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Iri

El tercer set había sido una batalla épica, y el marcador final lo confirmaba: Argentina había ganado. Contra todo pronóstico, el equipo había remontado un partido que parecía perdido desde el principio, liderado por una Irina D’Angelo que había dejado el alma en la cancha.

El pitido final resonó, y todo el estadio explotó en vítores. El equipo argentino corrió a abrazar a su capitana, envolviéndola en un mar de lágrimas, risas y euforia. Iri, completamente agotada, se dejó caer de rodillas en el suelo, con las manos en el rostro, mientras las emociones la inundaban.

Había jugado el partido de su vida. Su cuerpo estaba agitado, los codos y las rodillas raspados, y su voz completamente ronca de tanto gritar, pero eso no importaba. Lo único que podía sentir en ese momento era alivio, felicidad y una liberación emocional tras todo lo que había soportado en los últimos días.

Las cámaras la enfocaban, los fanáticos coreaban su nombre, y sus compañeras no dejaban de rodearla, abrazándola y alzándola como la heroína que era.

—Lo hiciste, capitana! Lo hicimos! —gritaba Guada, levantándola del suelo para abrazarla.

Iri sonrió entre lágrimas, sin poder articular palabras. Todo lo que había pasado con Fernanda, las humillaciones, las dudas, las noches en vela, todo quedaba atrás en ese momento de gloria. Habían pasado a la final, y todo gracias al esfuerzo colectivo, pero especialmente a su liderazgo.

Mientras el equipo celebraba en la cancha, las cámaras seguían grabando cada instante. Los fanáticos en las gradas no paraban de ovacionar, y los periodistas ya escribían titulares sobre el renacimiento de Argentina en los Juegos Olímpicos gracias a su capitana.

Entre la multitud, Iri buscaba algo… o mejor dicho, a alguien. Sus ojos recorrieron las gradas frenéticamente, hasta que lo vio: Pablo estaba allí, de pie, con los brazos levantados y una sonrisa de orgullo que parecía iluminar todo el estadio.

Iri comenzó a caminar hacia él, aunque sus pasos eran torpes por el cansancio y la emoción. Pero no importaba, porque sus compañeras notaron hacia dónde iba y empezaron a alentarla con risas y gritos.

—Va a buscar a su novio! —gritó una.

—Eso, Iri, andá a celebrar con tu chico! —se sumó otra.

El murmullo creció rápidamente entre el público, y antes de que se diera cuenta, todo el estadio coreaba:

—Beso, beso, beso!

Iri se llevó una mano al rostro, avergonzada pero incapaz de detenerse. Sabía que Pablo la esperaba, y lo único que quería en ese momento era estar en sus brazos.

Pablo, que estaba junto a Fermín, Pau y Lamine, bajó rápidamente hacia el borde de la cancha. Cuando finalmente se encontraron, todo lo demás desapareció.

Iri corrió los últimos pasos, lanzándose a sus brazos, y Pablo la sostuvo firmemente, como si supiera exactamente cuánto necesitaba ese abrazo. Ella escondió el rostro en su cuello, sollozando mientras él le acariciaba el cabello y la espalda.

—Estoy tan orgulloso de tí, capitana. —murmuró Pablo, conmovido al ver cuánto había dado en la cancha.

—No puedo… ni siquiera… —Iri intentó hablar, pero las palabras no salían.

—No tienes que decir nada. Ya lo hiciste todo.

El estadio seguía coreando, y aunque ambos intentaban ignorar el ruido, los gritos de “¡Beso, beso!” se hicieron imposibles de evitar.

Pablo se apartó un poco, mirando a Iri con una sonrisa traviesa.

—Qué dices? ¿Les damos lo que quieren?

Iri, con los ojos aún llenos de lágrimas pero sonriendo, asintió.

—Ya nos descubrieron igual, no?

Y entonces, en medio de los aplausos, las cámaras y los gritos, Pablo la besó. Fue un beso lleno de amor, emoción y alivio, que selló no solo su relación, sino también ese momento inolvidable en los Juegos Olímpicos.

Cuando finalmente se separaron, el estadio era un caos de ovaciones y flashes. Iri apoyó la frente contra la de Pablo, con una sonrisa que lo decía todo.

—Gracias por estar acá. —susurró ella.

—Siempre voy a estar para ti, guapa.

La noche había sido perfecta, y aunque todavía quedaban retos por enfrentar, en ese momento, nada más importaba. Juntos, podían con todo.

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⏰ Última actualización: Jan 27, 2025 ⏰

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Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora