunca. —No soy solo yo la que está viendo cómo arruinas este equipo. Son todas ellas. —Señaló a sus compañeras. —Y todos los que nos ven desde afuera. Tarde o temprano, alguien te va a pedir explicaciones.

Sin esperar una respuesta, Iri dio media vuelta y salió del gimnasio, dejando a Fernanda y al equipo en un silencio sepulcral.

Cuando llegó al hotel, Iri estaba temblando de la rabia. Pablo, quien tenía entrenamiento por la tarde, estaba en su habitación cuando ella entró casi tirando la puerta.

—Qué pasó? —preguntó él, poniéndose de pie al instante.

—Fernanda. —respondió Iri, dejando caer su bolso al suelo. —Me dijo que no entrenara! Que no soy necesaria!

Pablo cruzó la habitación en dos pasos, abrazándola con fuerza antes de que pudiera derrumbarse.

—Esa mujer está loca. —murmuró él, acariciando su cabello. —No puede tratarte así.

—Lo está haciendo. Y no sé cuánto más puedo soportarlo, Pablo. —admitió ella, hundiendo el rostro en su pecho. —Me estoy quedando sin fuerzas.

—No. —dijo él, levantando su rostro con suavidad. —Tú eres la persona más fuerte que conozco. No dejes que esa mujer te quite lo que amas.

—Y qué hago? —preguntó ella, desesperada.

—Por ahora… respira. Descansa. Y después, peleamos juntos. —Pablo le sonrió, y aunque el peso en su pecho no desapareció por completo, Iri sintió una pequeña chispa de esperanza.

Esa tarde, las redes sociales volvieron a estallar. Alguien del equipo había filtrado un video de la pelea entre Iri y Fernanda en el gimnasio, y los fanáticos no tardaron en tomar partido. La mayoría apoyaba a Iri, señalando que era absurdo que una jugadora de su nivel estuviera siendo tratada de esa manera.

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora