Iri
La noche era demasiado tranquila para mi gusto. Estaba sentada en el sillón, con Pablo a un lado, su mirada fija en el televisor mientras un partido repetido del Chelsea jugaba de fondo. Él estaba demasiado serio, demasiado concentrado en “protegerme”.
Y yo estaba harta.
—Sabes qué? —dije, rompiendo el silencio con un tono desafiante.
Él me miró de reojo, levantando una ceja.
—Qué pasa?
—No voy a seguir escondida acá. Este no es mi estilo, y lo sabes.
Pablo suspiró, apagando el televisor con un gesto brusco. Se giró hacia mí, su ceño fruncido en esa forma que siempre usaba para darme “discursos serios”.
—Iri, no es esconderse. Es ser precavida. Ese tipo está loco, quieres que pase algo?
—No, pero tampoco voy a dejar que me controle. No pienso cambiar mi vida por Marcos, y menos quedarme atrapada acá como si fuera una prisionera —dije, cruzándome de brazos.
Pablo me miró por unos segundos, y luego, para mi sorpresa, una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Siempre tan cabezota —dijo, sacudiendo la cabeza.
—Y vos tan mandón —le respondí, levantando una ceja.
—Alguien tiene que cuidarte, no? —bromeó, pero su tono seguía cargado de esa preocupación que no sabía cómo quitarse de encima.
—No necesitas cuidarme, Pablo. Necesito a mi mejor amigo, no a mi guardaespaldas personal.
Eso lo detuvo. Lo vi tragar saliva, su expresión suavizándose mientras procesaba mis palabras.
—Tu mejor amigo, eh? —dijo finalmente, una chispa traviesa encendiéndose en sus ojos.
—Sí, el mejor amigo que solía hacerme chistes pesados y me robaba el helado. No este tipo serio y sobreprotector que se sienta a verme como si fuera de cristal.
Pablo soltó una risita, y algo en su postura cambió. De repente, se inclinó hacia mí, su sonrisa tomando ese aire burlón que tanto había extrañado.
—Entonces quieres al viejo Gavi? ¿El que solía tirarte agua helada cuando estabas distraída?
—Exacto —respondí con un tono desafiante—. Ese Gavi.
—Perfecto —dijo, y antes de que pudiera procesar sus palabras, tomó el almohadón más cercano y me lo tiró directamente a la cara.
—Pablo! —grité, riendo mientras le devolvía el golpe.
En cuestión de segundos, estábamos en medio de una guerra de almohadas improvisada, el departamento llenándose con nuestras risas y gritos. Fue como si el tiempo retrocediera, como si todo el peso de los últimos días se desvaneciera en el aire.
—Eso es trampa! —protesté cuando él me atrapó un brazo, deteniendo mi intento de darle otro golpe.
—No hay reglas en una guerra, D’Angelo —respondió con esa sonrisa torcida que siempre me sacaba de quicio.
Antes de que pudiera escapar, me atrapó en un abrazo, sus brazos rodeándome con fuerza mientras me inmovilizaba en el sofá.
—Déjame ir, estúpido! —grité entre risas, intentando liberarme.
—No hasta que admitas que siempre fui mejor en esto —dijo, su aliento cálido rozando mi oído.
—Ni en pedo—protesté, pero mi risa traicionó cualquier intento de parecer seria.
ESTÁS LEYENDO
Desde Siempre - Pablo Gavi
أدب الهواةSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
